Origen del huevo y su historia 🥚

Es un alimento que consumimos muy a menudo y se puede comer de muchas formas. Pero, ¿conocer cuál es el origen del huevo? Desde CurioSfera.com nos gustaría explicarte la historia del huevo, cómo se inició su consumo, la relación y simbología en las diferentes civilizaciones, además de mucha más información y curiosidades. ¿Te apetece? ¡Pues comenzamos!

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🥚 Origen del huevo

Respecto a los orígenes del huevo, debes saber que tanto los antiguos egipcios y griegos vieron en el huevo la representación de los cuatro elementos que formaban el universo:

  1. El fuego: la yema
  2. El agua: la clara
  3. La tierra: la cáscara
  4. El aire: el espacio vacío del extremo superior.

¿Quién descubrió el huevo?

Los egipcios incluían un huevo en el ajuar funerario para asegurarse una vida futura; también los griegos colocaban huevos sobre sus tumbas. No sorprende que entre los romanos anduviera el dicho: Omne vibum ex ovo = todo lo vivo procede del huevo.

También los iberos colocaban huevos sobre las tumbas: restos de aquellos cascarones gigantes, acaso de avestruz, se conservan. Es tradición relacionar el huevo con la eternidad, simbolizar con él el origen de las cosas.

Con la frase latina Ab ovo usque ad malum = del huevo a la manzana, se expresaba que algo se lleva a cabo de principio a fin, de la /a/ a la /z/. Esta expresión alude a la costumbre gastronómica antigua de comenzar las comidas con un huevo y terminarla con una manzana.

Muchos héroes de la mitología china nacieron de un huevo fecundado por el sol; y en la grecolatina los Dióscuros Cástor y Pollux, hijos de Zeus surgieron de un huevo puesto por Leda transformada en cisne.

El interés suscitado por este alimento primordial se hace sentir en diversos aspectos de la vida. Entre los museos del mundo se encuentra el Museo de Huevos de Pascua Pintados de Budapest, más de veinte mil huevos procedentes de todas las comarcas húngaras con sus dibujos propios pueden observarse allí.

Para conservarlos deben ser cocidos previamente en ceniza de modo que se deseque la parte interior y quede sólo la cáscara; hay ejemplares centenarios que se conservan como si hubieran sido puestos en el día.

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🍳 Historia del huevo en las creencias populares

Son numerosas las creencias populares antiguas en torno al huevo en todos los países del mundo. Solo a modo de ejemplo:

  1. Se dice que comer el primer huevo puesto por una gallina negra alarga la vida.
  2. En el campo andaluz se creía antaño que colgar un huevo del techo el día de la Ascensión preserva la casa de rayos, incendio y calamidad.
  3. En ese mismo plano religioso se cree que los huevos puestos estando expuesto el Santísimo en una iglesia cercana preservan de morir ahogado o atragantado.

influencia del huevo en las creencias populares

Su vinculación religiosa tiene que ver con su simbolismo: siglos atrás se prefiguró la Santísima Trinidad con el huevo por estar formado de tres elementos en un solo objeto: cáscara, clara y yema, sirviendo así para explicar el misterio.

En su primera salida a la calle, el bebé recibe como regalo un huevo para que la Trinidad lo proteja.

En el campo se dice que quien come en la mañana de Pascua un huevo puesto en Viernes Santo no tendrá problemas el resto del año, y su cosecha será espléndida: la costumbre de regalar huevos de Pascua estriba en esto y en la creencia de que el huevo simboliza el nacimiento y la resurrección.

Egipcios y griegos lo consideraban símbolo de renovación y de vida, razón por la cual ya era en la Antigüedad objeto de regalo, y se tenía al huevo por elemento de suerte, que se agrandaba si éste contenía dos yemas.

También la magia tuvo que ver con el huevo. Fue antaño muy frecuente romper la cáscara tras comer un huevo duro o pasado por agua: se evitaba que sus restos se utilizaran en encantamientos y maleficios: el naturalista latino Plinio aconseja en su Historia natural hacerlo para evitar problemas.

Asimismo se tiene por mala cosa introducir huevos en casa tras la puesta de sol. Es sinónimo de mala suerte en el futuro.

