Historia de la maleta – Inventor, origen y evolución

Hablar de la historia de las maletas es hacerlo también por la afición del ser humano por viajar y conocer otros territorios y lugares. Ya sea en avión, automóvil, tren o barco, esta pieza fundamental del equipaje siempre os acompaña. En CurioSfera.com te explicamos quién inventó las maletas, cuál es su origen y cómo ha sido su evolución con el paso de los años.

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Quién inventó la maleta

Se considera que lo inventores de las maletas son los antiguos egipcios sobre el año 1500 a. C. Para sus viajes empleaban arcones y baúles que evolucionaron en unas primitivas maletas de fina madera y recubiertas de grasa animal para que no se mojasen con la lluvia.

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cuándo se inventaron las maletas

Origen de las maletas

Para conocer cuál es el origen de la maleta, antes debemos saber cuándo empezó el hombre a viajar por el simple placer de hacerlo. Como en tantas otras cosas, fueron los egipcios los primeros. Aunque sus viajes, no exentos de algún propósito científico, eran muy pesados: no llevaban maleta, sino voluminosos baúles y arcones que les impedían el movimiento ágil y rápido.

cuál es el origen de la maleta

Pronto se vio la necesidad de cambiar su pesado equipaje por otro más ligero. El primer equipaje (predecesor de la maleta) fue el pellejo de un animal cosido. Zamarra que se echaba sobre los hombros o sobre las caballerías a modo de alforjones que colgaban a ambos lados del lomo de la cabalgadura.

Como eran piezas de equipaje demasiado frágiles y de escasa capacidad, los egipcios utilizaron el cofre de madera ligera recubierto de cuero untado con grasa de animal para hacerlos impermeables, pintados a los lados, y que constituye el tipo de equipaje que heredaron los griegos.

Eran baúles resistentes, predecesores de la maleta de madera forrada de cuero. El cofre y la maleta eran artículos rígidos, que ofrecían resistencia a su manejo, por lo que desde tiempos antiguos prevaleció el bolso, bolsa o zurrón donde era fácil meter y sacar las cuatro cosas que el viajero de aquellos lejanos tiempos utilizaba: algo de ropa, calzado y comida.

En la Edad Media los bolseros pertenecían al mismo gremio que los maleteros: ambos fabricaban lo mismo y utilizaban para ello piel de ciervo o ubre de cerda para bolsos y maletas destinados a la gente humilde.

Las piezas del equipaje de las clases elevadas seguían siendo el arca y el baúl de madera, ya que no eran ellos los que debían llevarlo, sino un séquito de criados.

En sus manos solamente portaban pequeñas bolsas de suave tela donde guardaban lo más necesario o de uso más frecuente: objetos para el maquillaje, el rezo, el recreo, algún pañuelo de seda y el dinero.

La condesa de Artois recibió como singular regalo de boda una docena de maletas de tela sarracena hechas en España en 1298, grandes y espaciosas, capaces de alojar los ropajes y amplios vestidos de su dueña.

El equipaje medieval se hacía de diversos tamaños, siendo famosas las piezas de vejiga de cierto animal, forradas de piel de conejo para guardar las prendas más finas.

A lo largo del siglo XV estuvieron de moda los maletones y bolsos de piel de jabalí, aunque las clases adineradas permanecían fieles a las delicadas y menudas bolsas de seda que se cerraban con dos cordones cuyos cabos pendían por la parte central, pequeñas obras de arte que a menudo estaban bordadas en oro.

Para transportar el equipaje propiamente dicho, todos preferían el cofre y el arca, la maleta de tablazón y piel gruesa cuyo transporte requería de dos criados fornidos; baúles y arcones eran una obsesión en la mente del viajero deseoso de verse libres de un bagaje que hipotecaba sus movimientos y limitaba las posibilidades de ver cosas.

Evolución de la maleta

Fue en el siglo XIX cuando se comenzó a rebajar el peso de aquellas toscas y pesadas maletas gracias a la fibra de lino y la caña prensada recubierta de lienzo y reforzada con tiras de madera curvada.

cómo ha evolucionado la maleta

Poco después apareció la maleta de tiras de madera fina recubierta de fibra vulcanizada, pintada y barnizada: era ya la maleta que conocemos en la actualidad. El invento de la cremallera, y sobre todo el del nailon y la fibra artificial supuso una revolución en el mundo de los artículos de viaje.

Tras la Segunda Guerra Mundial el auge del turismo estuvo acompañado de un florecimiento en el surtido y calidad de los complementos de viajes. El creciente uso de los aviones, con las limitaciones que conllevaba en volumen y peso hizo necesario que las maletas se hicieran livianas y de diseño más inteligente, lo que sin la fibra de vidrio y el plástico no hubiera sido posible.

La obtención de nuevos materiales fue aprovechada por los fabricantes de maletas, que las producían en serie con productos antaño impensables, como el acetato de celulosa y el poliéster.

Este mundo nuevo lleno de sucesivos y rápidos hallazgos e innovaciones hizo posible la elaboración de artículos cada vez más prácticos y ligeros, revolución que multiplicó por una parte las piezas del equipaje, tanto que hizo exclamar al escritor Bernard Shaw (el inventor de la maleta con ruedas): “No acabo de entender por qué la mujer necesita cada vez maletas más grandes, siendo así que cada vez su ropa necesita menos tela”.

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