Historia de Portugal

Portugal es un país no muy grande pero que posee una historia milenaria y llena de sobresaltos. Es un territorio cuyas tradiciones, cultura y tradiciones tienen ya varios siglos de antigüedad. Tanto sus bellos paisajes y costas, como gastronomía y sus gentes dejan gratamente sorprendidos a todo aquel turista que lo visita. Una nación que ha tenido diversos períodos y etapas históricas que son dignos de ser estudiados. Por ello, en CurioSfera.com te explicamos la historia de Portugal y su origen.

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Índice de contenidos

Origen de Portugal

Para conocer bien la historia y origen de Portugal, antes tienes que conocer su situación geográfica y cómo es. Es un territorio con climas oceánico, continental y mediterráneo, Portugal se sitúa en el extremo más suroccidental de Europa entre España y el océano Atlántico.

De 561 km de longitud y de 112 a 218 de anchura, comprende los archipiélagos de Azores y Madeira. Su paisaje se escalona, de norte a sur, desde las verdes tierras del Duero hasta los agrestes acantilados del Algarve, sembrado de blancas playas y pequeños pueblos.

la historia portuguesa

Portugal comparte con España la península Ibérica y buena parte de su historia. La antigua Lusitania romana conoció después la dominación árabe y forjó su identidad nacional muy pronto, en el siglo XII, a pesar de los esfuerzos de su enemiga Castilla por incorporarla a sus dominios.

A partir del siglo XV se convirtió en una gran potencia colonial, pero era un país muy pequeño para un proyecto tan enorme. El imperio le costó sangre y lágrimas, pero también dio vida a la mejor literatura y a las más bellas artes.

Hoy día, después del paréntesis de la dictadura que terminó en 1974, Portugal vive en una completa democracia y libertad, dentro del marco de la Unión Europea, a la que ha ligado su destino para el bien común.

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Historia de Portugal – Pueblos primitivos hasta la reconquista

El tipo étnico portugués aparece definido desde finales del mesolítico. Los yacimientos de cobre y estaño provocaron contactos con pueblos de Asia Menor que establecieron en el litoral algunas factorías y aportaron a los indígenas sus técnicas mineras.

Al norte de río Tajo las poblaciones primitivas sufrieron, a partir del siglo VI a.C., la influencia de las invasiones célticas que introdujeron la metalurgia del hierro. Entre los pueblos indígenas “celtizados” del territorio destacaron los lusitanos, que habitaban las tierras entre el río Tajo y el río Duero.

las guerra de Portugal

Su espíritu de independencia los convirtió en enemigos de los romanos, que solo pudieron someterlos después de una larga guerra y del asesinato de su caudillo Viriato (139 a.C.). Posteriormente los lusitanos se levantaron varias veces, pero su pacificación definitiva concluyó con la expedición de César (61 a.C.).

Las primeras invasiones de los pueblos bárbaros (alanos, vándalos y suevos) se produjeron en la Península en 409. A los romanos sucedieron los suevos (411-585), los visigodos (585- 711) y los árabes. Los musulmanes dejaron numerosas aportaciones culturales.

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Historia medieval de Portugal

Con Alfonso III el Magno (866-911) empezó la repoblación del norte de Portugal, realizada por magnates gallegos que actuaron como delegados del monarca. Desde el siglo X las tierras situadas al sur del Limia constituían ya un condado o distrito administrativo del reino asturleonés, vinculado a familias de la nobleza gallega, que, sobre todo desde mediados de siglo, habían mostrado diversas tendencias secesionistas.

A mediados del siglo XI Alfonso VI cedió el gobierno del territorio portugués con el título de conde a Enrique de Borgoña por su matrimonio con su hija Teresa (1095). Enrique recibió el territorio en plena propiedad, con carácter hereditario, aunque quedaba sometido a la supremacía y vasallaje del rey castellanoleonés. Comenzaba la era de los Borgoña.

