Enfermedades de los gatos 🐱 Síntomas y tratamientos

Es muy importante que conozcas las principales enfermedades de los gatos así como sus síntomas y tratamientos. Los felinos son mascotas maravillosas, no sólo por su carácter, sino también por su precioso pelo, ojos, orejas, su piel… Si ya tienes, quieres adoptar o comprar uno, en CurioSfera.com te informamos de las dolencias más graves que pueden afectar la salud de un gato.

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Síntomas de las enfermedades de los gatos

Lo primero que debes saber es que casi todas las dolencias que puede sufrir tu mascota muestran ciertos síntomas. Es fundamental poder detectarlos para poder aplicar un tratamiento veterinario lo antes posible.

síntomas gato enfermo

Normalmente un gato tiene buen apetito, ojos transparentes, buen tono muscular, una expre­sión alerta, deposita heces fir­mes y exhibe un pelaje brillante. Si alguna de estas característi­cas cambia, es probable que el gato esté sufriendo algún trastor­no.

No te alarmes si tu gato rehú­sa una o dos comidas, porque esto es bastante normal, pero si sigue rechazando la comida, puede ser un signo de enferme­dad. Puedes ver nuestro artículo por qué mi gato no quiere comer para obtener más información.

La diarrea es otra indica­ción de que algo no va bien. Al menos esto indica la posibilidad de parásitos intestinales. Un pe­laje en malas condiciones puede sugerir una carencia nutricional o la presencia de parásitos ex­ternos.

Aprende cuál es el estado normal de tu gato sano y examí­nalo continuamente para detec­tar posibles variaciones. La de­tección oportuna de un problema puede facilitar el tratamiento necesario y ayudará a detener una enfermedad antes de que llegue a ser grave.

Veamos a continuación las principales enfermedades que puede sufrir tu gato:

Enfermedades virales

Las enfermedades virales son la mayor causa de mortandad entre los gatos. Por ello es fundamental su detección precoz para que el veterinario pueda administrar el tratamiento adecuado y evitar problemas graves. Las más importantes son:

Panleucopenia felina

Una de ellas, lla­mada panleucopenia felina in­fecciosa, aunque es más conoci­da como FIE, fiebre de los gatos, moquillo felino o enteritis felina, ataca los intestinos del gato.

Su aparición se caracteriza por los siguientes síntomas:

síntomas Panleucopenia felina

Como esta enferme­dad ataca de manera tan rápida es fácil confundirla con un envenenamiento. Si notas algu­na vez estos síntomas en tu ga­to contacta con tu veterinario para una diagnosis y tratamiento inmediato.

La panleucopenia se contagia por contacto con áreas contami­nadas, con animales infectados o con sus heces, o mediante un intermediario como un ser huma­no, un perro, una mosca o una pulga que haya estado en con­tacto con la enfermedad.

Si bien esta enfermedad puede ser transmitida por los seres huma­nos o por los canes, no es infec­ciosa para ellos. Puesto que los gérmenes pueden durar largo tiempo, no se considera seguro llevar un gato no vacunado a una casa en la que ha habido ca­sos de moquillo hasta que hayan pasado al menos unos seis me­ses. Todas las mantas, comede­ros y bebederos, cajas de arena y similares habrán de eliminarse previamente.

Desde hace algún tiempo existe una vacuna que protege a los gatos contra la panleucopenia, esta enfermedad asesina. Se suele suminis­trar cuando el gato tiene unas ocho semanas de edad. Cada año hay que poner al gato inyec­ciones recordatorias. Puesto que los gatitos son especialmente vulnerables a la FIE es absoluta­mente necesario vacunarlos a la edad adecuada.

Neumonía y rinotraqueítis

Otras dos enfermedades vira­les altamente contagiosas son la neumonía y la rinotraqueítis. Sus síntomas son similares a los de un resfriado grave o a los de la fiebre de los seres humanos:

  • Ojos lacrimosos
  • Temblores
  • Estornudos
  • Goteo nasal
  • Dolor de garganta
  • Dolores generales

La neumonía se difunde por el aire y por contacto directo con obje­tos sobre los cuales se ha estor­nudado.

