Historia de la cuchara – Inventor, origen y evolución

La historia de la cuchara es realmente curiosa. Actualmente vemos normal ver en una mesa este objeto, pero debes saber que a lo largo del tiempo no siempre ha sido así. Además, ¿sabes quién inventó la cuchara? En CurioSfera.com nos gustaría explicarte cuál es el origen de la cuchara, cómo y cuándo se creó, y cómo ha sido su evolución a lo largo del tiempo.

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Origen de la cuchara – Prehistoria

La cuchara aparece en época relativamente tardía, acaso debido a que se trata de un objeto no carente de alguna sofisticación (a diferencia del cuchillo, utensilio que tiene casi un millón de años).

El hombre primitivo empleó las conchas de mar para llevarse a la boca los alimentos líquidos, ya que la sopa fue uno de los hallazgos gastronómicos del Neolítico. Nace con la vida sedentaria una vez el hombre descubrió las ventajas de la agricultura y el pastoreo; es por tanto, un artículo civilizado.

La cuchara la inventó el hombre primitivo en la prehistoria hace 20.000 años. Al menos tal y como se entiende en el sentido moderno, de boca ancha a modo de escudilla provista de mango largo y puntiagudo.

Las primeras cucharas de la historia servían a su vez para trinchar carne, ya que en el fondo se trataba de una combinación de cuchara-tenedor-cuchillo, teniendo en uno los tres usos importantes de la mesa.

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Historia de la cuchara en el Antiguo Egipto

No obstante al hecho de haberse encontrado en yacimientos arqueológicos cucharas neolíticas de hace veinte mil años, en el Antiguo Egipto fue donde se generalizó su uso, habiéndose hallado en ajuares funerarios en la tumbas egipcias cucharas de marfil, de piedra, de madera e incluso de oro, muestra de que aquella civilización dio mucha importancia a este objeto.

En la elaboración de aquellas antiguas cucharas egipcias se crearon pequeñas obras de arte, ya que los mangos servían como soporte donde esculpir pequeñas esculturas, como muestran algunos ejemplares hallados en Tebas con la figura de la diosa Isis, entre otras divinidades.

Su uso no fue privativo de la cocina o la mesa, sino que acaso sobresalieron las cucharas destinadas al ceremonial del templo: largas y hermosas cucharas estilizadas para incienso y sustancias olorosas.

También se utilizaron en cosmética (ver historia del maquillaje) cucharitas cuya empuñadura tenía forma humana o de animales sagrados. También en el templo de Salomón, del siglo X a.C., se empleaban cucharas de oro en el ceremonial y en la compleja liturgia.

Historia de la cuchara en la Antigua Grecia

Los antiguos griegos de clase pudiente utilizaron cucharas de oro, plata e incluso marfil, mientras que el pueblo llano las utilizaba cucharas de bronce o tallaba en madera sus enormes cucharas soperas.

Con las que solían comer huevos, alimento al que eran muy aficionados. También ellos labraban en sus mangos bellas esculturas que realzaban el humilde utensilio.

Historia de la cuchara en Roma

Los romanos dieron a la cuchara un uso adicional al fabricarlas con mangos puntiagudos que funcionaban como primitivos tenedores, ideales para comer marisco o romper el cascarón de los huevos (ver historia del huevo).

En última instancia, era frecuente emplear este utensilio únicamente para retirar del plato los huesos, desperdicios o la comida que no se llevaban a la boca.

Historia de la cuchara en la Edad Media

La historia de la cuchara de mesa es básicamente occidental: en la edad media, un ciudadano que se preciara hacía lo posible por adquirir su cuchara de plata como signo de éxito y estatus.

Pero no hay que olvidar que en aquella época tanto el pueblo como los grandes señores utilizaban los dedos para comer, así comían también los héroes homéricos en el siglo VIII a.C.

También se utilizaron cucharas en rituales religiosos y nobiliarios: la cuchara de la coronación de la Corte inglesa era de largo mango y terminaba en una escudilla o cuenco: servía para ungir al rey en la citada ceremonia.

En un inventario de la plata que poseía Eduardo I de Inglaterra, llamado el Largo, de finales del siglo XIII, se menciona solo una cuchara de plata.

A principios del XIV la reina Clementina de Hungría ya tenía 33 ejemplares de cucharas y un solo tenedor. El conde Juan de Evreux, condestable de Francia a principios del siglo XV poseía 64 cucharas y un tenedor.

En cambio, el pueblo del medievo usaba cucharas de madera o de hueso, a veces incluso cucharas de hueso humano, caso de ciertas cucharas halladas en el este de Europa. También hubo cucharas de estaño sin que faltasen las cucharas de plata o las labradas en oro, que más que utensilios para comer eran pequeñas joyas.

En cuanto a su forma, remataban en una escudilla que tendió a tener forma de higo: también se admitían ideas por parte del fabricante, que prefería una forma u otra.

En cuanto al mango, solía rematar en una cabecita de doncella, en honor a la Virgen, o en la de los apóstoles, siendo juegos de doce las que normalmente se encargaban o de trece si se incluía a Jesús.

Durante el siglo XV se pusieron de moda las “cucharas del Apóstol”. Eran de plata con la figura del santo patrón de la persona que la utilizaba, cuchara que no tardó en convertirse en el regalo ideal para los recién nacidos.

En tiempos de Cervantes se hablaba de cuchara o de “cuchar”, indicando que la etimología de la palabra remite a la voz latina cochlear, empleada para referirse al cucharón, término que recordaba el uso antiguo que tuvieron las conchas de mar utilizadas como cucharas.

Entre las gentes del campo era frecuente hacer cucharas de pan (ver historia del pan), para comer las lentejas, los garbanzos o las habas: terminada la comida se comían la cuchara, ya reblandecida y empapada.

De ahí el dicho: “Dure lo que dure, como cuchara de pan”, con lo que se daba a entender lo breve de una situación o lo poco que duran las cosas en la vida.

La cuchara en la Edad Moderna

Entre finales del siglo XVI, todo el siglo XVII y a lo largo del siglo XVIII abundaron las cucharas de plata en las casas de la burguesía y la nobleza. Fue entonces cuando dejaron de fabricarse con el mango puntiagudo por dos razones: provocaba accidentes y ya existía el tenedor para pinchar los trozos de carne y llevarlos a la boca.

Además, las cucharas de mango redondeado eran más seguras y resultaban más elegantes, amén de que se podía grabar en ellas la inicial del apellido de su dueño e incluso el escudo.

Naturalmente, las cucharas fueron llevadas por los españoles al Nuevo Mundo, extendiendo paulatinamente su uso por todas las tierras y países de América.

En la España del siglo XVII y XVIII la ciudad especializada en la fabricación de cucharas de este tipo de artículos suntuarios fue Reus, aunque fue industria particularmente pujante en Gerona, cuyas cucharas de madera de brezo o de boj se vendían en Europa. También había cucharas de asta de buey, pero alcanzaban precios prohibitivos.

Hoy nos parece normal cuando nos invitan a comer ver desplegados sobre la mesa cuchara, tenedor y cuchillo, sin embargo esta costumbre es relativamente reciente: hace solo doscientos años el invitado tenía que llevar consigo sus propios cubiertos. Así, cuando la gente viajaba llevaba su cuchara, tenedor y cuchillo y tenía un criado a cargo del ajuar de mesa.

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