El hijo y sucesor de Enrique, Alfonso Henríquez. prosiguió la labor reconquistadora, ocupó Lisboa, Évora y Beja y derrotó a los musulmanes en Ourique (1139), tras lo cual comenzó a utilizar el título de rey.

En adelante el nuevo soberano no figuró, como García Ramírez de Navarra o Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, entre los vasallos del emperador Alfonso VII. La preocupación de los monarcas portugueses fue entonces la empresa de la Reconquista.

La toma de Elvas en el año 1220 permitió fijar definitivamente la frontera portuguesa con los musulmanes en Évora, y con Alfonso III (1248-79) era conquistado el Algarve, terminando la Reconquista portuguesa.

La situación atlántica y la orientación oceánica de Portugal, sin posibilidades de expansión interior y con una economía agraria insuficiente, provocaron el creciente desarrollo de la marina y el comercio portugueses, y con ello el florecimiento de una intensa vida municipal.

En el año 1254, por primera vez, el estado llano estuvo representado en las Cortes (Cortes de Leiria). La monarquía portuguesa actuó con el apoyo de las ciudades. Esta orientación política se mantuvo en los tres reinados posteriores: Dionisio el Liberal (1279-1325), Alfonso IV (1325-1357) y Pedro I (1357-1367).

Datan de este período la fundación de la Universidad de Lisboa (1290), la institución de la bolsa de mercaderes, la organización de seguros de comercio marítimo (ver historia de los seguros) en 1293 y las primeras expediciones marítimas.

La guerra de los Cien Años y el conflicto castellano entre Pedro el Cruel y Enrique de Trastámara obligaron a Portugal a participar en la lucha, actuando como aliada de Inglaterra y del duque de Lancáster, el cual después de los hechos de Montiel pretendía la sucesión de Pedro I de Castilla.

La participación portuguesa en el conflicto internacional consistió en una importante ayuda militar marítima que aceleró la construcción naval portuguesa y favoreció la aparición de una sólida escuadra de guerra.

A pesar del conflicto exterior, el rey portugués Fernando I no abandonó el gobierno del país y en 1375 dictó la ley Das Sesmarias, que beneficiaba a la agricultura y castigaba con la pérdida de sus tierras a aquellos que las poseían sin cultivar.

La muerte de Fernando I trajo consigo un conflicto dinástico de sucesión. El país quedó dividido entre la nobleza terrateniente, partidaria de Juan I de Castilla, y la burguesía urbana de Lisboa, partidaria de Juan de Avis, hermano bastardo de Fernando I, el cual contaba también con la adhesión de los sectores populares del país. La batalla de Aljubarrota (1385) significó el triunfo de la burguesía urbana y la entronización de la dinastía de Avis (Juan I, 1385-1433).

La era de expansión y los descubrimientos (siglos XV y XVI)

Juan de Avis gobernó con el apoyo de las Cortes y procuró crear una nueva nobleza adicta, y al mismo tiempo impulsó la política expansiva y marítima: inició la intervención en África llevado de la iniciativa de su hijo Enrique el Navegante, el cual inauguró la expansión portuguesa con la conquista de Ceuta (1415).

Don Enrique disponía de buenos medios económicos, y estableció en Sagres (cabo San Vicente) un centro de estudios náuticos, geográficos y cosmográficos con geógrafos mallorquines y navegantes italianos.

La labor de Sagres y la política portuguesa eran impulsadas por la curiosidad científica, por el interés político frente a Castilla y militar frente a los musulmanes y, sobre todo, por el deseo económico-mercantil de la burguesía portuguesa de romper el monopolio musulmán y veneciano sobre el comercio oriental y, frente a la crisis monetaria del siglo XV, por el afán de buscar el oro procedente del Sudán y a la vez procurarse esclavos y especias.

La toma de Ceuta significó la posesión de una buena plaza para combatir a la piratería musulmana y al mismo tiempo una entrada al Mediterráneo y al Africa del Norte, a la vez que un punto importante para canalizar el tráfico comercial portugués en Marruecos y una base para anular la expansión castellana en este país y el Atlántico.