La adivinación por el huevo es práctica extendida. Es simpática la noticia referida al ámbito rural de Cataluña, donde se pensaba antaño que si una muchacha rompe un huevo la noche de San Juan y con el dedo remueve la clara verá en el fondo del vaso el rostro de quien será su marido.

Para aclarar la vista se pasaba por el ojo afectado un huevo de gallina recién puesto. El agrónomo español de finales del XV Gabriel Alonso de Herrera dice en su Obra de agricultura:

“La clara quita el ardor de ojos, aclara el rostro y quita las quemaciones del sol, y con ella hacen alcohol que quita las legañas, y cocida la clara en vinagre es buena contra las cámaras (diarreas). Aprovecha para curar heridas recientes, y crudos aclaran la voz. Si los echan a cocer en vinagre recio gástaseles la cáscara y pueden meterlos por cualquier cabo angosto”.

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Historia del huevo en la religión

El huevo tuvo que ver mucho con cuestiones teológicas, por sorprendente que pueda parecer. El huevo fue objeto de prohibición en Cuaresma.

el huevo en la religiónLa Pascua de Resurrección suponía el fin de todo ayuno; atrás quedaba la Cuaresma con sus limitaciones gastronómicas, entre las que se contó en la Edad Media también el huevo.

Hubo una polémica en torno a si el huevo era producto cárnico, ya que de él sale el pollo. Estuvo a punto de ser prohibido como alimento para época de ayuno, pero su consumo estaba tan arraigado que santo Tomás de Aquino, máximo teólogo medieval y defensor de la tortilla, dictaminó que el huevo  no rompía el ayuno porque no llena el estómago.

Sin embargo los espíritus escrupulosos no lo consumían esos días. Este curioso asunto dejó su huella en el folclore pascual: el Viernes Santo se presentaba al sacerdote para su bendición una cesta de huevos duros que eran comidos el domingo de Resurrección como muestra del fin del ayuno.

En el ámbito rural se dice que quien come en la mañana de Pascua un huevo puesto en Viernes Santo no tendrá problemas el resto del año, y su cosecha será espléndida:  la costumbre de regalar huevos de Pascua estriba en esto.

historia huevos de pascua

En el mundo bíblico se juraba llevando el hombre su mano derecha a esa parte del cuerpo. Al principio del capítulo 24 del Génesis, se lee:

“Viéndose Abrahám ya viejo, y que el Señor le había bendecido en todas las cosas, dijo al criado más antiguo de su casa y mayordomo de cuanto tenía: pon tu mano debajo del muslo, porque quiero tomarte juramento”.

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La historia del huevo y el lenguaje

Los huevos, en sentido figurado, acaso merecerían un capítulo aparte. El tamaño y circunstancia de ciertas partes masculinas dio lugar a frases hechas. Por ejemplo: decimos acojonante, que tiene huevos, a lo que es positivo. Y decimos acojonado a lo que es negativo, que carece de huevos.

influencia del huevo en el lenguaje popular

Su base conceptual estriba en el predicamento de los testículos como elemento valorativo, al entenderse que de su tamaño emana estima y valía social por ser antonomástico de hombría.

Decimos que es acojonante, en el lenguaje popular, aquello que impone o sobrecoge el ánimo de quien lo contempla; se afirma de quien descuella en algo. El participio activo acojonante es elogioso, sin embargo el participio pasivo acojonado es demérito.

En el primer caso se alude a la condición de acojonar que algunos tienen; y en el segundo, la incapacidad de otros para imponerse o hacer valer su derecho.

Hay una explicación científica: los testículos se alojan en el interior del escroto, donde hay un músculo  llamado cremáster que se contrae ante situaciones de pánico y tira hacia arriba dando la impresión de que se ocultan los cojones en el abdomen, cosa que sucede al pusilánime, que de puro miedo ve disminuida su cojonada ante situaciones en las que es médicamente observable cómo el cremáster tira hacia arriba y pone los huevos de corbata.

Todo cuanto afecta a esa zona anatómica tuvo trascendencia por ubicarse allí las fuentes de la generación: quien jurar por los testículos lo hace por el linaje y pone por garante a toda su estirpe.

