Historia del muelle

La historia del muelle es un fiel reflejo de cómo ha sido la evolución humana desde los tiempos prehistóricos hasta la actualidad. Junto a la rueda y a la palanca, es uno de los elementos mecánicos más antiguos que existen. En CurioSfera.com te explicamos el origen del muelle o resorte, quién lo inventó y cómo ha ido evolucionando a lo largo del tiempo.

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Tanto el muelle como el arco (el de las flechas) emplean el mismo principio: la elasticidad combinada con la flexibilidad. Desde la Antigüedad se sabe que los materiales elásticos resisten tanto la torsión como la flexión. El arco mismo no es sino un muelle que se vale de la elasticidad natural de las maderas tiernas o ramas jóvenes.

Este conocimiento estaba en el ámbito de la actividad humana, en la observación de ciertos hechos y en el conocimiento primitivo de que las ramas del árbol y sus vástagos poseen una enorme flexibilidad que aprovecharon los hombres del Neolítico para atrapar animales.

El principio del muelle se abrió camino en otras aplicaciones. En el Antiguo Egipto, el carro del faraón Tutankamon empleaba un sistema similar al muelle para absorber parte de las sacudidas de la marcha por caminos llenos de desniveles y obstáculos.

Se trataba de muelles de cuero hechos de tiras entrecruzadas de este material, y cuya finalidad, como en nuestro tiempo, era hacer que una vez oprimido tuviera tendencia a recuperar su forma anterior.

También en la antigua Grecia tuvieron acceso a este elemento técnico. Los griegos sustituyeron el muelle sencillo por el muelle de torsión, inventado hacia el siglo IV a.C., con lo que se potenció mucho la eficacia de armas bélicas como la catapulta, y se creó la ballesta mecánica que obedecía al principio del muelle.

Los científicos del momento se dieron cuenta de que no solo la madera y el cuero poseen la capacidad de flexión, sino que también la tienen ciertos metales. Filón de Alejandría, que experimentó con este hallazgo hacia el 200 a.C., sabía que ciertos predecesores suyos, impresionados ante la elasticidad de las espadas celtas e iberas, habían tratado de hallar la razón de aquello.

Filón había sido esclavo y discípulo de Ctesibio, mecánico egipcio de origen griego, célebre por sus inventos en el siglo III a.C. en Alejandría, donde llevado por su curiosidad dejó su oficio de barbero y emprendió una labor inventora estimable: construyó un órgano hidráulico, un reloj de agua, la bomba aspirante e impelente, así como una especie de cerbatana para disparar flechas.

Discípulo suyo fue también Hierón de Alejandría, acaso hijo suyo. Ctesibio creó un lanzaproyectiles cuyos muelles estaban formados por placas de bronce curvadas: uno de los primeros muelles de ballesta, invento que su esclavo Filón mejoró más tarde.

Antes había llegado al conocimiento de que el aire comprimido colocado dentro de un cilindro surtía similares efectos de elasticidad.

Todo esto, con ser mucho, no puso en cabeza alguna la idea genial de que para almacenar energía propulsora era posible emplear varillas retorcidas capaces de ser comprimidas y de regularse en cuanto a su presión: aquello potenciaría el efecto de una mera placa o varilla metálica doblada.

Esto parece que fue visto por el arquitecto italiano Filippo Brunelleschi, que a mediados del siglo XV construyó un reloj despertador con muelles de todo tipo, incluidos los helicoidales, muelle que se empleó más tarde para trampas de ratones.

En 1460 existían relojes de muelle en espiral dispuesto horizontalmente, ocurrencia que tuvo en 1675 el holandés Christiaan Huygens. La introducción de este tipo de muelle en el reloj tuvo repercusiones y efectos inimaginables, similar a los de aplicar el péndulo.

En la Edad Media el muelle cobró un inusitado auge y conoció aplicaciones en tornos y telares, taladradoras, molinos de agua y molinos de viento, e incluso en cierto tipo de sierras.

Sin embargo, los muelles metálicos más antiguos no parecen anteriores al siglo XVI, en que los de ballesta fueron aplicados a los carruajes, y se generalizarían en el siglo XVIII, siglo en el que los tapiceros emplearon muelles helicoidales en sillones y colchones.

Este tipo de muelle constaba de láminas o flejes estrechos algo curvados de igual anchura y longitud variable y que se sujetaban con láminas más cortas en la parte central del conjunto para que pudieran funcionar a modo de amortiguadores.

A principios del siglo XIX, uno de los primeros usos dado al caucho fue como muelle. En 1826 el inglés H.C. Lacy patentó los cubos de caucho, que iban a sustituir a los muelles de acero ya utilizados en coches particulares.

En el año 1846 se empezaron a utilizar amortiguadores de caucho en los topes de los vagones de tren. En 1950, Citröen introduciría la suspensión hidráulica, sistema sofisticado todavía en uso que dio al problema una solución distinta al muelle tradicional.

En cuanto al significado y origen de la palabra muelle, es un término que procede de la voz latina mollis= flexible, que se emplea desde la Edad Media.

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