Con la toma de Ceuta se inició la era de los descubrimientos portugueses por la ruta del Atlántico y del África occidental: los reinados de Juan de Avis y don Duarte presidieron los comienzos de la expansión.

Alfonso V (1438-81) subió al trono siendo aún niño, y un tío suyo, el infante Pedro, adversario de la política marroquí y mal visto por la nobleza, consiguió hacerse con la regencia del reino durante la minoría del monarca. Terminada ésta, el partido de la nobleza predominó de nuevo y Pedro fue asesinado en Alfarrobeira (1449).

Este episodio señala el inicio de un período caracterizado por la sumisión de la política nacional a las necesidades económicas de la nobleza y por frecuentes expediciones militares al N. de Africa, en las que se conquistaron algunas ciudades costeras (Alcazarquivir, Tánger, Arcila, Larache).

Juan II (1481-95) imprimió un giro brusco a la política del país, haciendo ejecutar o detener a algunos de los más poderosos caballeros portugueses. Se interrumpieron las expediciones militares al norte de África y se procuró buscar una vía marítima que uniera Europa a la India para el comercio de las especias orientales. Convencido Juan II de que esa ruta existía al sur del continente africano, procuró asegurar los derechos de los portugueses en esa dirección.

Las rivalidades de Castilla y Portugal por la posesión de las islas Canarias y el monopolio comercial en las costas de Guinea obligaron a los soberanos de Portugal y Castilla a establecer un tratado que zanjara estas rivalidades.

Con el tratado de Alcaçobas (1479) Portugal obtuvo el derecho sobre la costa africana, incluidos el reino de Fez y las tierras de Guinea, Azores. Madera y las islas de Cabo Verde. El descubrimiento colombino obligó a nuevos entendimientos. Mediante diversas bulas pontificias (1493) se acordó trazar una línea de polo a polo a cien leguas al occidente de las islas Azores y Cabo Verde y reconocer a Castilla todos los descubrimientos que se hicieran al oeste y mediodía de esta línea.

Con el tratado de Tordesillas (1494) se estableció la línea de demarcación más al oeste, a 370 leguas al occidente de las islas de Cabo Verde, habiendo contribuido a esta modificación la habilidad diplomática de Juan II de Portugal.

Portugal y su imperio colonial

La expansión ultramarina portuguesa continuó durante el reinado de Manuel I (1495-1521): en 1498 Vasco da Gama llego a Calicut (India), después de haber doblado el cabo de Buena Esperanza. Comenzó entonces un período de intensa actividad marítima, comercial y militar que se prolongó hasta fines del siglo XVI.

En 1510 Alfonso de Albuquerque conquistó Goa, que los portugueses transformaron en una gran ciudad del comercio marítimo entre las áreas del Pacífico y del Indico. La posesión de Ormuz desde 1515 aseguró el control de la navegación y el comercio en el golfo Pérsico.

En el espacio de un siglo el dominio portugués abarcaba las bases del N. de África, los archipiélagos atlánticos de Azores, Madera, Cabo Verde y Sao Tomé, factorías de Guinea y costa occidental de África y ciudades africanas del Indico, isla Socotora, Máscate, Ceilán, norte de Sumatra, archipiélago de las Molucas.

Sus navios alcanzaban los mares de China (estableciéndose en Macao) y los del Japón. Entretanto, una escuadra mandada por Pedro Álvares Cabral, que se dirigía en el año 1500 hacia la India, abordó las tierras del Brasil.

La colonización y el comercio con la India fueron desde muy pronto organizados en forma de monopolios del Estado, por lo que la corona pasó a disponer así de grandes recursos.

A mediados del siglo XVI comenzó la colonización del Brasil. Se introdujo la caña de azúcar, base de la economía brasileña durante más de un siglo, y se importaron esclavos negros para su cultivo.

De este modo se organizó el circuito comercial que vitalizó el imperio portugués: la metrópoli recibía del Extremo Oriente especias y del Brasil caña de azúcar, productos que exportaba a los mercados europeos.

