Historia de la ciencia, química y física

Aquí vas a poder conocer la historia de todo lo relacionado con la ciencia, la física y la química. Inventos, avances, descubrimientos y mucho más. Entra, descubre y… ¡¡¡sorpréndete!!!:

Historia de los avances en física, química y ciencia

Uno se defiende mal ante la sorpresa de las pocas invenciones en física y química, propiamente dichas, que encontramos hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, esta pobreza se ve com­pensada por el número de descubrimientos, la mayoría de los cuales sólo cuenta con una corta historia, ya que comienzan más o menos en el siglo XVIII.

Era 1772 cuando el sueco Scheele descubrió el oxígeno, por ejemplo, y hasta el siglo XIX no se co­menzó a tener una idea acerca de lo que era en realidad el car­bono.

Y aún más, el inventario y la comprensión de los descu­brimientos se ven mermados a menudo por los extravíos de las teorías. Recién salidos de las brumas místicas de la alquimia, la química y la física se enredan en la filosofía, y batallones de buenos especialistas se esfuerzan en vano para armonizar sus descubrimientos con los postulados enrevesados de la “flogística”.

A la teoría atómica de Dalton le cuesta un trabajo ímpro­bo ser aceptada con unanimidad, y aun a principios del siglo XX, un químico de la reputación de Berthelot mantiene que la fór­mula del agua es H202

Pero para inventar hay que disponer de una teoría correcta. Desgraciadamente, al margen de las intuiciones de algunos ge­nios como Lavoisier o Faraday, las teorías escasean, tanto en química como en física.

Se echarán en falta aún durante mucho tiempo en el siglo XX, y veremos a un físico de la importancia del austríaco Ernst Mach afirmar, no sin alterarse, que no puede adherirse a la teoría de los átomos en 1922.

Química y física se reducen, pues, en el terreno de las reali­zaciones aplicables, a recetas, o incluso a casualidades. La pri­mera disciplina en sufrirlas fue la medicina, que se encuentra con escasez de industria farmacéutica, al menos en el sentido moderno de la palabra, y que permanece sometida, hasta más o menos 1930, a preparados de laboratorio que proceden de reco­tas de botica mejorados.

La industria, sin ir más lejos, se reduce igualmente a transformaciones de fuerzas, como la metalurgia ya que en ella se ignora prácticamente todo acerca de las estruc­turas cristalinas, y por entonces no se sabe prácticamente nada sobre materiales sintéticos.

En el terreno de la energía, sólo se conoce de verdad la electricidad, ya que la física no alcanzó un desarrollo suficiente como para generar la electrónica hasta la segunda mitad del siglo pasado.

Se puede considerar que la física y la química son las cien­cias que se han desarrollado más tarde, gracias a la teoría y a los medios de investigación de lo microscópico.

Historia de la ciencia

Desde 1850, la química y la física se han enriquecido con un buen número de ideas que van desde la síntesis del acetileno hasta la producción de xenón metálico, aunque inicialmente algunas sólo pareciesen tener un simple valor teórico sin futuro y la dimensión práctica de otras pareciera limitada. Tales apreciaciones eran meras ilusiones ópticas de la historia.

El descubrimiento de la antimateria, por ejemplo, ha proporcionado a la física una de las herramientas intelectuales más prodigiosas de toda su trayectoria como ciencia enfocada a la comprensión de la materia.

Los criptatos de J.M. Lehn, por otra parte, prometen ser uno de los inventos más revolucionarios en el ámbito de la química y sus efectos ya empiezan a dejarse sentir tanto en la industria de los cosméticos como en la de los tintes industriales, por no hablar de la farmacología o de las químicas extractivas.

Por último, en el momento en que dábamos este volumen a la imprenta, todavía resultaba imposible valorar las repercusiones de los superconductores monocristalinos sobre toda la industria electrónica.

Parece probable que los principales cambios a los que asistiremos en las próximas décadas serán producto, básicamente, de los nuevos inventos que se realicen en los campos de la física y la química. Es innegable que los intereses comerciales han contribuido poderosamente a la proliferación de inventos en ambos dominios científicos.

Sin embargo, es preciso subrayar que son el fruto de una investigación teórica muy alejada de cualquier tipo de interés comercial.

Son, por así decirlo, brillantes fogonazos de la inteligencia surgidos en la soledad y en el anonimato que la industria capta y hace suyos, ultimándolos y dándoles una aplicación práctica.

 

Historia de la electrónica y matemáticas

En su origen, las matemáticas fueron un medio de explorar el Universo a través de los números. De este modo, las matemáticas permitieron postular la distancia de la Tierra a las estrellas, que por aquel entonces ningún humano creía posible alcanzar.

Con el tiempo, la geometría se fue haciendo cada vez más sutil hasta romper todos sus vínculos con su padre intemporal, Euclides; empezó a describir un mundo singular, apenas imaginable, en el cual aparecían referencias tan “imposibles” como, por ejemplo, la de un tiempo negativo.

También en su origen, la electrónica (que por entonces simplemente se llamaba electricidad) era tan sólo una provincia de la física, centrada en una única partícula, el electrón.

Sin embargo, hacia mediados del siglo XX, la electrónica se puso al servicio de las matemáticas para fabricar la primera máquina de calcular automática: era el famoso E.N.I.A.C., un monstruo que ocupaba decenas de metros cuadrados y pesaba decenas de toneladas cuyo perfil esencial, por otra parte, ya habían esbozado desde 1919 esos grandes desconocidos que son Zuse, Eccles y Jordán.

Muy pronto el “matrimonio de conveniencia” entre las matemáticas y la electrónica se convirtió en pasión: la electrónica obtuvo sus primeras cartas de nobleza de manos de las matemáticas y, de golpe, impulsada por la velocidad del electrón, las matemáticas descubrieron ante sí horizontes infinitos.

Mientras las matemáticas derivaban hacia la especulación filosófica, como en la teoría de las catástrofes y en la cosmofísica, que en cierto modo fagocitaron. En efecto, después de haber sido el instrumento de la física, las matemáticas pasaron a convertirse en el receptáculo que la contenía.

Moviéndose en magnitudes infinitamente pequeñas, la inventiva del hombre conseguía explotar lo inconcebible —o, más exactamente, lo incomparable— y al abordar magnitudes infinitamente grandes alcanzaba las fronteras de la poesía…