Enfermedades de las aves exóticas

Cuando tenemos en casa aves tropicales o exóticas debemos tener presente que pueden sufrir ciertos tipos de enfermedades, dolencias y problemas de salud varios. Es muy importante conocer sus síntomas para saber detectarlas a tiempo para poder actuar lo antes posible.

Del mismo modo, debemos ser conocedores de los remedios y de las condiciones adecuadas para evitar la aparición de estos males que pueden perjudicar a nuestros pájaros gravemente o, incluso pueden provocar su muerte. También te recomendamos nuestro post sobre todas las aves exóticas.

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Ácaros de la sarna

Diferentes ácaros o aradores de la sarna (Knemidocoptes) minan la piel de las aves, sobre todo en las comisuras del pico, alrededor de los ojos, en la cabeza y en la nuca, en los hombros, en la boca, así como en las patas.

No chupan la sangre, sino que viven de las proteínas de la piel y de las partes queratinosas. Las excreciones de los ácaros y las excrescencias de las partes queratinosas producen costras y escamas.

Como en los canarios, el serín o chamarín, su forma silvestre, y en otras aves emparentadas, fácilmente acaba produciéndose la temible roña de las patas. También otras aves pueden resultar afectadas, sobre todo en las patas, y otras, más en el rostro.

A menudo, los jóvenes son infectados ya en el nido por sus padres. Estos ácaros se desarrollan lentamente y provocan una patente caída de las plumas o la formación de costras, con frecuencia uno o dos años después de la infección. Las aves sienten picores y a veces se producen inflamaciones.

No siempre es fácil combatir a los ácaros de la sarna. Si sólo se han visto afectadas las patas, se pueden untar con vaselina o parafina líquida. Esta última puede aplicarse también en las demás zonas infectadas. Para disolver las costras, puede aplicarse glicerina previamente.

Asimismo, hay otros productos útiles contra los ácaros, que se venden en tiendas especializadas y en farmacias. Dado que casi todos los remedios son más o menos oleosos o grasos, se recomienda colocar al ave afectada en una jaula pequeña sin arena cubriendo el suelo.

Lo mejor es forrar la jaula con papel de cocina. La jaula ha de ser pequeña (muy apropiada es la jaula enfermería), pues el ave debe ser cogida diariamente o cada tres días durante dos o tres semanas para someterla a tratamiento. Además, para reforzar dicho tratamiento, puede colgarse o depositarse en el suelo una tira insecticida.

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Ácaros de los alimentos

Estos ácaros se encuentran en los granos viejos y mal almacenados y sobre todo en la comida blanda. De suyo, no parasitan a las aves, pero pueden trepar al plumaje de éstas y provocarles picazones.

Si los consumen con la comida, pueden producir trastornos digestivos y una fuerte diarrea. Los ácaros consumidos con los alimentos llegan también a la tráquea y a los sacos aéreos, lo cual causa estornudos, toses y ahogos.

Como presentan los mismos síntomas, los consideramos ácaros del aparato respiratorio y como tales deben ser tratados, aunque no permanezcan mucho tiempo en el cuerpo de las aves.

De todos modos, estos ácaros pueden ser portadores de enfermedades y, por eso, deben ser combatidos como los demás ácaros. La comida infestada por ellos debe rechazarse y se han de desinfectar a fondo los comederos.

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Ácaros de los sacos aéreos

No todas las aves descritas aquí son parasitadas por estos ácaros. Lo son sobre todo los serines, en especial el canario, los gorriones y algunos pinzones exóticos. Viven estos ácaros en los sacos aéreos, la tráquea e incluso en los pulmones y, en infecciones graves, en otros órganos.

Al hormiguear por la tráquea, estos ácaros hacen que el ave tosa, estornude y se sofoque. Esta trata de vaciar la tráquea con bruscas sacudidas v secreta mucosidades, que deja en los posaderos al rozarlos.

Poco a poco el ave va perdiendo la voz y emite sonidos roncos y silbantes. A menudo, esta acariasis se confunde con un resfriado y se trata erróneamente. Entonces, el estado del ave puede empeorar tanto que permanece posada con el plumaje ahuecado, como “embotijada”, respirando con dificultad. Finalmente puede morir asfixiada o por una inflamación pulmonar.

La acariasis respiratoria, nombre que recibe la infección provocada por estos ácaros, debe tomarse en serio, aunque es bastante fácil de curar. Hay diferentes métodos para librar a las aves de este tormento.

La manera más fácil de combatir estos ácaros es con tiras insecticidas. Todas estas tiras contienen como sustancia activa el diclorvos, que elimina todos los bichos del lugar. Como es gaseoso, penetra en todas las rendijas y ángulos y es respirado por las aves, con lo que llega a matar a los ácaros.

