Historia de la ingeniería, herramientas y materiales

Aquí vas a poder conocer la historia de todo lo relativo a la ingeniería civil, materiales y todas las herramientas que existen. Entra, descubre y… ¡¡¡sorpréndete!!!:

Historia de la ingeniería

La mecánica ya existía, pero la técnica no la siguió. Esto es lo que uno tiende a concluir tras el estudio de las grandes inven­ciones que florecieron en los dominios gemelos de la energía y de la mecánica.

Los griegos y los chinos fueron ingenieros y mecánicos pro­digiosos. No sin cierta sorpresa descubrimos que ya existían en el mundo antiguo bombas de incendio de tiro animal, compues­tas, evidentemente, de un cilindro y un pistón.

¿Y el calibrado? Pues bien, se hacía, mal que bien, casi siempre bien. Los auto­matismos, los reguladores, la transmisión por cadena, el cardan, la traslación de un movimiento circular a un movimiento rectilí­neo, la desmultiplicación…

Todo esto, observamos que también es muy antiguo y, a menudo, anónimo o de origen dudoso. Las in­venciones, como las obras de arte, sólo se firman de modo regu­lar a partir del Renacimiento.

Para explicar este misterio, es decir, el inmenso retraso que separa la mecánica de su emanación, la tecnología, podríamos apelar al retraso con el que la energía de vapor fue, por fin, do­minada. Pero esto sería sólo desplazar el enigma, ya que Herón de Alejandría había demostrado en el siglo I que la energía podía extraerse del vapor.

La respuesta parece proporcionada por la filosofía: sólo tras el Renacimiento el ser humano dejó, de alguna manera, de ser el rentista de la tierra.

Del mismo modo que le hicieron falta centenares de millares de años para pasar del nomadismo, de la caza y de la recolección a la sedentarización, a la agricultura cría de animales, le hicieron falta poco menos de dos milenios para pasar de las utilizaciones simples de energía (fundamentalmente el molino de viento o de agua y la propulsión a vela) al dominio de la energía.

Y sobrevino de golpe. Apenas unas decenas de años separan el dominio del vapor del de la electricidad. Con la revolución industrial la humanidad alcanzó por fin la edad de la razón y reinventó, a menudo sin saberlo, las antiguas maravillas del genio mecánico humano.

Historia de las herramientas

La tecnología que domina las invenciones en el ámbito de la in­dustria, los materiales, las herramientas y la ingeniería civil desde la Antigüedad y hasta las cercanías de 1850 es indudable­mente la metalurgia.

Se compone de un entramado de descubri­mientos e invenciones propiamente dichas que son difícilmente separables, y permite además la fabricación de herramientas que dirigen el desarrollo de la civilización, empezando por las rejas del arado de fundición.

A partir de entonces se hace posi­ble labrar la tierra en profundidad y, por tanto, recoger mejores cosechas y mejor calidad y cantidad de alimentos.

A continuación, las herramientas de fundición, y pos­teriormente de acero, permiten tallar los materiales duros, como la piedra, y se multiplican los trabajos artísticos, en los cuales los romanos desarrollaron un genio incomparable.

Seguramente producto de un descubrimiento, el cristal se fa­voreció de una serie de hallazgos, algunos precoces como el so­plado, que se remonta al siglo I, otros tardíos, como los cristales endurecidos con óxido de plomo.

Historia de los materiales

El cristal va a jugar un papel primordial en la realización de instrumentos de medida y ob­servación, esenciales para la comprensión del mundo. Es, des­pués del metal, un material clave para la civilización.

Importante técnica industrial, el tejido no se desarrolla hasta que no se dominan el vapor, y posteriormente la electricidad. Uno de los derivados más inesperados es indudablemente la informática, que se funda en las tarjetas perforadas que Vaucanson había intentado adaptar para el tejido de dibujos complejos.

Una importante revolución, todavía mal entendida en siglo XX, concierne a la arquitectura: la del estilo gótico. Durant mucho tiempo sólo fue analizado el aspecto estilístico, pero introduce la noción íntegramente nueva de estructura portante que anuncia la arquitectura moderna.

Los muros se adelgazan y permiten que la luz entre en los edificios: la revolución del es­tilo falsamente llamado “gótico”, esboza también una revolu­ción cultural de primera magnitud.

Sin duda te esperan algunas sorpresas, fundamen­talmente las relativas a la antigüedad del hormigón, el aluminio o las torres de sondeo.

Historia de la industria y tecnologías industriales

El hecho de que la expansión de la industria moderna comience en la segunda mitad del siglo XIX autorizaría a suponer que la proliferación de inventos destinados a la industria ha seguido una progresión geométrica, por no decir exponencial.

Sin embargo no ha sido así, y lo que es más, los inventos más revolucionarios que afectan a este ámbito no aparecen aparecen hasta ya entrado el siglo XX. El acero inoxidable, por ejemplo, data de 1913, el caucho butílico surge en 1937, etc.

La industria tardó mucho en asimilar los inventos de la química, aunque más tarde los devorará con avidez. Hasta la segunda mitad del siglo XX la industria era esencialmente “pesada”.

Pero a partir de ese momento empiezan a aparecer inventos realmente originales, como las aleaciones con memoria, el kevlar, los ferrofluidos o los textiles injertados, inventos cuyo alcance todavía resultaba impredecible a finales de la década de los ochenta del siglo pasado.

En realidad, dos fenómenos capitales explican esta singularidad. El primero es la automatización adoptada por la industria pesada desde la segunda mitad del siglo XX que ha permitido realizar los mismos productos a precios cada vez más bajos, retrasando por consiguiente la entrada en escena de procedimientos y materiales nuevos y, por ello, forzosamente más caros.

El segundo es la diversificación, por no decir la automización, de lo que antes se denominaba “industria” y que se refiere esencialmente a la siderurgia, cuyos territorios se han reducido de forma notable.

Es posible afirmar, por tanto, que en este nuevo gigante que es la industria electrónica, la parte estricta mente “industrial” se ha diluido en beneficio de la parte ocupada por la investigación: en un chip, por ejemplo, que agrupa varios cientos de transistores, su montaje es una cuestión secundaria. De hecho no pertenece verdaderamente al dominio de la industria, sino al de la electrónica, y por ello encontrarás referencia a él en este capítulo.

Del mismo modo, la industria del automóvil, que constituye uno de los últimos bastiones de la industria en su sentido primitivo, ha sido fagocitada por una serie de creadores relacionadas con la química, como las cerámicas metálicas.

El automóvil, mitad químico, mitad electrónico, difícilmente puede ser considerado “industrial”. Todos los inventos relacionados con él se estudian en el capítulo dedicado a los transportes.

El mismo término de industria se va despojando lentamente de su sentido originario. Se habla ya de una “industria de las biotecnologías” para designar a un ámbito productivo cuyas instalaciones apenas ocupan algunos cientos de metros cuadrados —prácticamente destinados a laboratorios— y en los que unos nuevos esclavos, las bacterias, trabajan sin descanso encerrados en sus tubos de ensayo, “fabricando” sustancias como la insulina…