Debido a que la nariz de un gato enfermo se ve afectada, el animal no puede oler su comida, y muchas veces rechazará el ali­mento. Esto no es conveniente; el debilitamiento que esto produce en el animal es peligroso y puede ser necesario alimentarlo a la fuerza para que mantenga su resistencia y su fuerza.

La detección y el tratamiento tempranos son importantes por­que si bien la neumonía es mor­tal no actúa tan rápidamente co­mo la panleucopenia y puede ser vencida con antibióticos. Después del tratamiento por un veterinario, el gato enfermo de­bería ser aislado, bien cuidado, en un ambiente cálido y libre de corrientes de aire.

Existe una vacuna que sin embargo no ofrece protección permanente contra estas enfermedades y que por lo tanto ha de ser inyectada periódicamen­te. Sigue los consejos de su vete­rinario.

Los gatos están también ex­puestos a resfriados, que se transmiten de un gato a otro. Los síntomas, aunque menos seve­ros, son parecidos a los de las enfermedades graves ya descri­tas, de modo que es necesario el diagnóstico y el tratamiento de un veterinario.

Rabia o hidrofobia

La rabia o hidrofobia es otra enfermedad viral que puede afectar a los gatos. No existe una cura conocida, pero es con­trolable. Los murciélagos, las mofetas y los zorros son porta­dores conocidos.

Los gatos de granja o de campo que tienen posibilidades de entrar en con­tacto con estos animales son, por lo tanto, los más expuestos. Una herida o corte abierto que entre en contacto con la saliva de un animal infectado de rabia bastan para que el animal (cualquier mamífero) contraiga la en­fermedad.

Los gatos pueden ser vacu­nados contra la rabia y ciertas agencias municipales y gubernamentales suelen ofrecer esta protección sin coste alguno. Es fre­cuente que se pida una prueba documental de la protección contra esta enfermedad para transportar o viajar con un felino.

Leucemia viral felina

En los últimos años ha apa­recido otro enemigo mortal: la leucemia viral felina. Los investigadores han trabajado para producir una vacuna contra esta amena­za y es muy recomendable que un veterinario se la ponga a tu mascota felina.

Muchas veces, podrás ver que un criador anuncia sus animales como FeLV neg. Esto significa que sus gatos han sido examinados para detectar esta enfermedad y han sido hallados libres de ella. Como la leucemia es casi siempre fatal, se recomienda encarecidamente su vacunación.

Problemas urinarios

Los intentos frecuentes y fallidos de orinar, los esfuerzos para orinar o la presencia de sangre en la orina indican que el conduc­to urinario de un gato puede estar bloqueado.

trastornos urinarios gatos

Si observas que tu gato se muestra sumamente inquieto o si maúlla cuando se lo manipula, hay posibilidades de que esté sufriendo un trastorno de la vejiga.

Si este trastorno no es tratado inmediatamente por un veterinario, el gato afectado puede morir rápidamente por envenenamiento ureico produci­do por la absorción de orina por los tejidos del cuerpo.

Incluso si se descubre que el problema no es un trastorno de la vejiga, es mucho mejor hacer una visita al veterinario para que haga un diagnóstico precoz, que esperar hasta que sea demasiado tarde.

El examen rutinario de la “caja de arena” puede indicar la au­sencia o la presencia de orina y te ayudará a detectar cualquier problema antes de que se con­vierta en algo grave.

Obesidad

Un gato gordo está sometido a más esfuerzo que lo normal en sus articulaciones y corazón, es­tá más expuesto a las infeccio­nes virales o bacterianas y corre un riesgo mayor en caso de ser anestesiado.

enfermedades obesidad gatos

Un gato doméstico sólo puede engordar debido a la negligencia de los seres huma­nos, porque no tiene la oportuni­dad de saquear contenedores de basura o de engordar con resi­duos que puede encontrar en la calle. Por lo tanto, no malcríes a tu animal con golosinas: man­tenlo sano y en condiciones óptimas.