El gas, inocuo para nosotros y las aves, mata a los ácaros en pocos días, cuando no en horas. Al principio se recrudecen los estornudos y ahogos en las aves, pero es sólo señal de que los ácaros se mueven más activamente antes de morir. Luego, a veces las aves expulsan al toser grandes cantidades de parásitos.

También pueden combatirse con Bactazol u otro producto pulverizablc tolerado por las aves. Éstas pueden permanecer en su jaula y rociarse el producto con el pulverizador cada tres o cinco días. También en este caso se respira la sustancia activa, si bien no tan profundamente como puede respirarse el diclorvos. Por esto hay que pulverizar a menudo.

Con el tercer método para acabar con los ácaros en las aves exóticas, se le tiene que inocular al ave de 0,03 a 0,05 ml. de una sustancia determinada en la mancha escapular. Se trata de la disolución de neguvón, que debe administrarse el primero, el quinto el noveno día.

Como sólo pocos veterinarios lo recetan, tendremos que solicitar a algún farmacéutico que nos la prepare. Con una cantidad pequeña (100 ml) tendremos bastante para vacunar a un gran grupo de aves y se puede conservar en el frigorífico aproximadamente medio año.

Los ácaros de los sacos aéreos se encuentran en casi todas las especies, pero en tan baja cantidad que no molestan y pasan inadvertidos Pero durante la muda, la cría y ciertos trastornos, pueden llegar a multiplicarse tanto que se convierten en una plaga.

En las pajareras de jardín pueden ser transmitidos por los gorriones que se posan sobre ellas. Los padres se los transmiten a los polluelos cuando los ceban Tendríamos que vacunar a las aves recién compradas antes de alojarlas con las demás en la pajarera.

Si un ave del grupo muestra los síntomas expuestos tendremos que someter a tratamiento a todo el grupo. Es muy posible también que la transmisión tenga lugar a través del agua para beber, la comida blanda o la de cría.

Ácaros rojos o piojillos

Los piojillos o ácaros rojos son los ectoparásitos más peligrosos para los pájaros exóticos. Les chupan la sangre y además les transmiten enfermedades. Estos ácaros caen por la noche sobre sus víctimas y, durante todo el día, sobre los pollos y las aves que empollan.

Evitan la luz y se ocultan en rincones oscuros, en grietas y hendiduras. Así pues tenemos que buscarlos en esos lugares o examinar a nuestras aves mientras duermen. Éstas, debido a la presencia de los ácaros, duermen incómodas, con frecuencia se agitan, se hurgan el plumaje con el pico y saltan desplazándose sobre los posaderos donde duermen.

Es evidente que experimentan fuertes picazones; los pollos que están en el nido incluso mueren de anemia en los casos graves, y las hembras que empollan han abandonado la puesta a causa del sufrimiento.

Estos piojillos hacen honor a su nombre, pues son de color rojo oscuro cuando han chupado sangre. Si ésta ha sido digerida en su mayor parte, entonces parecen negros. Si, en cambio, están hambrientos, son amarillentos y casi transparentes como un pergamino viejo.

En este estado pueden resistir hasta cinco meses, incluso en una pajarera de jardín y a temperaturas inferiores a los 0 °C. Así, estos ácaros se precipitarán al instante sobre las aves tan pronto como éstas sean devueltas en primavera a la pajarera de jardín de la que fueron sacadas en otoño. Por lo tanto, es importante desinfectar a fondo las pajareras que están vacías.

En la pajarera de jardín, la lucha contra los ácaros rojos es continua. Son introducidos sin cesar por los gorriones, las palomas y otras aves libres que se posan en las pajareras. También es difícil combatirlos en el interior. Las grietas y los ángulos de la pajarera pueden rociarse con un pulverizador con desinfectantes muy activos tolerados por las aves, pero fuera se evaporan con mucha rapidez.

En las jaulas y pajareras de interior pueden rociarse también con estos desinfectantes, pero aquí tenemos la posibilidad de usar tiras insecticidas, que colgaremos o depositaremos en alguna parte.

Con los ácaros rojos precisamente, las tiras insecticidas nos han mostrado que estos parásitos se ocultan en grietas inaccesibles y que son inalcanzables para los pulverizadores. El gas diclorvos de las tiras insecticidas, en cambio, se expande por todas partes.

En su aplicación se deben tener en cuenta las instrucciones para su uso. Hay que preocuparse de ventilar el lugar diariamente para que entre aire fresco y la sustancia activa no se concentre demasiado. Las tiras tampoco deben dejarse allí durante todo el tiempo que tienen de duración (de tres a cuatro meses).

Todos los parásitos son exterminados en pocos días. Así, tras una semana como máximo, puede volver a guardarse en su embalaje. Si lo cerramos con cinta adhesiva, la tira conservará su eficacia y podrá colgarse de nuevo durante una semana al mes como medida preventiva.