Angola y Guinea le facilitaban esclavos, que introducía en Brasil o los reservaba para la venta, de la que sacaba el dinero necesario para el comercio de las especias con Extremo Oriente. Este comercio pronto decayó, a causa de la política de altos precios implantada por Portugal, que necesitaba un control absoluto del tráfico del mar Negro y golfo Pérsico para resultar eficaz.

Desde 1530 sus esfuerzos para conseguirlo fracasaron ante el crecimiento de la potencia del Islam. La creación de un imperio colonial, explotado por la corona en régimen de monopolio, favoreció en la metrópoli el auge de las clases más directamente ligadas al monarca (grandes comerciantes, nobles empleados en la administración y el ejército).

La Inquisición fue introducida en Portugal en el reinado de Juan III, entre los años 1531 y 1547, y funcionó como instrumento de la política centralizadora, dirigida en parte contra los judíos, cuyo poder financiero ponía obstáculos a la interferencia del Estado en las actividades económicas.

Encargada de la censura ideológica, la Inquisición constituyó una barrera para la difusión de las ideas nuevas y el movimiento científico se interrumpió. El monopolio oriental se pudo mantener durante el siglo xvi, que fue una época de expansión económica.

No obstante, este barniz de riqueza escondía una realidad más pobre: disminución de la importancia de la pequeña y media burguesía mercantil, aumento del número de profesiones improductivas, decadencia del campo a consecuencia de la sangría emigratoria que originó escasez de mano de obra.

La unión de Portugal a España

La muerte del rey don Sebastián en Alcazarquivir (1578), en una expedición que formaba parte de un plan de conquista de Marruecos, dio la corona a su tío, el anciano cardenal don Enrique, último descendiente masculino directo de la dinastía de Avís, y planteó la cuestión sucesoria.

La dinastía de Avis había establecido lazos dinásticos con los sucesores de los Reyes Católicos con la esperanza de unir las coronas portuguesa y española. A la muerte del cardenal don Enrique (1580), Felipe II (descendiente directo de Manuel I por línea femenina) hizo valer sus derechos a la corona y con el apoyo de la nobleza y del ejército del duque de Alba frustró las pretensiones de Antonio, prior de Crato (1580).

La unión de ambas coronas beneficiaba a la alta burguesía portuguesa, que pudo disponer de un ejército y un mercado importantes y participar de la plata americana. No obstante, la discriminación cada vez mayor para con los portugueses en las colonias españolas y la competencia de otras naciones mercantiles, sobre todo Holanda, que debilitó el monopolio de las Molucas, se apoderó de Ormuz (1622) y comenzó la penetración en Brasil (desde 1624), sin que la corona española pudiera impedirlo, hicieron que las minorías dirigentes portuguesas dejaran de considerar ventajosa la unión con España.

Las imposiciones de Olivares acabaron de decidirlas. En 1637 la sublevación de Évora fue un primer aviso. En 1640, aprovechando la revuelta de Cataluña y la guerra con Francia, la nobleza portuguesa expulsó del país a la regente Margarita de Saboya y proclamó rey al duque de Braganza (Juan IV).

Independencia de Portugal y colonización de Brasil

Aunque durante veinticinco años (1641-1665) tuvo que luchar con España, gracias a la alianza con Inglaterra y Francia, a la debilidad española y a la unidad del país, Portugal consiguió mantener su independencia, reconocida por España en el tratado de Lisboa (1668).

La derrota española tuvo como consecuencia la sustitución de la influencia castellana por la inglesa, en cuya órbita política y económica penetró Portugal. Después de un intento de industrialización según los principios mercantilistas (1670-90), se convirtió en cliente de la industria textil inglesa, pagando sus importaciones con vinos (oporto, madera).

