Historia del ataúd

El origen del ataúd y de los ritos funerarios proviene del miedo ancestral a que el espíritu del difunto regresase al lugar donde transcurrió su vida . Por ese motivo, el hombre primitivo tenía especial cuidado en cómo se depositaba el cadáver en su tumba. Cualquier error en el desarrollo de las pompas fúnebres podría perturbar la paz de los vivos. En CurioSfera.com te vamos a explicar la historia del ataúd.

En el Museo de Arqueología de Copenhague puede verse un ataúd primitivo hecho con una sección del tronco de un árbol al que se le había practicado un hueco suficiente para contener el cuerpo de un muerto de la edad del bronce.

Uno de los tipos de enterramiento más antiguo de los que se tiene constancia, data de hace 6.000 años. En esa época, los sumerios preparaban y amortajaban a sus fallecidos introduciéndolos en una especie de gran cesto o canasto elaborado de junco trenzado.

En los enterramientos egipcios se hacía introduciendo al difunto en enormes ataúdes de piedra pulida cubierta de jeroglíficos que contaban la vida del ocupante, o en estuches fabricados en madera pintada con forma de ser humano.

Los caldeos, en la región llamada Mesopotamia entre los ríos Tigris y Éufrates, enterraban sus muertos dentro de unas urnas de barro cocido. Eran como una especie de enormes ataúdes con forma de jarras abiertas.

Tanto en la Antigua Grecia como en el Imperio Romano daban a sus ataúdes diversas formas: urnas, receptáculos hexagonales, triangulares e incluso rectangulares donde el muerto era sentado. El material utilizado era arcilla o greda quemada, a menudo moldeada de acuerdo con la envergadura del cadáver en forma antropomórfica (forma de humano).

Como en la antigua Roma se enterraba al atardecer, el regreso se hacía alumbrándose con antorchas: la palabra funeral deriva de este hecho, de funus = tea o antorcha. De aquí proviene el origen de la palabra funeral.

En el mundo judío de tiempos de Cristo se enterraba envolviendo el cuerpo en un sudario que era puesto en contacto con la tierra. Los huesos, pasado un tiempo, eran introducidos en cajas de barro cocido a modo de receptáculos, con el nombre del difunto.

En la Antigüedad, los pueblos del norte de Europa ataban el cuerpo del difunto tras amputarle los pies y decapitarlo para evitar que pudiera “despertar” y moverse. A ese temor obedece la costumbre de los pueblos bañados por el mar mediterráneo de enterrar lejos de poblado. Tanto es así que, curiosamente, en el trayecto daban varios rodeos y vueltas para despistar al espíritu de la persona muerta.

En muchas culturas se sacaba el cadáver por la parte trasera de la casa, e incluso se abría un boquete en la pared para sacar el cuerpo, orificio que era tapado tras el entierro. Así el difunto no podría volver a su hogar.

El ataúd de madera fue el más empleado a lo largo de la edad antigua europea, y se prolongó hasta la Edad Media, siendo la manera habitual de enterrar en Inglaterra y otros países de Occidente a quien no podía pagarse un sepulcro de piedra, de plomo o de hierro. Los más pobres se contentaban con ser envueltos en lienzo o cubiertos sus desnudos cuerpos de heno y flores.

Hasta el siglo XVII no se universalizó el uso de la palabra ataúd en Europa. En latín se llamó cophinusa una especie de cofre, caja o cesto, y de esta palabra procede el inglés coffin = ataúd. De aquí proviene el origen de la palabra ataúd.

En la era cristiana se puso de moda el ataúd de piedra. Quien podía encargaba su sepulcro en Assus, ciudad de Asia Menor cuya piedra caliza tenía la cualidad especial de dejar pelado el esqueleto, y de donde surgió el nombre de sarcófago = comedor de carne.

El contacto cristiano con culturas favorecedoras de la metempsicosis o trasmigración de las almas puso énfasis en impedir que el muerto pudiera salir de la caja, posibilidad por la que aconsejaban enterrar bajo metro y medio de tierra y tomar la precaución de clavar la tapa. A su vez se cegaba la entrada de la tumba, cubierta de una pesada lápida.