Ascárides

Sólo las tórtolas y las codornices se ven afectadas por las ascárides (Ascandia). Ingieren junto con la comida del suelo los huevos de estos gusanos. Como no hay necesidad de huésped intermediario, los gusanos se multiplican en el intestino delgado de las aves.

Al principio, la infección no se nota en absoluto, pero más tarde los síntomas que muestran son  diarrea, el plumaje erizado, se adelgazan y se vuelven indolentes. También se les pueden paralizar las alas y las patas, debido a los venenos liberados por las ascárides.

Finalmente se multiplican tanto que ocupan todos los intestinos llegando incluso a obstruirlos, lo cual tiene como consecuencia la muerte del ave. En los excrementos de las aves el veterinario puede observar la presencia de los huevos de ascárides.

Un tratamiento con un preparado de piperazina o tetramisol las liberará fácilmente de estos parásitos. Sin embargo, en infecciones muy graves, es mejor no administrar toda la dosis del medicamento, sino menos y poco a poco, ya que, al ser matados todos los parásitos de una vez, podría producirse una oclusión intestinal y, por lo tanto, la muerte.

Para evitar las infecciones de ascárides son necesarias algunas medidas preventivas: los suelos de las pajareras cuya cubierta sea natural deben renovarse dos veces al año hasta la profundidad de la pala.

Como los huevos de las ascárides son muy resistentes y longevos soportan la humedad, la aridez, el calor e incluso las fuertes heladas. Así pues, sólo es eficaz renovar la tierra.

Evidentemente es mejor una pajarera con el suelo cubierto de losas de piedra o de hormigón. En estos suelos no sobreviven tan bien los huevos, sobre todo cuando la arena y la tierra que se aporten, se renueva a menudo.

Aspergilosis

Esta enfermedad la provocan las esporas de un hongo, sobre todo Aspergidas Jiimigatus, que se asientan en la boca y en el aparato respiratorio de las aves. Allí pueden formar verdaderos céspedes que crecen cada vez más. Esto provoca trastornos respiratorios en el ave afectada, con silbidos, estornudos y toses. En casos de gravedad llegan incluso a morir asfixiadas.

Las que corren más riesgos son las aves recién importadas de las pluvisilvas tropicales, que carecen de defensas ante estos hongos. También los jóvenes de estas especies, criados aquí enferman con más frecuencia que los otros. Sin embargo, en principio, todas las aves exóticas pueden enfermar de aspergilosis.

La mejor protección es la comida fresca, sin polvo y tener las jaulas y las pajareras limpias. Estos hongos pueden proliferar principalmente allí donde convergen suciedad, humedad y calor. También se multiplican con rapidez sobre la comida estropeada.

Hay algunos medicamentos que apenas si pueden mejorar a las aves si reconocemos la enfermedad por los síntomas descritos anteriormente. En una fase muy temprana puede contribuir a la eliminación efectiva del hongo la administración varias veces al día de anfotericina B y otros productos nuevos. No obstante, apenas si es factible, sobre todo con las aves muy pequeñas.

Candidiasis de las aves exóticas

El blastomiceto Candida albicans causa la candidiasis en las aves exóticas. Es una enfermedad de la parte superior del sistema digestivo, en la que se forman incrustaciones pálidas y gris amarillentas en el esófago, el buche y también en la garganta de las aves afectadas.

Otro síntoma inequívoco es que en las cavidades del pico aparecen unas secreciones viscosas de las que el ave trata de librarse sacudiendo la cabeza a un lado y a otro. Así el plumaje de la cabeza se va ensuciando cada vez más. Aparecen otros síntomas: pérdida de apetito, adelgazamiento, problemas respiratorios, pereza y diarrea con heces verdosas.

Si sólo están afectadas las cavidades del pico y la garganta, a menudo van muy bien unas pinceladas efectuadas por el veterinario. En casos más graves hay que administrar medicamentos según prescripción facultativa. En esta enfermedad tienen muy buenos efectos las vitaminas A, B y K. Con la candidiasis no se debe emplear antibióticos bajo ningún concepto.

Coccidiosis

La coccidiosis es para muchos aves tropicales una de las peores enfermedades intestinales, con frecuencia mortal. La causan los coccidios, microscópicos parásitos unicelulares que viven principalmente en la mucosa intestinal.

Cuando las circunstancias les son favorables, se multiplican de manera explosiva provocando con frecuencia una muerte repentina. Incluso el veterinario llamado urgentemente llega demasiado tarde. En la mayoría de los casos, las aves van consumiéndose lentamente.

Los principales síntomas de la coccidiosis son: diarrea, a menudo con sangre, el vientre está muy hinchado y a la vez se adelgazan, tienen el plumaje ahuecado, es decir, están “embotijadas”. El veterinario puede constatar rápidamente, sirviéndose del microscopio, la presencia de huevos (oocitos) de coccidios en una muestra de excrementos.