El tratado de Methuen (1703), que consagró esta situación, condenó a Portugal al monocultivo vinícola e impidió la recuperación de su economía. En el orden colonial el hecho más destacado fue la recuperación y colonización de Brasil, simultáneamente a la desaparición del imperio colonial oriental, lo que originó un desplazamiento del eje de las relaciones comerciales al Atlántico Desde 1621 fue perdiendo las colonias orientales y solamente conservó Goa, Daman, Diu y Macao.

Las relaciones comerciales con Brasil, interrumpidas por la ocupación holandesa de Pernambuco y la guerra luso-holandesa, se desarrollaron desde mediados de siglo. Después de una etapa de crisis provocada por la competencia del azúcar antillano, el descubrimiento de oro (1696) y diamantes (1720) fue un estímulo para su colonización y permitió equilibrar la balanza comercial. La producción de oro alcanzó su máximo a mediados del siglo XVIII.

Gracias a este oro, a los diamantes, al azúcar y al tabaco, Brasil pudo comprar a Río de la Plata cueros y plata, muy solicitados en el mercado de Lisboa, e intensificar la importación de esclavos. La corona recibía una quinta parte de toda la producción, pero esta riqueza, como ya era tradicional, redundó casi exclusivamente en beneficio de los grupos vinculados a la corte. Durante el reinado de Juan V (1706-50) la mayor parte del oro brasileño sirvió para pagar las importaciones de trigo, manufacturas y artículos de lujo.

Sin embargo, el intercambio comercial entre la colonia y la metrópoli favoreció la formación de una burguesía en la que fue prendiendo el espíritu ilustrado. Este espíritu tuvo ocasión de manifestarse durante el gobierno del marqués de Pombal, ministro de José I (1750-77).

Pombal acometió un enérgico programa de reformas: prohibió a la Inquisición celebrar autos de fe sin permiso del gobierno (1751); expulsó a los jesuítas bajo la acusación de complot (1759); introdujo en la enseñanza los métodos modernos; terminó con el monopolio de los cargos públicos por la aristocracia, y estimuló la intervención estatal en el desarrollo económico.

En este sentido cabe destacar la creación de manufacturas y la fundación de compañías comerciales. La muerte de José I terminó con el programa reformista. Pombal fue apartado del gobierno y se permitió el regreso a los jesuitas, aunque no se pudo impedir la difusión de las ideas revolucionarias, introducidas por los comerciantes extranjeros.

La alarma que ello produjo en la corte fue la causa de una efímera alianza con España, rota cuando ésta se adhirió a Francia. En adelante Portugal, por su amistad con Gran Bretaña, tuvo que enfrentarse a los ejércitos españoles y franceses.

En 1801 cedió Olivenza a las tropas de Godoy En 1807 las tropas napoleónicas, bajo el mando de Junot, entraron en Lisboa, mientras la familia real buscaba refugio en Brasil. Si la ocupación fue bien acogida por la minoría ilustrada, el ejemplo español del 2 de mayo cundió en Portugal en forma de levantamiento general (mayo-jumo 1808).

Un ejército luso-británico dirigido por Wellesley obligó a Junot a capitular en Cintra y consiguió, parapetado en las fortificaciones de Torres Vedras, rechazar los ejércitos de Soult y Masséna (1810-11) y eliminar la ocupación francesa. Entretanto. Gran Bretaña había aprovechado la ayuda prestada a Portugal para imponer en 1810 un ventajoso tratado de comercio.

Historia portuguesa siglo XIX

Después de la expulsión de los franceses, los monarcas continuaron residiendo en Brasil (Juan VI, 1816-1826), dejando como regente al general Beresford, quien no pudo impedir la difusión de las ideas liberales.

En efecto, las libertades comerciales inherentes al establecimiento de los monarcas en Brasil, que acabaron con el monopolio portugués, la influencia ideológica de la Revolución francesa, la reacción contra la ocupación extranjera y el subsiguiente intervencionismo británico crearon las condiciones favorables para la revolución liberal.

Esta comenzó en 1820 en Oporto, puerto abierto a las influencias europeas, con la formación de una Junta Revolucionaria que expulsó a los británicos, exigió el regreso del rey y convocó elecciones para la Asamblea Constituyente, El rey regresó a Portugal y aceptó la Constitución de 1822, que sustituía la monarquía absoluta por un gobierno constitucional.