La cura para la obesidad con­siste en reducir la cantidad de comida para que el gato consu­ma su propia grasa almacenada. La reducción del consumo de calorías no tendrá efectos nega­tivos sobre tu gato a condición de que su dieta sea de buena calidad y esté bien equilibrada.

Enfermedades de la piel

En cuanto notes cual­quier irregularidad en el pelaje de tu gato deberías hacer exami­nar el animal por un veterinario. La detección, diagnosis y trata­miento precoces son importantes para detener, controlar y curar las enfermedades de la piel, es­pecialmente porque muchas de ellas son altamente contagiosas.

sarna en gatos

La tiña

La tiña es una infección de hon­gos que puede atacar cualquier parte del cuerpo. Inicialmente se manifiesta como una zona sin pelo de forma ovalada o circular, y a medida que la infección se propaga el área sin pelo se va haciendo mayor. Pues ver cómo saber si mi gato tiene tiña para obtener más información.

Recientes avan­ces de la medicina han producido remedios muy efectivos contra esta molesta enfermedad. Una característica especialmente de­sagradable de este trastorno es que se contagia fácilmente entre felinos y seres humanos.

Para controlar esta enfermedad es muy importante pasar la aspira­dora y limpiar la casa a fondo. Las mantas, tanto las del gato como las de los seres humanos, han de ser lavadas con mucha frecuencia.

Hongos

Hay otras enfermedades cau­sadas por hongos que pueden producir llagas o lesiones cutáneas a tu animal. Un diagnóstico a tiempo y un opor­tuno tratamiento las curarán.

Un gato enfermo tie­ne que ser aislado hasta que se cure completamente. Tu veteri­nario te recetará las medicinas y las dosis adecuadas, y si sigues fielmente sus instrucciones la infección por hongos será erradicada.

Sarna

La sarna de los gatos es una enfermedad que aparece en la piel del felino. Está provocada por un tipo de ácaro. Lo habitual es que los ácaros de la sarna sean difícilmente detectable, ya que su tamaño es microscópico.

Para ello debes inspeccionar rutinariamente la piel de mascota, especialmente en la zona de la base de las orejas. Del mismo modo, debes observar su comportamiento, por si se rasca más de los normal en alguna zona concreta.

Para más información puedes ver cómo detectar la sarna en un gato

Alergias e intolerancias

La reacción alérgica a determi­nados alimentos, medicamentos (como los collares, polvos o aero­soles contra las pulgas) o a cier­tas fibras (algunos gatos no tole­ran el nailon o algunas otras fibras sintéticas) son una causa frecuen­te de enfermedades de la piel, co­mo también lo son las picaduras de garrapatas, pulgas y abejas o las carencias o las sobredosis de vitaminas.

Desgraciadamente, la determinación de la causa de una alergia determinada puede ser difícil, y es posible que un ve­terinario tenga que hacer varias pruebas antes de llegar a la res­puesta correcta y poder recetar el tratamiento adecuado.

Parásitos intestinales

Si sospechas o si tienes la certeza de que tu gato tiene gu­sanos, lombrices intestinales o la tenia, tendrás que llevar una muestra fe­cal a tu veterinario para que ha­ga un examen. Es probable que después del examen fecal te pi­da que le lleves el gato.

lombrices en gatos

Lombrices y gusanos

Los reme­dios se recetarán según el tipo de parásito y según la edad y el tamaño del gato. Los vermífugos son medicamentos fuertes; tie­nen que serlo para matar los pa­rásitos. Por esta razón, jamás deberías vermifugar a tu gato por tu cuenta. Una dosis in­correcta puede enfermar grave­mente a tu gato, e incluso puede llegar a causarle la muerte.

Los parásitos intestinales debilitan al gato, deterioran su apa­riencia y la condicionan y, si la in­fección es grave, hacen al gato más susceptible a las enferme­dades. Un análisis fecal hecho por un veterinario puede deter­minar la presencia de estos pa­rásitos.

Los ascáridos lombrices intes­tinales, viven en los intestinos y se alimentan de comida parcial­mente digerida. Algunos huevos salen con los excrementos. Los gatos que usan una misma caja de arena pueden contagiarse unos a otros al lamerse las patas para limpiarse, ingiriendo así los huevos que después se incuba­rán en el sistema digestivo.