Para tratar la coccidiosis se recetan sulfonamidas. Después de su administración tres veces al día con el agua para beber, se les dará durante dos días vitaminas A y D3. A continuación se les vuelve a administrar el medicamento durante tres días más y se les vuelve a dar el complejo multívitamínico.

La mejor protección contra la coccidiosis es la limpieza y una desinfección regular. Hay que lavar a fondo cada día los comederos en los que se pone la comida blanda o de cría, las frutas o cualquier otra comida húmeda, así como los bebederos y bañeras y, si es posible, incluso cambiarlos por otros limpios y secos.

En la jaula o en la pajarera no ha de haber ningún lugar húmedo, sea por el agua para beber, la del baño o los excrementos húmedos. Para las grandes limpiezas periódicas, el agua caliente con la adición de un buen desinfectante es también una buena medida preventiva contra los f cocddios.

Conjuntivitis en pájaros tropicales

En nuestras aves exóticas de lindos colores, la conjuntivitis la provocan las corrientes de aire, el humo del tabaco, los desinfectantes fuertes, la comida cubierta de polvo y los posaderos sucios. Irritaciones pequeñas pueden ser infectadas en seguida por las bacterias y, si son tratadas demasiado tarde, llegan a hacerse crónicas fácilmente.

Entre los síntomas de la conjuntivitis en los pájaros tropicales e observa que las conjuntivas se inflaman, empiezan a lagrimear y a pegarse, sobre todo por la noche. En este caso puede aliviar el agua bórica o una infusión de manzanilla, aplicadas suavemente en los ojos. Si se forma pus y una costra dura, es necesaria la intervención del veterinario. Entonces se les receta también una pomada antibiótica.

Conmoción cerebral

Cuando un ave vuela impetuosamente en la habitación y choca contra un cristal de la ventana o un espejo, puede sufrir una conmoción cerebral, lo mismo que si se estrella contra los barrotes o la rejilla metálica de una pajarera. Esto último sucede frecuentemente por la noche, cuando, por ejemplo, los gatos o las lechuzas espantan a las aves.

Con frecuencia, después del golpe, el ave no sólo queda atontada, sino que pierde el conocimiento. Si no vuelve rápidamente en sí, muere, sobre todo a causa de las hemorragias producidas en el cerebro.

Para restablecerse, el ave necesita reposo absoluto. Es mejor trasladarla a la jaula enfermería y colocar en ella la comida y el agua en recipientes planos. Nada más podemos hacer por ella. Sólo el tiempo puede curarle la conmoción.

Diarrea en pájaros exóticos

La diarrea la produce, además de las salmonelas, los cocddios y Escherichia coli, la comida estropeada o intoxicada. No debe quedar ningún resto de alimento en mal estado junto a las aves.

La comida verde y la fruta, sobre todo si han sido compradas, pueden haber sido rodadas con conservantes. Éstos pueden matar a nuestras aves y producirles diarrea en los casos más sencillos. Antes de ofrecérselas se deben lavar. Contra estas intoxicaciones son útiles una infusión de manzanilla y carbón para aves.

Existe un tipo de diarrea se da cuando un ave ha sido atrapada. Debido a la excitación, todos los compañeros de ésta excretan heces líquidas, que desaparecen poco tiempo después.

Dificultades en la muda

Normalmente las aves exóticas mudan una vez al año, algunas incluso dos veces. Durante un periodo que va de cuatro a ocho semanas cambian todo el plumaje, pues el antiguo ya está gastado y algunas plumas estropeadas o rotas. Sin la muda, el ave perdería su capacidad para volar.

La mayoría de las veces, una alimentación insuficiente causa dificultades en la muda. En especial, la falta de sustancias minerales provoca la “falsa muda”, es decir, una paralización de ésta.

También pueden faltar vitaminas o luz solar. Si el aire de la habitación es demasiado seco o se fuma mucho allí, también pueden presentarse estas dificultades. Un ave con falsa muda presenta un plumaje defectuoso, incompleto, a menudo incluso con zonas sin plumas. Pierde constantemente algunas plumas, pues no muda de forma correcta. A menudo está posada indolentemente, suele dejar de cantar y es evidente que no se encuentra bien.

Si alimentamos al ave adecuadamente, le proporcionamos abundantes sustancias minerales y le procuramos un alojamiento luminoso, a ratos soleado, nunca tendremos ocasión de verla sufriendo estas dificultades. Así, año tras año, puntual y fácilmente, quedará revestida de su nuevo y soberbio plumaje.

Dificultades en la puesta

Puede ocurrir que una hembra sea incapaz de poner el huevo ya formado. Esto se debe a diversos motivos, por ejemplo la hembra es todavía muy joven. La cloaca puede ser todavía muy estrecha o la musculatura muy débil para empujar el huevo hacia el exterior.