En Brasil quedó como regente el príncipe Pedro, a quien se ordenó regresar a Portugal, lo que originó un conflicto que terminó con la separación definitiva proclamada por el mismo Pedro I de Brasil y IV de Portugal (7 septiembre 1822),

El sistema aprobado en 1822 duró poco. En 1823 el infante don Miguel, hijo de Juan VI, se puso al frente de un gobierno militar y obligó al rey a disolver el Congreso y suspender la Constitución.

Con la muerte de Juan VI (1826) se originó un conflicto de sucesión entre el infante Miguel, apoyado por los absolutistas, y Pedro I de Brasil, apoyado por los liberales, quien abdicó la corona de Portugal en su hija María, a la vez que envió a Portugal un nuevo texto constitucional (1826) que pretendía conciliar los principios de la soberanía popular con la autoridad real.

Miguel fue proclamado rey por los absolutistas (1828), pero Pedro, forzado a abdicar la corona imperial brasileña en su hijo Pedro II (1831), embarcó hacia Portugal, donde derrotó a Miguel (1834) y restauró a su hija María II (1826- 53).

Durante su reinado se aprobaron leyes que completaron la revolución burguesa iniciada en 1820: supresión del diezmo, disolución de las órdenes religiosas, confiscación de los bienes del clero y de la nobleza rebelde.

A partir de entonces la lucha por el poder se estableció entre los partidarios de la Constitución de 1822, que agrupaba el ala izquierda del liberalismo, y los elementos moderados, liberales también, pero antirrevolucionarios, partidarios de la Carta Constitucional de 1826. El equilibrio entre ambos bandos no se estableció hasta 1851, con el triunfo del movimiento militar conocido por Regeneración, en el que destacó el mariscal Saldanha.

A fines del siglo XIX las relaciones de la corona con las altas finanzas, una administración desastrosa y la aceptación del ultimátum británico de 1890, relativo a la retirada de las tropas portuguesas del territorio comprendido entre Angola y Mozambique, desprestigiaron la monarquía y facilitaron el desarrollo de una corriente republicana.

En 1891 fue reprimido un intento de establecer la república. En 1908 fueron asesinados el monarca (Carlos I) y el príncipe heredero. En 1910, aprovechando un golpe militar que expulsó del trono a Manuel II, los republicanos se hicieron con el poder.

Primera República portuguesa y dictadura de Oliveira Salazar

Proclamada la República, se procedió a elegir una Asamblea Constituyente, que redactó la Constitución de 1911. En ella se estableció la separación entre Iglesia y Estado, el derecho de huelga y la enseñanza laica y obligatoria.

Durante la I Guerra Mundial la joven República intervino junto a los aliados. Siguió una etapa de crisis y en 1926 triunfó un golpe militar que llevó a la presidencia de la República al general Carmona (1928), quien en 1932 nombró primer ministro a A. de Oliveira Salazar, ministro de Hacienda desde 1928.

En 1933 Salazar hizo aprobar por plebiscito una Constitución que estableció un régimen de tipo corporativo y autoritario. En el exterior. Salazar apoyó a Franco desde el comienzo de la guerra civil española y durante la II Guerra Mundial mantuvo la neutralidad, si bien permitió a Gran Bretaña y EE.UU. instalar bases militares en las Azores.

La oposición al salazarismo aumentó en la posguerra y entre 1946 y 1947 fueron sofocadas tres revueltas militares. Carmona, reelegido en 1942 y 1949, murió en 1951 y fue reemplazado por Craveiro Lopes, a quien sucedió en 1958 Américo Tomás.

En el plano internacional, Portugal se alineaba en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y prestaba su colaboración a EE.UU. (cesión de bases en las Azores en 1963).