Es frecuente detectar un ascárido enroscado en los vómitos o en los excrementos. Tienen ambos extremos aguzados y son de color amarillento.

La tenia

Las tenias no se diagnostican tan fácilmente como los ascári­dos en un análisis fecal. Una in­dicación segura de que un gato tiene tenias consiste en la pre­sencia de partículas blancas pa­recidas a granos de arroz en las zonas de la casa que el gato suele frecuentar.

La tenia es un animal segmentado. Su cabeza permanece adherida a la pared intestinal, pero a medida que se producen huevos el parásito se desprende de los segmentos de su cuerpo que contienen los huevos, y que son expulsados por el ano del anfitrión.

Las par­tículas parecidas a granos de arroz son en realidad estos sa­cos con huevos. Si un gato sano ingiere uno de éstos, puede a su vez infestarse. Como siempre, esto sucede más fácilmente cuando varios gatos comparten una misma caja de arena.

Si tie­nes un gato con parásitos intestinales, es recomendable pasar la aspiradora periódica­mente por la casa. La cabeza del parásito implantada en el in­testino del gato es muy tenaz y puede resultar algo difícil conse­guir que se desprenda y matar­la.

Las fuertes medicinas nece­sarias para librar al gato de sus parásitos pueden causarle cier­tos trastornos durante algún tiempo, pero tu veterinario re­cetará las dosis adecuadas y se­guras para cada animal en parti­cular.

Problemas de las orejas

Los ácaros de las orejas constituyen un trastorno bastan­te frecuente dentro de las enfermedades de los gatos. Es causado por unos ácaros que se desarrollan en el polvo, suciedad y cera que se acumulan en las orejas de un gato.

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La mejor pre­vención consiste en limpiar las orejas periódicamente con algo­dón mojado con aceite mineral. Cuando en un gato se desarro­llan ácaros de las orejas, pueden difundirse rápidamente a todos los gatos de la casa, y una infec­ción seria puede afectar tanto el equilibrio como la audición de un gato.

La infestación de ácaros se caracteriza por una materia con aspecto de costra de color ma­rrón oscuro visible en el interior del oído. Aun cuando esta ma­teria no sea evidente puede ha­ber ácaros presentes, puesto que los rincones más profundos del canal auditivo no son visibles a simple vista.

Si tu gato se ras­ca continuamente las orejas o si sacude la cabeza, es posible que tenga ácaros en las orejas u oídos. Los casos más serios requieren un tratamiento dos veces al día (con aplicación de ciertos medica­mentos), que puede que no re­sulte muy agradable para el pro­pietario, pero hay que recordar que el gato infestado se siente mucho más incómodo. Como es tan fácil prevenir este trastorno, nuestros gatos no deberían ver­se afectados debido a nuestra pereza.

Hay que tener cuidado en usar un palito forrado con algo­dón, para no insertarlo demasia­do profundamente en el canal auditivo. Cuando se sospecha que hay ácaros o cuando se lle­va el gato al veterinario para un control periódico, el doctor exa­minará las orejas y las limpiará como parte del control normal. El podrá mostrarte la manera más adecuada de limpiar las orejas de tu gato y te recetará un trata­miento si tiene ácaros.

Bolas de pelo

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Todos los gatos ingieren el pelo que se suelta de sus man­tos cuando se lamen. Estos pe­los se acumulan en el intestino donde forman bolas o paquetes que se evacúan con las heces o con vómitos.

El cepillado periódi­co de tu gato, especialmente en las dos ocasiones anuales en las que muda de pelaje renovando su manto, ayudarán a aliviar este molesto problema. Una dieta suplementada con aceite de pes­cado o con colina e inositol le permitirá a tu gato evacuar más fácilmente las bolas de pelo.

Pulgas y garrapatas

La inspección periódica de tus mascotas ayudará a mantener bajo control los problemas poten­ciales. Tanto las pulgas como las garrapatas pueden verse a sim­ple vista. Unas manchas oscuras en las patillas o en la barbilla de un gato indican la presencia de pulgas. Las pulgas mismas sue­len encontrarse alrededor del ano, de los ojos y de la boca.