Si las hembras de algunas especies pequeñas en libertad ya crían a los cinco o seis meses de edad, debemos dejar que las nuestras cumplan entre los nueve y los doce meses para hacerlo. Un descenso súbito de la temperatura, sobre todo en una pajarera de jardín, posiblemente haría que la musculatura de la hembra se tornase rígida y que el huevo no saliera.

Incluso las molestias que soporta en el nido pueden provocar también la retención del huevo. A veces se trata de un huevo sin cáscara que no puede ser expulsado del oviducto porque su superficie no ofrece resistencia. Este tipo de dificultad se debe a la falta de calcio, bien porque no se le ha pro proporcionado sustancias minerales en abundancia, bien porque padece de algún trastorno metabólico.

Una hembra que haya criado ya muchas veces puede agotarse repentinamente y tener cualquiera de estos dos tipos de dificultades. Las hembras jóvenes sólo deben hacer dos puestas por temporada, a lo más tres. Después es necesaria una fase de reposo de medio año por lo menos.

En algunas parejas basta con retirar de la jaula o de la pajarera el material para anidar. En otras hay que mantener separados a machos y hembras, ya que, de lo contrario, se sienten estimulados a criar.

En tales casos, la hembra se limita a ir poniendo en el suelo no raramente hasta agotarse o incluso hasta perecer por retener el huevo. Cuando se presenta este problema, se reconoce en seguida.

La hembra se posa con el plumaje ahuecado, como “embotijada”, sobre todo en el suelo, pero no oculta la cabeza en el plumaje como cuando está enferma. Es evidente que sufre grandes dolores, tiembla y sacude la cola.

A menudo ya no está en condiciones de llegar a una rama o a un posadero cercano. Si no la ayudamos rápidamente puede morir en pocas horas. A veces, la tortura puede durar más tiempo, incluso dos días.

El abdomen de la hembra está grueso y enrojecido tanto por el huevo como por la hinchazón. Presionando suavemente con el dedo, se nota en general si se trata de un huevo sin cáscara o si la cáscara es dura o blanda.

Con un poco de aceite podemos frotar con suavidad en tomo a la cloaca. Gracias al aceite caliente, que también aplicaremos en la cloaca, y al suave masaje, el huevo sale a veces pasados unos minutos, mientras tenemos el ave en las manos. Si sometemos a la vez la cloaca al calor de una lámpara infrarroja, todavía es mucho más probable que el huevo salga con rapidez.

También podemos envolver a la hembra en un paño húmedo de modo que sólo sobresalga la cabeza. Este método es más apropiado para las especies grandes. En estos casos, la hembra suele expulsar el huevo en seguida.

Si es necesario hay que envolver a la hembra en una toalla acabada de calentar cada cuarto de hora. Asimismo no sólo como medida preventiva, sino al presentarse el problema, reconocible ya en su fase inicial, basta a menudo con mantener una temperatura aproximadamente de 35 °C, que se consigue instalando un radiador de infrarrojos en algún punto de la jaula o de la pajarera.

Otro método mucho más fácil es poner entre dos baldosas un calentador de caja nidadera y colocar encima un gran comedero. La hembra busca el calor, tal vez coma un poco, caldea su vientre y acaba volando hacia el nido para poner el huevo. A veces deja ya el huevo en el comedero.

Para evitar estas situaciones, las hembras deberían tener una temperatura constante en el lugar’ donde crían. Además, a la comida blanda o a los germinados diarios habría que añadirles algún preparado de cal y, eventualmente, una gota de aceite de hígado de bacalao. Como los germinados y la comida blanda se preparan a diario, no hay que temer el enran- ciamiento del aceite, lo cual ha de evitarse a toda costa. Por eso sólo se debe comprar* botellas pequeñas de aceite de hígado de bacalao y conservarlas en el frigorífico.

Estreñimiento

El estreñimiento puede producirse cuando un ave recién importada, como las cacatúas, guacamayos o loros, después de un viaje sin arena ni conchas desmenuzadas, las consume de pronto y en gran cantidad. Lo mismo puede pasar cuando ha estado en la jaula enfermería con papel secante en lugar de con arena y conchas desmenuzadas y, en consecuencia, siente una gran voracidad por ellas.

Por eso es preciso que haya un comedero con estas sustancias en la jaula enfermería, ya que las piedrecitas y las conchas son para la digestión (para triturar los granos en la molleja) tan vitales como el apone de minerales.

También los molívoros pueden padecer de estreñimiento. Si consumen en gr an cantidad plumas u otras sustancias difíciles de digerir, la evacuación de los intestinos presenta dificultades.

Un buen remedio para aliviar un estreñimiento en las aves exóticas es administrarles una gota de aceite comestible o de hígado de bacalao y masajear con otra gota la cloaca. En casos más serios se empleará, en vez de los aceites mencionados, aceite de parafina o de ricino.