En 1961 la India ocupó las posesiones portuguesas de Goa, Daman y Diu, y comenzó la rebelión nacionalista en Angola, que pronto se extendería a Mozambique y Guinea. El progresivo incremento de esta lucha en las colonias socavó los cimientos del régimen por el elevado coste económico que supuso y porque debilitó la moral del ejército ante un conflicto sin solución militar viable, al mismo tiempo que la oposición interior aumentaba, pese a la dura represión.

Tras sufrir un ataque de trombosis cerebral, Salazar fue sustituido por Marcelo Caetano (septiembre 1968), quien tendió a dar al régimen una fachada más liberal sin variar sus estructuras. Tras la reelección de A. Tomás (1972), que representó un triunfo para los sectores más derechistas del régimen, creció la oposición interior y el deterioro de la situación colonial y también el desprestigio internacional de Portugal.

En septiembre de 1973 los rebeldes proclamaron unilateralmente la independencia de Guinea-Bissau, que obtuvo el apoyo inmediato de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Fin de la dictadura y descolonización

Las elecciones legislativas de octubre de 1973, con una participación testimonial de la oposición más moderada, no resolvieron nada. La publicación del libro Portugal e o futuro, del general Antonio de Spínola (febrero 1974), confirmó la existencia de un ala liberal del ejército opuesta a la continuación de las guerras coloniales.

El rechazo por el gobierno de las sugerencias de Spínola para acabar con las guerras coloniales provocó un levantamiento militar, que la dictadura pudo aún dominar (marzo 1974), pero el 25 de abril un nuevo golpe militar, organizado por jóvenes oficiales del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), puso fin al régimen de Caetano y Tomás, que fueron deportados.

Tomó el poder una Junta Militar de Salvación, presidida por el general Spínola, designado presidente de la República, que devolvió al pueblo las libertades democráticas y en mayo de 1974 dio paso a un gobierno de civiles, presidido por Palma Carlos.

Este gobierno inició negociaciones con los diversos movimientos nacionalistas de las colonias, abriendo un proceso de descolonización que quedó prácticamente acabado en diciembre de 1975. Las primeras disensiones en la Junta provocaron la dimisión de Palma Carlos (julio 1974), sustituido por el coronel Vasco Gonçalves, que inició un proceso de socialización controlado por el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA).

El fracaso de un supuesto complot de la derecha (28 septiembre 1974) acarreó la dimisión de Spínola, a quien reemplazó el general Francisco Costa Gomes como presidente de la República, y reforzó a la izquierda.

En medio de gran agitación callejera, y tras el fracaso de Spínola en su intento de recuperar el poder (11 marzo 1975), los militares más izquierdistas crearon el Consejo de la Revolución que asumió el poder supremo de acuerdo con los principales partidos políticos (partido socialista, PSP; partido comunista, PCP; partido popular democrático, PPD; Centro Democrático Social, CDS), y adoptó una política radical de nacionalizaciones (banca, seguros) y de expropiación de lincas rústicas, con la intención de promover un régimen socialista.

En las elecciones generales para la Asamblea Constituyente (25 abril), sin embargo, triunfaron los partidos moderados, el PSP y el PPD. Vasco Gonçalves, con el apoyo del PCP, se enfrentó al PS por la clausura del periódico República, y a la Iglesia católica (conflicto en la emisora del episcopado Radio Renascença).

La retirada del gobierno del PSP y el PDP abrió una grave crisis, hizo saltar la alarma en la OTAN ante el protagonismo del PCP y dividió al MFA entre radicales y moderados, con ventaja de los segundos, que forzaron la dimisión de Vasco Gonçalves, reemplazado por el almirante Pínheiro de Azevedo (29 agosto), el cual formó un gobierno de unión nacional con predominio de los militares de la línea moderada, encabezados por E. Melo Antunes.

Tras un frustrado intento insurreccional de la extrema izquierda (25 noviembre), desbaratado por los militares moderados al mando del coronel A. Ramalho Eanes, la situación se estabilizó en favor del gobierno.

