Historia de las elecciones y las votaciones 🗳️

En la actualidad lo vemos como algo normal, pero la historia de las elecciones y de las votaciones nos dice todo lo contrario. No hay democracias si procesos electorales, ya sean generales, regionales, municipales o locales. En CurioSfera.com te explicamos el origen de las elecciones, cómo ha sido su evolución y mucha más información.

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Origen de las elecciones

Lo primero que necesitamos saber es cuándo se produjeron las primeras elecciones de la historia. Pues bien, debes saber que en la Antigüedad la forma no traumática de transmisión del poder era por herencia, por elección o por aclamación, en cuyo caso el elegido era alzado sobre el pavés o escudo, y recibía así el caudillaje.

Quién inventó las elecciones

Las elecciones encaminadas a dotar de cargos a la Administración era práctica habitual en el mundo clásico. En algunos casos era más avanzada que hoy, ya que para presentar candidatura se exigía al aspirante demostrar previamente su aptitud.

Se puede afirmar que antes del siglo V a. C. no existió la política: relación entre los poderes y sus súbditos. El gran avance fue protagonizado por Grecia al reconocer que ante todo deben estar los intereses públicos, y se ocupó de ordenar y estudiar la naturaleza de los derechos de la gente.

Por tanto podemos afirmar que, a la pregunta ¿quién inventó las elecciones?, la respuesta es que las elecciones fueron creadas por los Antiguos Griegos. Puedes ver la historia de Grecia.

Los griegos fueron los primeros en rescatar el cuerpo político social de manos de los charlatanes para depositarlo en manos de la gente más honrada de la época: los médicos.

Es natural que votar se impusiera como medio necesario, y para ello hubo distintas formas: lo habitual fue votar a mano alzada en reuniones públicas, procediéndose a contar el número de personas que se mostraban favorables o desfavorables a una candidatura, procedimiento que se llevaba a cabo en las circunscripciones urbanas y rurales donde hubiera hombres libres.

También se utilizaban para votar piedras blancas y negras: las blancas apoyaban la candidatura y las negras la rechazaban.

La primera ley electoral se redactó en el 139 a. C., en Roma, e introdujo el concepto de papeleta electoral. Pero claro, la papeleta no era de papel sino de madera fina pulida sobre la que el elector escribía el nombre del candidato de su elección. Ya entonces se dijo: “El voto es más fuerte que la espada, y aporta soluciones más largas”.

La terminología relacionada con el sistema electoral conserva su carácter latino. El término candidato procede de candidus= blanco, en alusión a la toga que vestía el que se presentaba a las elecciones o aspiraba a un cargo público, forma plástica de mostrar la pureza de intenciones, la buena disposición.

El término aparece en castellano con su actual significado en el XVI. Las palabras “voto” y “votar” son más antiguas: emplea el término Gonzalo de Berceo a principios del siglo XIII, y procede del latín votum= promesa.

Evolución del sistema electoral

El sistema electoral evolucionó durante el periodo del Imperio Romano. Como en todo, la caída del mismo supuso un retroceso. El feudalismo medieval acabó con el sistema que se había apuntado ya en el mundo grecolatino, aunque a diferencia de hoy, las monarquías fueron electivas durante siglos, de acuerdo con el sistema visigodo.

cuándo fueron las primeras elecciones

También fueron elegidos por los fieles durante los primeros mil años de la Iglesia los altos cargos y dignidades: papas y obispos; después fueron los cardenales quienes eligieron al Papa directamente.

La elección papal por el colegio cardenalicio empezó a hacerse mediante elecciones con voto secreto a partir de 1562.

Las elecciones de carácter político se conservaron, hasta cierto punto en las ciudades estado italianas, a cuyo sistema democrático se debe la prosperidad de que gozaron a lo largo de la Edad Media, mientras en gran parte de Europa imperaba el sistema feudal.

El receptor de la confianza pública se obligaba a cumplir lo prometido de manera formal, y si no lo cumplía se le exigían responsabilidades, e incluso podía terminar en la cárcel.

En el Renacimiento se empezó a hablar de la “ponderación” del voto, del voto ponderado. Se aludía a la costumbre clásica de valorar más el voto de unos que de otros: haber sido votado por “fulano”, reputado de hombre sabio y ecuánime, era más importante que haber recibido el voto de otros. El voto era conocido de antemano.

El sistema electoral inglés permitía a un hombre votar según sus cargos, hacienda y saber tres veces en unas mismas elecciones. En alusión a todo esto el poeta alemán Friedrich von Schiller recoge una frase antigua según la cual los votos deben pesarse, no contarse.

El origen de los mítines

Hubo mítines también en las elecciones antiguas. En la Grecia del siglo VI a. C. se contrataba a actores para que sirvieran de portavoces de las ideas políticas del candidato y para que con su experiencia teatral dieran un mitin a favor del candidato.

quién inventó el miting políticoEl mitin, voz procedente del gerundio inglés meeting= reunión, encuentro, es una vieja práctica. El discurso político es tan antiguo como el sermón religioso o la arenga militar.

Los antiguos manuales de retórica aconsejaban hablar a la multitud como si se estuviera hablando a los amigos, y se disponía el discurso en forma de diálogo. Se hablaba de sentimientos más que de ideas, mientras con habilidad se sugerían mejoras y promesas sin programa político.

De hecho, se desaconsejaba al candidato explicar cómo y cuándo iba a hacer lo que prometía. Para ganarse la voluntad y captar la simpatía los candidatos contaban chistes a sus posibles votantes y acto seguido lloraban al recordar alguna desgracia patria: el fin era impresionar.

El orador se subía a un podio, ahuecaba la voz con las palmas de la mano y pedía atención. A su alrededor partidarios y enemigos del candidato disputaban e incluso se peleaban, de ahí la frase “montarse el poyo”, que no es otra cosa que subirse el orador al podio para comenzar a hablar.

En cuanto a la credibilidad, todos sabían que los candidatos estaban dispuestos a prometer lo que fuere con tal de conseguir el cargo.

Y en cuanto a los electores, la compra del voto se remonta a la Antigüedad; normalmente el censo electoral era alterado. Cuando en 1928 el político liberiano Charles King fue reelegido presidente de Liberia, lo fue por cerca de un cuarto de millón de votos, cuando el censo no contenía más de ciento sesenta mil.

El sistema electoral en la democracia

Se habla de la democracia más antigua de Occidente, referido al Reino Unido, sin embargo el Parlamento inglés fue cosa del francés Simon de Montfort, que en 1265 organizó un levantamiento contra Enrique III y se convirtió en jefe del reino tras ganarse el apoyo popular convocando a los representantes de los distritos, iniciativa que sigue vigente.

Y en cuanto a derechos, cualquier fuero medieval otorgado por el rey a una ciudad o pueblo contemplaba casi tantos, si no más derechos que la llamada “carta magna”.

En cuanto a la democracia americana hay que decir que durante los primeros treinta y cinco años de la nación el presidente no era elegido por el pueblo. El voto popular no formó parte del sistema hasta la elección del sexto presidente, John Quincy Adams en 1824; antes de esa fecha era el colegio electoral quien elegía al presidente entre los candidatos que ellos mismos habían seleccionado.

No fueron elegidos por el pueblo ni George Washington, ni John Adams, ni Thomas Jefferson, ni James Madison ni James Monroe. Además, los negros no tuvieron ese derecho de votar en las elecciones hasta 1867; también las mujeres tardaron en conseguirlo.

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