Los movimientos de balanceo y presión de un ave estreñida son verdaderamente inconfundibles, pero algunos principiantes los confunden fácilmente con los movimientos que realizan cuando tienen diarrea o dificultades en la puesta, los cuales a menudo se parecen.

Fracturas óseas

Con relativa frecuencia las aves pequeñas se rompen un ala o una pata. Esto no sólo les ocurre a nuestras aves, sino también a las que viven en la Naturaleza en su hábitat natural. Si en la zona hay alguien conocido como “médico de aves”, recibirá bastante a menudo la visita de pacientes con extremidades rotas.

En nuestro hogar casi siempre los responsables de estos accidentes son toda una serie de puntos peligrosos que existen tanto en las jaulas como en las pajareras: los adornados barrotes de jaulas especialmente “bellas” o la rejilla metálica que no se ha preparado bien en los ángulos de la pajarera. También donde se han colocado accesorios en los barrotes o en la rejilla puede quedar colgada el ave de una pata o de un ala.

Una fractura de ala se produce fácilmente cuando el ave se ha asustado y se estrella contra la rejilla metálica de la pajarera, o, cuando volando libremente en la habitación, va a parar contra el cristal de la ventana.

Si, después de la fractura, el ala no cuelga, sino que se mantiene con relativa normalidad, en general no es necesario vendarla. El ave no puede volar, pero en dos o tres semanas la fractura habrá sanado.

Entonces intentara volar, y lo logrará la mayoría de las veces. Si presenta leves dificultades al hacerlo, no resultará muy trágico para ella, mientras que para las que viven en libertad, esto les supondrá casi siempre la muerte.

No obstante, si el ala rota tiene una postura anómala o queda colgando hay que volverla a su posición normal y fijarla al cuerpo con cinta adhesiva. Para que el ave no aletee innecesariamente y pierda el equilibrio, se vendará el ala sana del mismo modo.

Si se retiene al paciente en un lugar tranquilo, en una jaula enfermería o en otra jaula pequeña con un solo posadero junto al suelo durante dos o tres semanas, la fractura sanará y podremos quitarle el vendaje.

Aunque hayamos obrado cuidadosamente, perderá unas cuantas plumas debido a la cinta adhesiva. Luego dejaremos al ave unos días más en la jaula enfermería y le pondremos dos posaderos a una cierta distancia a fin de que aprenda a usar de nuevo las alas. En la mayoría de los casos podrá ser trasladada entonces a su pajarera o jaula habitual.

Caso de fracturarse una pata, actuaremos del mismo modo. Para entablillar el miembro roto tomaremos una pajita abierta (la piel tolera menos las de plástico, utilizadas para beber) y la envolveremos con hilo de coser.

No puede quedar ni muy apretada (la pata podría cangrenarse) ni demasiado floja (la pata no quedaría inmovilizada). Se sellarán los extremos anudados con un poco de pegamento para que el ave no pueda tirar del hilo. Luego tendremos al paciente durante dos o tres semanas en la jaula enfermería, sin posadero o sólo con uno, que estará prácticamente sobre el suelo.

Si no tenemos práctica o no nos atrevemos a tratar una fractura ósea, no vacilemos en llevar el paciente al veterinario. Tampoco debemos entablillar roturas demasiado complicadas; es mejor dejarlas en manos del especialista.

Aun así no hay que desahuciar demasiado pronto a ningún ave con mía fractura ni narcotizarla para matarla. Aunque queden secuelas físicas, tendrá ganas de vivir. En muy poco tiempo casi siempre se las arreglará muy bien con su defecto.

Gota

La gota se manifiesta en las aves exóticas canoras y, por lo tanto, más raramente en las tórtolas y en las codornices. Las aves viejas y las que se mueven poco son las más amenazadas. También una alimentación demasiado rica en proteínas, con muchas semillas oleaginosas y mucho huevo pueden facilitar su aparición, así como la carencia de vitamina A.

La gota es consecuencia de trastornos metabólicos en los que se produce un mal funcionamiento de los riñones, que no excretan todo el ácido úrico. Hay dos tipos de gota: en uno, sólo reconocible si se hace la autopsia al ave, resultan afectados todos los órganos.

Se han formado depósitos blancos sobre los riñones y en su interior y, con frecuencia, sobre el hígado y el pericardio. La vejiga de la orina está obstruida por una crema blanca casi sólida.

En el otro tipo, esta crema blanca se deposita en los dedos, las patas y las articulaciones de las alas. Se originan los llamados tofos. Éstos provocan dolores, cojera y a menudo pocas ganas de volar.

Los depósitos de ácido úrico se solidifican y pueden extirparse quirúrgicamente en las especies grandes. Hay fármacos que, añadidos al agua para beber, son útiles en ambos tipos de gota.

En lo referente a la dosis hay que consultar al veterinario, que es el que también receta el medicamento. Contribuye también favorablemente la vitamina A, así como mucha comida verde.