Aunque cristianismo y judaísmo veían con buenos ojos la visita a los cementerios, la mayoría de los pueblos antiguos no se acercaban a ellos por miedo a ser arrastrados al otro mundo. La sensibilidad moderna es muy distinta a la de antaño, momento en que lo más importante era facilitar al alma la partida.

En algunos de los primeros pueblos se bañaba el cadáver para que el alma se presentara limpia ante su Creador, y se rasgaba el vestido al muerto para que el espíritu no encontrara impedimentos al salir; a ese mismo fin se abrían las ventanas y se llegó incluso a quitar algunas tejas del techo para que el alma ascendiera al cielo.

En otros lugares se tenía la costumbre de sacar de casa al fallecido con los pies por delante mientras todos hablaban bien de él. Era obligación social asistir a su traslado al campo santo. Incluso se podía multar a los ciudadanos que no lo hicieran.

Se tiene constancia también que en algunos pequeños pueblos se asistía al funeral con una especie de sombrero de copa, que era heredado de padres a hijos con éste único uso. También era costumbre en las aldeas que detrás del monaguillo caminara una mujer enlutada portando un cirio encendido y sobre la cabeza un cesto con crespones o un par de panes.

Curiosa también la costumbre de que las primeras personas de la comitiva que caminaban detrás del féretro debían ser del mismo sexo del muerto. En otros, el cortejo se formaba en filas de tres, yendo en la fila de en medio solo los familiares: romper ese orden ponía en peligro la salvación del difunto.

También existía la costumbre de que la viuda presidía el duelo mientras gritaba: “Me dejas, me abandonas; te llevas el consuelo de mi corazón…”, y repetía el nombre del marido tres veces. Interesante también la tradición de que asistieran al entierro los animales cuando era un labrador el difunto. Aunque también era frecuente soltarlos por miedo a que el difunto quisiera llevarse lo que era suyo en la tierra.

Se solía dar limosna a los pobres que asistían al entierro, y quien podía ofrecía comida a los concurrentes como última buena obra del difunto, a quien por esa acción se le descontaban días de purgatorio.

En algunos lugares se conservó la costumbre del baile funeral a la vuelta del cementerio si el muerto era un niño, aunque resultara grotesco alternar estas prácticas con el de las plañideras o lloradoras a sueldo. Es decir, mujeres a las que se les pagaba por llorar al difunto durante toda la ceremonia.

Al principio del XVII sólo las clases adineradas o la hidalguía y nobleza podían enterrarse en ataúd. Se consideró pecado de vanidad el que un pobre se enterrara de esa manera: lo normal era meterlo en el hoyo envuelto en una sábana. Algo muy peculiar dentro de la historia del ataúd.

Todavía en el siglo XVIII había cofradías que llevaban al difunto en brazos de cuatro personas de su gremio, oficio o condición. Más tarde surgió el oficio de cargador de muertos, antes de que se impusiera el llevar al difunto en carroza de caballos.

En los pueblos pequeños se llevaba al difunto sobre unas andas, y en los pueblitos hurdanos los porteadores del muerto se relevaban. Era frecuente llevar al difunto sobre una escalera de madera precedida de un vocero que advertía a la gente para que saliera del camino.

También se tiene constancia de que en algunos lugares se llevaba al difunto a lomos de un mulo. En otros a horcajadas sobre un caballo o asno con la cabeza apoyada sobre un hombre que iba justo delante. Otros, en cambio, eran transportados en una especie de litera mortuoria.

En cuanto al origen de la palabra ataúd, es una palabra de origen árabe, de tabut + artículo al = caja o tumba. En cambio, los judíos españoles lo llamaban tabut. En el idioma catalán es un vocablo aún más antiguo que en castellano, ya que en un documento del año 1082 procedente del Cartulario de Sant Cugat (San Cucufato) se puede leer como un ciudadano deja en herencia a otro una taüt.

Esperamos que La historia del ataúd te haya sido de utilidad y saciado tu curiosidad. Si quieres más artículos similares, respuestas, o acceder a otras curiosidades históricas y datos interesantes, en CurioSfera.com te recomendamos que te pases la categoría de Historia. Pero si te resulta más ágil, puedes escribir lo que estés buscando en el buscador que tienes a continuación. Y recuerda, si te ha gustado, dale un me gusta, compártelo con tus amistades y familiares, o deja un comentario. 🙂

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