Puedes ver cómo saber si mi gato tiene pulgas

enfermedad pulgas gatos

Pulgas en gatos

Las pulgas son de color ma­rrón oscuro o negro. Son espe­cialmente molestas durante los meses más cálidos y causan un escozor irritante, pueden difundir los hongos y pueden servir como vectores para parásitos internos.

Las pulgas del gato no son las mismas que las del perro, y no es probable que el propietario de un gato encuentre pulgas de perro a menos que también tenga un can.

Es necesario pasar la aspira­dora frecuentemente cuando se vive en una zona en la que abun­dan las pulgas. Esto es muy im­portante porque las pulgas jóve­nes se desarrollan en el polvo de áreas secas como por ejemplo debajo de los muebles, en las grietas del suelo, bajo las alfom­bras o moquetas o en otros luga­res parecidos.

Los huevos de pulga pueden permanecer en estado latente durante meses hasta que se den las condicio­nes adecuadas para la incubación. Por esta razón hay que po­ner polvo insecticida contra las pulgas debajo de las alfombras y de los muebles y dejarlo allí.

Las mantas de tu mascota tienen que ser lavadas con frecuencia, tra­tándolas además con insectici­da. El cepillado diario de tu gato también ayudará a prevenir que se infeste con parásitos.

Las pulgas pueden controlar­se mediante la aplicación diaria de polvos insecticidas especia­les y también con el cepillado cotidiano del manto del gato. Un baño con champú antipara­sitario seguido de una completa sesión de cepillado y peinado puede ser suficiente para elimi­nar los parásitos. Sin embargo, no deberías bañar a tu ga­to con demasiada frecuencia, porque esto podría resecar los aceites naturales que protegen su piel.

Es posible que se produzca una reinfestación, especialmen­te a través del contacto con otros animales a los que se permite salir a la intemperie y después volver a entrar a la casa, o por pulgas introducidas en la casa por ti mismo, en tu ropa.

Garrapatas en los gatos

Las garrapatas son peligro­sas porque pueden causar en­venenamiento de la sangre, fie­bre o parálisis. Estos parásitos entierran la cabeza en la carne del gato y chupan su sangre.

Generalmente se las encuentra cerca de la cabeza y del cuello, donde el gato no puede alcan­zarlas. Para extraer una garra­pata, cógela con tus dedos o con unas pinzas lo más cerca posi­ble del cuerpo del gato. Trata de coger la cabeza y la boca, y no sólo el cuerpo de la garrapata.

Intenta extraer el parásito tiran­do de él suavemente, sin brus­quedad. Es muy importante sa­car la cabeza completa, para evitar que se produzcan infec­ciones. La aplicación directa de polvos insecticidas específicos para pulgas y garrapatas debe­ría causar su muerte y su caída al cabo de pocas horas.

Cuando uses polvos insecticidas comer­ciales para pulgas y garrapatas asegúrate de que sean inocuos para los gatos. No uses cerillas, cigarrillos encendidos, querose­no ni gasolina para extraer las garrapatas; aunque así consiga matar los parásitos, también puede usted quemar al gato.

Después de sacar una garrapa­ta, limpia la zona con una solu­ción antiséptica recetada por tu veterinario. Observa la zona du­rante más o menos una semana para asegurarte de que está ci­catrizando adecuadamente y de que no se desarrollan abscesos.

Las garrapatas son un proble­ma rural. Sin embargo, se las puede controlar fácilmente, y un tratamiento oportuno evitará la infestación.

Más enfermedades comunes en los gatos

Si después de todo lo que te hemos explicado, aún quieres conocer más dolencias y problemas de salud comunes de los gatos, en el siguiente vídeo puedes obtener más información:

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Te recordamos que este artículo es solamente informativo. En CurioSfera.com no realizamos diagnósticos ni recetamos tratamientos veterinarios. En caso de que tu mascota presente algún síntoma o malestar, tiene que visitar al veterinario rápidamente.

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