En cambio, se deben disminuir los alimentos con proteínas en pequeñas dosis a la comida blanda. A dosis más altas mueren todos los gusanos de una vez y, en algunas circunstancias, las aves al toser no los expulsan con la suficiente rapidez y pueden ahogarse. Nuestro veterinario fijará las dosis y dará las indicaciones precisas.

Gusanos de la tráquea

Las aves infectadas por estos gusanos (Syngamus trachea) con mucha frecuencia bostezan, se ahogan, tosen, estornudan y tienen problemas respiratorios. Con sacudidas tratan de librarse de los gusanos y de las espesas mucosidades provocadas por ellos.

Si estos gusanos de color rojo brillante, se multiplican más, obstruyen la tráquea y asfixian a las aves. También producen inflamaciones y hemorragias en la tráquea.

En general, los que corren más peligro de ser parasitados por estos gusanos son los molívoros que viven en pajareras de jardín y consumen lombrices de tierra o caracoles. No se les debería dar de comer.

Sin embargo, el contagio se produce también a través de los huevos de los gusanos que, en los excrementos de las aves libres, caen dentro de la pajarera. Cuando el tiempo es húmedo y cálido, los huevos se conservan largo tiempo en el suelo, y las aves infectadas los excretan en masas.

Al ingerir los huevos con la comida, se producen infecciones aún mayores. Así pues, ni las lombrices ni los caracoles son necesarios como huéspedes intermediarios.

El nombre que a veces reciben estos parásitos de “gusanos ahorquillados” se debe a que el macho, que es más pequeño (sólo mide 2-6 mm de largo) cuelga siempre de la hembra, de unos 15-20 mm de largo. Así ambos parecen un solo gusano con dos cabezas.

Una medida preventiva importante es mantener I limpio y seco el suelo de la pajarera de jardín. Ésta debería estar provista de un tejado para r impedir que cayeran en su interior los excrementos de aves infectadas. Hay medicamentos eficaces para las aves pequeñas que se añaden.

Gusanos filiformes

Especialmente las codornices y todas las aves canoras pueden padecer mucho a causa de estos gusanos (Capillaria). Se desarrollan tan bien en el suelo cálido y húmedo de la pajarera de jardín como las ascárides. Las aves ingieren los huevos y los excretan en cantidades cada vez mayores. Las larvas minan la mucosa de la garganta, del buche y del intestino delgado haciendo que se inflamen y provocando diarrea y adelgazamiento.

La prevención y el tratamiento han de llevarse a cabo tal como se describe en el apartado “Ascárides”. Afortunadamente, los gusanos filiformes y sus huevos no son tan resistentes y longevos como los de las ascárides.

Infección por colibacterias

La colibacteria gramnegativa (Escherichiia coli) puede causar inflamaciones intestinales sobre todo en las aves granívoras y frugívoras, mientras que, en muy raras ocasiones, resultan afectadas las carnívoras e insectívoras.

Estas aves albergan siempre colibacterias gramnegativas en los intestinos, en tanto que las aves restantes contienen en su flora intestinal bacterias grampositivas. Las aves son infectadas de diferentes maneras.

La comida verde puede ensuciarse con las heces de ratones, ratas, conejos, perros, gatos, vacas, etc.; al grano mal almacenado pueden llegar también los animales citados y ensuciarlo con orina y excrementos.

Portadoras especialmente peligrosas de cepas de estas bacterias son las moscas domésticas y las moscardas o moscas de la carne. Si se dan a las aves, como alimento vivo, moscas y cresas de éstas debe hacerse con una papilla esterilizada especial, ya que de lo contrario ingerirían bacterias de E. coli en masa. Asimismo, cualquier otro alimento vivo puede tener gran cantidad de colibacterias.

Estos microorganismos se multiplican en el intestino con enorme rapidez, son excretados con las heces e ingeridos de nuevo con la comida y también con el polvo circundante. Las aves en general son muy resistentes a ellos y sólo enferman, aunque levemente, los jóvenes y los adultos débiles.

La mayoría de las veces la infección se detecta en forma de trastorno intestinal con diarrea. Sin embargo, pueden infectar las vías respiratorias provocando inflamaciones en los pulmones. Algunas aves afectadas tienen pocas ganas de moverse y parálisis.

Estudiando los excrementos pueden descubrirse los causantes de la enfermedad y también con la autopsia. Como las colibacterias se han hedió resistentes a muchas sustandas, no es fácil encontrar el antibiótico apropiado contra ellas.

Es eficaz la sulfonamida. Como medida preventiva hay que mantener d máximo de limpieza. Sobre todo se han de retirar a su debido tiempo todos los restos de comida verde, fintas y comida blanda y lavar los comederos. Lo mismo se hará con los bebederos y las bañeras.