La Segunda República portuguesa

Promulgada la Constitución de la II República (2 abril 1976), que estableció un régimen semipresidencialista y socializante, en las elecciones legislativas del 25 de abril se impusieron de nuevo el PSP y el PPD (convertido después en partido socialdemócrata, PSD), y en las presidenciales de junio siguiente triunfó el general Ramalho Eanes, quien encargó al socialista Mario Soares la formación de nuevo gobierno, que aplicó un programa de austeridad para hacer frente a la calamitosa situación económica.

El gobierno socialista fue derribado en la Asamblea (8 diciembre 1977), pero Soares formó otro de coalición con el CDS (febrero 1978), aprobó nuevas medidas de rigor presupuestario, devaluó el escudo y obtuvo un préstamo del FML.

Pero cuando el CDS se retiró de la coalición, el presidente Eanes destituyó a Soares (27 julio). Tras varios gobiernos de “iniciativa presidencial”, en las elecciones generales anticipadas (2 diciembre 1979) triunfó la Alianza Democrática de centro-derecha (PSD, CDS y PPM, Partido Popular Monárquico), y Francisco Sá Carneiro, del PSD, encabezó un gobierno de coalición.

En las nuevas elecciones del 5 de octubre de 1980 Sá Carneiro obtuvo una clara victoria, y anunció su intención de proseguir su política moderada y promover una reforma de la Constitución. Pero murió poco después en un accidente de aviación (4 diciembre 1980), y le sustituyó como jefe del Gobierno José P. Pinto Balsemao.

En las elecciones presidenciales (7 diciembre 1980) R. Eanes consiguió una amplia victoria. En diciembre de 1982 Balsemao dimitió, y Carlos Alberto Mota Pinto fue encargado de formar gobierno hasta las elecciones. Mediante un acuerdo PSP-PSD, el Parlamento aprobó una reforma de la Constitución (julio 1982) que disminuyó los poderes del presidente de la República y abolió el Consejo de la Revolución.

En las elecciones anticipadas de 1983, el PSP se convirtió en la principal fuerza política, y bajo la presidencia de M. Soares se formó, en junio de 1983, un gobierno de coalición (PSP-PSD). La colaboración entre estas dos fuerzas resultó conflictiva y se rompió en junio de 1985.

En las elecciones generales anticipadas (octubre) triunfó el PSD y Aníbal Cavaco Silva fue designado primer ministro pero en las presidenciales de 1986 triunfó Mário Soares con el apoyo de toda la izquierda.

Ingreso de Portugal en la Unión Europea

El ingreso en la Comunidad Europea (1 enero 1986) abrió un proceso de adaptación de las estructuras económicas y de cohabitación entre un jefe de Estado socialista y un gobierno derechista.

La caída del gobierno minoritario por una moción de censura del Parlamento (abril 1987) obligó a M. Soares a convocar nuevas elecciones anticipadas (julio 1987), en las cuales por primera vez un partido, el PSD, obtuvo mayoría absoluta. Bajo el mandato del PSD, que se ha mantenido en el poder hasta 1995, se reformó la Constitución (1989), se mantuvo una política de rigor económico y se decidió ingresar en el sistema monetario europeo.

A partir de 1995 el PS (socialista) triunfó en los comicios legislativos (A. Gutérres) y presidenciales (J. Sampaio), y pudo gobernar en solitario. El gabinete socialista concibió un plan de concertación social con sindicatos y empresarios, incrementó el salario mínimo y redujo la semana laboral, pero su fracaso ante los socialdemócratas del PSD en las elecciones municipales de diciembre de 2001 provocó una crisis interna que llevó a Gutérres a presentar la dimisión, y a la convocatoria de elecciones anticipadas.

Desde entonces, gobierna Portugal un gabinete de coalición formado por el PSD y el Partido Popular. Portugal formó parte desde el primer momento de la unión monetaria europea que estableció una moneda única (1999), el euro, que entró en vigor en 2002. En diciembre de 1999 Portugal devolvió a China la colonia de Macao, la última y más antigua posesión europea en Asia.

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