La expresión “costar o valer algo un huevo” pone de manifiesto lo que decimos. Echar huevos a algo es echarle valor y raza, dicho en alabanza de la persona animosa que reacciona con valor, teniéndose in mente los testículos por metáfora formal.

Tener un par o tenerlos bien puestos es tanto como ser valiente. Pío Baroja se hace eco de este uso en Humano enigma, donde explica que los ciudadanos de Cervera al entrar Fernando VII pusieron en la fachada de un convento un letrero hecho con huevos sujetos con bramante, que decía: “Viva Fernando”.

¿Por qué se dice hacer algo por huevos? Conviene advertir que se trata de un asunto ajeno a la realidad del objeto evocado. Como los estudiantes de filología románica saben, el huevo del que aquí hablamos procede del sintagma latino opus est = “hay necesidad de, o es preciso’, que a su paso al castellano dio la forma “huevos hay, o huevos habemos”, como en el pasaje del Cantar de Mio Cid, donde uno de los que acompañan al héroe castellano le dice: “Huebos habemos, mío Çid…”, es decir, es necesario.

Tener o haber huevos se implantó en la mente del hablante con el significado de ser menester, no haber otra salida, de donde no fue difícil pasar a la expresión  hacer algo por huevos, por pura necesidad.

La sexualización del sentido vendría al perder el hablante la conciencia etimológica y buscar una explicación: los huevos de que se trata debían ser en su razonamiento los testículos, parte de la anatomía que mejor evoca ese particular objeto, con lo que el sentido general sufrió un cambio; de hacer algo por necesidad se pasó a hacerlo por la fuerza, a las bravas, echándole huevos.

La fraseología emplea el término en numerosos casos. Manda huevos es expresión que decimos ante lo irremediable con significado afín al de “no hay otra salida”; también tiene valor laudatorio dicho de quien por su valentía y arrojo resulta irresistible.

Un manuscrito del XVIII dice referido a la autoridad de cierto alcalde de corte: “Y diga lo que mande huevos, que todos entendemos que la voluntad de Vuestra Señoría se habrá de ejecutar por ser necesidad, orden y derecho”. Es decir, ordene qué se ha de hacer por no haber otro remedio.

Poner a huevo es modo adverbial alusivo a lo barato que se vende una cosa; se emplea con los verbos estar a huevo, es decir, estar muy bien de precio; tener a huevo es tenerlo muy fácil, dicho antaño por el bajo precio que antaño tuvo este alimento, según Julio Casares en su Introducción a la lexicografía.

Otras frases hechas aluden asimismo al huevo con carácter legal: no es por el huevo sino por el fuero, dicho para defender principios, o cuando alguien va contra un derecho más que contra un bien material, y cuyo sentido se basa en haber sido el huevo tributo que pagaba la gente pobre, y en alusión a que Alfonso VIII impuso en Toledo cierto impuesto pagadero en huevos de gallina, impuesto que rechazó el alcaide Esteban de Illán.

Se extrañó el rey de que contribución tan escasa encontrara oposición, a lo que el alcaide repuso que el pueblo no se oponía a ayudar al rey con una contribución siempre que fuera voluntaria, pero que no estaba dispuesto a que se atacara la condición de ciudad franca exenta de impuestos que Toledo tenía. Se luchaba no por el huevo, sino por el fuero.

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El huevo de Colón

historia del huevo de colónDigamos para terminar que el famoso huevo de Colón no fue idea del almirante, ni fue él quien tuviera la ocurrencia de ponerlo de pie ante la Junta de Sabios de la Universidad de Salamanca.

El protagonista de la idea fue Filippo Brunelleschi, a quien antes de iniciar la cúpula de la catedral de Florencia  en 1420, le preguntaron: “¿Cómo solucionarás el problema de construir cúpula tan grande?”, y contestó: “Igual que se sostiene un huevo de pie”; y cogiendo uno que llevaba lo abolló por la parte donde el huevo tiene su pequeña cámara de aire, y quedó de pie.

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Desde CurioSfera.com esperamos que esta reseña histórica sobre Origen del huevo y su historia te haya resultado amena, entretenida, y sobre todo, de mucha utilidad.

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