Historia del tenedor – Inventor, origen y evolución

La historia del tenedor es algo más reciente que la del cuchillo y la cuchara. Aunque al principio se comía con los dedos, llegó un momento que este objeto resultó imprescindible por higiene y educación. Pero, ¿sabes quién inventó el tenedor? En CurioSfera.com te explicamos cuál es su origen, cómo y cuándo se creó y cómo ha sido su evolución.

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Origen del tenedor

Los orígenes del tenedor son más recientes que los del cuchillo o la cuchara. El cuchillo es uno de los primeros utensilios utilizados, luego surgió la cuchara, que es invento también antiquísimo, acaso conocido por el hombre del Neolítico, momento en que se inventó la sopa.

Lo más reciente es el tenedor, ya que el tridente, atributo del dios marino Neptuno o de los gladiadores, aunque tenía esa forma era otra cosa muy diferente.

Es cierto que el mundo antiguo conoció un artilugio parecido al tenedor: la fuscinula, diminutivo de fuscina, pequeño objeto bidente (dos púas), uno de cuyos ejemplares fue hallado en la Vía Apia romana, pero no lo usaron como tenedor.

En Roma, patricios y plebeyos comían con los dedos, aunque había alguna diferencia: el plebeyo comía con los cinco dedos, y el patricio utilizaba solo tres, teniendo las personas de buena crianza prohibido mancharse el dedo meñique y el dedo anular: se recomendaba comer con los dedos corazón.

En el libro Las Siete Partidas, Alfonso X el Sabio señala como cosa de mala educación coger las viandas con los cinco dedos, y dice que la buena crianza aconseja hacerlo solo con dos o tres de la mano diestra, y todavía en el siglo XVI Erasmo de Rotterdam aconseja “que se tome la comida con tres dedos y no con los cinco como hace la gente rústica”.

La invención del tenedor

El tenedor no se creó hasta entrada la Edad Media, acaso procedente de Bizancio. Como su empleo desató polémica tuvo que intervenir la Iglesia: se hablaba de él como instrumentum diabolio cosa del demonio. Se aseguraba que solo los dedos debían utilizarse para llevar a la boca la comida que Dios nos envía.

Pero a pesar de las polémicas el artilugio proliferó, acaso favorecido por el uso que de este artilugio hicieron las ricas familias italianas que exhibían sus tenedores de oro y plata como novedad exquisita, tenedores de dos púas.

Fue uno de estos tenedores el que se introdujo en Inglaterra llevado por el arzobispo de Canterbury, Tomás Becket a finales del siglo XII. La nobleza lo recibió con entusiasmo, pero no como pieza de uso en la mesa, sino como arma que llegaron a utilizar en sus duelos.

El tenedor fue cosa de esnobistas y gente elitista, como muestran los documentos. En un inventario de Eduardo I de Inglaterra (1307) se enumeran siete tenedores junto a miles de cuchillos y cientos de cucharas.

En el inventario de Clementina de Hungría (1328) constan treinta cucharas y un tenedor de oro. En el ajuar de Carlota de Saboya (1483) se nombra un tenedor guarnecido de plata y dos cucharas para comer grageas o confites de colores.

El exiguo número de tenedores en relación con el resto de las piezas de la cubertería, hace pensar que se trataba de objetos para el capricho, para llamar la atención. El favorito de Eduardo II de Inglaterra, Peter Galveston, tenía tres tenedores para comer peras, y el duque de Borgoña llevaba las fresas a la boca con un tenedor de oro y mango de plata.

La duquesa de Orleans lo empleaba para coger las sopas de pan que mojaba en vino en pleno siglo XV, y los duques de Borgoña pinchaban las moras con un tenedorcito dorado.

Historia del tenedor en la Edad Moderna

Del verbo “tener” deriva el término tenedor. Se le denominaba “horquilla, bidente, tridente y cuadrigilo” según el número de púas. Su primer uso público parece que tuvo lugar en el restaurante parisino La Tour d’Argent en 1582.

Su cometido era evitar que los caballeros se mancharan la gorguera, ya que el tamaño de estos adornos de encaje fruncido que se llevaba en el cuello impedía llevarse la comida a la boca con los dedos sin mancharla; pero se veía como cosa afeminada.

En el siglo XVI comenzó a desplegarse sobre la mesa el cubierto completo: cuchara, cuchillo y tenedor, aunque todavía en 1609 la princesa de Condé comía con los dedos enguantados, y a finales del siglo XVII la casa que se estimaba contaba en la mesa con la ayuda de este utensilio.

Como no era fácil su manejo se creó, sobre todo en el siglo XVIII, la figura del instructor o preceptor del tenedor que daba clases a domicilio para su correcto uso: fue entonces cuando se estableció que en el orden de los cubiertos en la mesa el tenedor iría a la izquierda.

Tras la Revolución Francesa comer con los dedos era ya una grosería, aunque la Revolución lo convirtió en símbolo de la nobleza e identificó a la cuchara con el pueblo.

Historia del tenedor en España

En España empezó a usarse en la Corte aragonesa. De la esposa de Alfonso V de Aragón, doña María de Aragón, decía su médico de cabecera en el Libre de consells que “tallar sens broca non consentía”. Broca era el nombre que se daba al trinchante o tenedor de dos dientes.

El marqués de Villena dibujó la más antigua muestra gráfica que existe del tenedor en su Arte Cisoria (1432) donde dice:

“Se hacen de plata o de oro, de diversas hechuras: de dos puntas en una parte y el cabo agudo y sirven para poner alguna vianda en el plato y comerlas sin manchar los dedos, así como para comer moras, confites y tener firme lo que se ha de cortar”.

En Castilla, el duque de Béjar poseía un tenedor de plata engastado en coral. Cuando la hermana de Juan I de Castilla se casó con el conde de Foix llevaba en su ajuar “una broca d’argent per torrar pa”.

Pero el tenedor seguía siendo objeto de curiosidad, y aunque en España Felipe III y su valido, el duque de Lerma, fueron sus valedores Ana de Austria no se acostumbró a él, y aunque presumía de lindas manos comía con los dedos.

Curiosidades de la historia del tenedor

Entre las curiosidades y supersticiones que rodean al tenedor, he aquí unas cuantas:

  • No es bueno pinchar el pan con el tenedor.
  • A Federico II de Prusia le horrorizaba ver cuchillo y tenedor cruzados sobre el mantel.
  • Todavía en el siglo XX era costumbre entre gente de alguna importancia social declararse en la mesa, a cuyo fin el caballero ofrecía a la mujer dos aceitunas con un tenedor: si lo llevaba a la boca y tomaba una devolviendo la otra, había sido aceptado; si la dama comía las dos aceitunas se interpretaba como que no estaba decidida, y si apartaba el tenedor del caballero y pinchaba las aceitunas con el suyo: era expresión de rechazo.

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