Historia de medios de transporte y vehículos

Aquí vas a poder conocer la historia de todos los medios de transporte y también de todos los vehículos que existen. Entra, descubre y… ¡¡¡sorpréndete!!!:

Historia de los transportes

Una considerable peculiaridad domina la evolución de los transportes desde los orígenes de la humanidad: es el hecho de que la energía mecánica, que estaba disponible desde al menos el siglo I antes de nuestra era, bajo la forma de ese prodigioso pro­totipo que fue la eolípila de Herón de Alejandría, no comenzó a estudiarse de forma práctica hasta finales del siglo XVIII.

Todo estaba a punto para que existieran calderas y locomo­toras durante el Imperio Romano o, en cualquier caso, bajo el Imperio Bizantino. Los metales duros, los pistones y los cilin­dros, las bielas y los cigüeñales existían. Incluso el cardan se había inventado.

Pero los desórdenes que siguieron a las inva­siones bárbaras y la caída de Roma, el oscurantismo intelectual que prevaleció hasta finales de la Edad Media (los ingenieros corrían constantemente el riesgo de ser procesados por brujos), más tarde las incesantes guerras que asolaron Europa —la más destructiva de todas fue sin duda la de los Treinta años—, deja­ron a las ciencias y a las técnicas en un estado penoso. Inventar era un lujo de solitario, generalmente sin mucho futuro.

Hasta el siglo XVIII la curiosidad intelectual no se despertó por completo, gracias a la influencia de los enciclopedistas. Por vez primera en los tiempos modernos, un oficial de artillería, Nicolás-Joseph Cugnot, construyó un vehículo de vapor, la célebre narria, que de hecho no era más que un tractor de artillería.

Catorce años más tarde, una oveja, un gallo y un pato inauguraban en Versalles la era del transporte aéreo a bordo de un globo de aire caliente construido por papeleros, los hermanos Montgolfier, y la humanidad únicamente tenía que esperar al motor de explosión que vio la luz a finales del siglo XIX, gracias a Alpphonse Beau de Rochas.

La edad de oro del vapor fue espléndida, pero breve; apenas duró un siglo, de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX. Tuvo sin embargo, el gran mérito de asegurar la expansión del ma­quinismo industrial y de permitir los transportes rápidos, inde­pendientemente de lo que pensaran algunos “expertos”, como el ilustre Arago, quien había predicho que las tropas que se transportaran por vía férrea estarían “emasculadas”.

Pero es también cierto que, en la inauguración de la línea férrea París- Saint-Germain, en esa misma época, los médicos habían adver­tido a los pasajeros que tendrían tuberculosis.

Historia de los vehículos

No cabe duda de que el período transcurrido desde 1850 ha sido el más brillante de la historia de los transportes. El salto de pulga del “avión” de Clément Ader inauguraba un desarrollo fulminante que no sólo modifiría el ámbito específico de los transportes, sino también el de la cultura humana en su conjunto.

La humanidad, que ahora puede salvar en algunas horas unas distancias que no mucho tiempo atrás consideraba prodigiosas, ha modificado incluso la visión que terna de sí misma. Gracias a la aviación, estas distancias se han reducido considerablemente y el turismo ha adquirido unas proporciones que le han convertido en una industria de dimensiones económicas inmensas.

Por otra parte la astronáutica, hermana de la aviación, ha llevado a la humanidad a modificar su visión del universo y, al entreabrirle las puertas del infinito, le ha hecho tomar conciencia, paradójicamente, de su propia finitud.

Otro protagonista de esta historia que ha adquirido importancia mundial es el automóvil, cuyo destino se ha ido modificando sin embargo con una rapidez desconcertante desde que se hizo accesible a la mayoría de los habitantes de los países industrializados.

Tenido en su origen por un invento liberador, el automóvil empezó a ser considerado a partir de los años sesenta como un producto de consumo eminentemente perecedero, más tarde como una esclavitud económica, antes de empezar a ser descrito por algunos como un peligro de primera magnitud para la la salud de la humanidad. Desde un punto de vista estrictamente económico, muchos países empezaban a comprender a finales de 1980 el coste creciente de los accidentes automovilísticos.

El batiscafo y sus derivados, los submarinos de exploración merecen sin embargo, y a pesar de su ámbito mucho más restringido, una mención especial en la historia de los transportes por haber contribuido a abrir al hombre uno de los últimos territorios inviolados del planeta, las profundidades marinas. La exploración submarina, en efecto, ha favorecido el conocimiento del globo más que ningún otro medio de transporte.

Como dato curioso, por absurdo que parezca, lo cierto es que la velocidad media en las zonas urbanas de nuestro planeta es, a finales del siglo XX, más o menos la misma que conocieron todas las regiones habitadas del globo durante el siglo XVII… unos 15 km/h.