Historia del estropajo – Origen, inventor y evolución

No debe extrañarte que el estropajo estuviera entre esas cosas humildes con mucha historia. En la actualidad es algo que casi no le damos importancia, pero no siempre ha sido de este modo. En la Antigüedad ha jugado un papel protagonista dentro del hogar. En CurioSfera.com te explicamos la historia del estropajo, también su origen, quién lo inventó y su evolución.

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Origen del estropajo y su evolución

Para conocer los orígenes del estropajo o esponja de cocina debemos remontarnos a más de 4.000 años en la historia. En esa época, con una especie de manopla hecha de una buena porción de esparto mojado se fregaban los suelos de piedra y mármol en los inmensos templos egipcios de Amón en Karnak, en el Alto Egipto.

Los inmensos corredores empedrados y salones de piedra y mármol de dichos templos eran adecentados a diario por cuadrillas de esclavos que realizaban la labor ayudados de un jabón obtenido con el hervido de diversos álcalis.

La limpieza de los lugares sagrados y estatuas divinas no podía descuidarse, su lavado era preceptivo y litúrgico, y para ello se utilizaba el estropajo empapado en un líquido jabonoso procedente de Babilonia y Sumeria. Así se limpiaban las paredes de palacios y edificios de respeto.

Los fenicios comercializaron en Oriente el esparto que traían del sur de España hace cuatro mil años. Se vendía en Grecia, en Creta, en Asia Menor, en Egipto y Asiria. Con el esparto traído de la Terra Spartaria, uno de los nombres del levante español en la Antigüedad, se tejían las esterillas que servían de yacija a la gente humilde y se manufacturaban estropajos.

Entre las cosas que se exportaban de Hispania, junto a las bailarinas gaditanas, el garon o salsa de pescado de la Bética y las espadas, figuró el esparto: con él ya se hacía un calzado rudimentario llamado alpargates o espardañes, es decir, de esparto. Los primeros en vender este producto fueron los romanos.

Entre los útiles de limpieza de la Antigüedad figuraba en los primeros siglos de la era cristiana el maniculum o mechón de esparto para fregar los cacharros de cocina, también para limpiar el cuerpo. Este uso continuó a lo largo de la Edad Media.

En documentos que datan del siglo XIV, y en Libro de las aves de caza, del canciller Pedro López de Ayala, se menciona al estropajo de esparto o de estopa.

En el siglo XVI el estropajo era de uso corriente en España, y se habla del estropajo como de un trozo de paño vil con que se limpian el suelo y las paredes. Así mismo,  existía un estropajo especial a modo de escobilla para limpiar los vasos de noche u orinales.

También la panocha del maíz, desgranada y seca, se utilizó antaño como estropajo; todavía en México y Oriente Medio se veían secaderos de panojas en los años 1950, de donde pasaban a los mercadillos para ser vendidas junto con las esponjas naturales como material de limpieza.

Quién inventó el estropajo

El inventor del estropajo moderno o estropajo metálico fue un vendedor californiano de baterías de cocina llamado Edwin W. Cox en el año 1917. Nada más natural, ya que Cox vendía a domicilio además de ollas y cazos, mercancía de moda, y todo tipo de objetos para la cocina.

Pero Cox tenía un problema: las mujeres norteamericanas de la época se mostraban reacias a hacerle pasar hasta el “santo lugar” del hogar: la cocina. Su mayor problema era abrirse paso hasta la cocina para poder hacer allí su demostración.

Lo consiguió con un truco: ofrecer un regalo a cambio del cual se le permitiera entrar en la cocina. Como vendedor de cacerolas sabía que las quejas habituales de las amas de casa giraban en torno a un hecho: como la comida se pegaba era difícil limpiar el fondo de los cacharros, ya que su limpieza necesitaba un estropajo poderoso que realizara la ingrata operación.

Fueron las quejas de las amas de casa las que le hicieron concebir la idea del estropajo metálico. Poco a poco fue madurando su idea: elaboró pequeños estropajos de viruta de acero que impregnaba en un concentrado jabonoso una y otra vez a fin de saturar de jabón su pequeño estropajo.

Armado con este producto ya no había casa que se le resistiera y las señoras le abrían sus cocinas de par en par, con lo que se facilitaba la venta de cacerolas de aluminio: el estropajo era el gancho, lo regalaba.

El éxito de Edwin W. Cox fue enorme: las señoras no querían oír hablar de cacerolas ni de baterías de cocina, se interesaban solo por los estropajos metálicos que Cox daba de regalo. La gente empezó a pedirlos con insistencia, y Cox, que más que nada era un vendedor, se dio cuenta del negocio.

Tanto creció la demanda del producto que se vio desbordado; dejó de vender cacerolas y se dedicó exclusivamente a fabricar estropajos metálicos. Tras buscar un nombre comercial con el que patentarlo, lo hizo.

Fue su propia mujer quien se lo sugirió, diciéndole que el estropajo en cuestión debía llamarse SOS. Cox pensó que se refería a la señal internacional de socorro, pero el SOS que la señora Cox tenía in mente era la abreviatura del sintagma inglés Save Our Saucepans: “Salvemos nuestras cacerolas”

Corría el año 1917 y Edwin W. Cox conseguía llevar al éxito un objeto humilde de la vida cotidiana, inscribiendo su nombre, de manera definitiva, en la Historia.

Origen de la palabra estropajo

La palabra estropajo es de origen incierto, acaso alteración de un derivado despectivo de “estopa”: estropajo. Aunque la materia prima tradicional del estropajo es el esparto, el vocablo pudo haber tenido que ver con “estopa”.

Ya que el estropajo era una tela hecha de estopa, especie de trapo que pudo haberse empleado para fregar suelos, voz procedente del latín stuppa, de donde resultaría el mozárabe “ustubba” a finales del siglo X.

En catalán se llama estrop a un trozo de cuerda unido por ambos cabos a manera de anilla que sirve para enganchar un aparejo, y procede del latín stroppum: acaso la voz estropajo sea término resultante de añadir a la voz latina citada el sufijo despectivo -uculus, que en castellano es -ajo.

También es probable que se trate del griego strovos= porción de esparto machacado, que dio origen a la palabra castellana estopa de donde se dijo estopajo o estropajo. Tuvo asimismo, y tiene, connotación insultante dicho de una persona.

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