Ionización

El aire, sobre todo en los bosques tropicales, en las montañas, junto a los saltos de agua y los lagos, se nota especialmente fresco. Esto se debe a que contiene oxígeno y es rico en iones negativos. En cambio, en espacios polvorientos, con humo y calefacción, hay más iones con carga positiva. Por eso el aire tiene menos oxígeno.

En él hay grandes cantidades de partículas en suspensión, especialmente de polvo, pero también virus, bacterias y esporas de hongos, que pueden producir enfermedades en nuestras aves exóticas.

A la larga acaban no sintiéndose bien en esta atmósfera polvorienta. Al volar de un lado a otro levantan más polvo y partículas de plumas. Estas últimas son las responsables de que muchos hayan tenido que abandonar su afición, porque el polvo de las plumas les produce alergia.

Desde mediados de la década de los ochenta se conocen unos pequeños aparatos eléctricos que ceden constantemente al exterior iones con carga negativa a través de una o más agujas. De esta manera cambia la estructura del aire.

Los iones positivos, que estaban en el polvo en suspensión, disminuyen y son sustituidos por iones negativos. Estos atraen a todas las partículas citadas haciendo que se aglomeren y caigan en el suelo o se depositen en las paredes, sobre todo cerca del ionizador.

Con un aparato de este tipo, que es pequeño y barato, que no emite ruidos y apenas si gasta energía, tendremos para nosotros y nuestras aves una atmósfera no sólo fresca y limpia, sino también salud.

En especial, las enfermedades infecciosas aerógenas (es decir, transportadas por el aire) que antes habían diezmado a todo un grupo de aves, apenas si aparecen allí donde se han instalado ionizadores.

Asimismo, han disminuido muchas enfermedades respiratorias causadas por el polvo contenido en el aire y las infecciones fúngicas. Finalmente, el ionizador ejerce un efecto beneficioso sobre la fecundidad, la eclosión y el crecimiento de los jóvenes.

La instalación de ionizadores favorece tanto a los aficionados a las aves que sufren de ataques de asma y de otras alergias debido al polvo de las plumas, como a los que pueden disfrutar del aire puro y libre de polvo y olores que proporcionan estos aparatos en los espacios cerrados.

Jaula enfermería

Para finalizar este apartado sobre las enfermedades de las aves exóticas y cómo prevenirlas queremos explicarte que es una “jaula enfermería”  y por qué es aconsejable emplearla si tiene a una de tus mascotas voladoras enfermedas.

Podemos utilizar como jaula enfermería cualquier jaula pequeña. Tendrá rejas en todo alrededor y podrá cubrirse con un trozo de tela, mientras que la parte delantera podrá ser irradiada con luz infrarroja en caso de necesidad.

Colgaremos un termómetro en un barrote para controlar la temperatura. También puede acondicionarse y utilizarse una pequeña jaula tipo caja como jaula enfermería.

No obstante, en las jaulas normales hay defectos que no pueden darse en este tipo de jaulas. Así, es preciso una fuente de calor regulable y continua, que tampoco debe venir unilateralmente de un radiador.

Por este motivo, la jaula enfermería suele tener dos suelos. Entre ellos están instaladas una o dos bombillas o un cable calefactor (como en los terrarios). Dependen de un termostato para mantener la temperatura constante.

Ambos suelos han de poder sacarse con facilidad, y el superior tiene que constar de una rejilla o mi cajón. Así, los excrementos caerán en el papel que se halla en el cajón inferior.

Lo cual es importante para evitar nuevos contagios a través de dichos excrementos o para recoger muestras de ellos a fin de examinarlas. Si ponemos otro cajón arriba podemos poner cualquier tipo de revestimiento en el suelo (según la enfermedad del ave) o también papel secante (cuando se utilicen pomadas).

Los posaderos tendrían que cambiarse o suprimirse por completo. Esto último es importante para las aves con las extremidades rotas. Además, deslizando muy cerca de su cabeza una lámina perforada de plexiglás o una rejilla, impediremos que vuele.

Una lámina de plexiglás o un enrejado metálico podrían constituir la parte delantera de la jaula enfermería, así como el techo deslizable. Si en la parte superior de una pared lateral hay agujeros de ventilación, puede conseguirse con las diferentes partes de la jaula cualquier temperatura, cualquier humedad, es decir, el clima deseado. De este modo se podrá utilizar también fácilmente para cada especie como jaula de aclimatación o de cuarentena.

Una iluminación débil junto al techo, al igual que un radiador de calor negro Elstein de 60 vatios completarán la instalación. El radiador de calor negro incorporado, que siempre podrá desconectarse, es tan eficaz para la radiación infrarroja como una lámpara de luz roja de 250 vatios.

Debe probarse cuidadosamente su distancia con respecto a la jaula enfermería. Sólo es eficaz a través de una parte delantera con rejas y puede calentar fácilmente a las aves. El radiador Elstein, por el contrario, puede fijarse a través de un termostato a una temperatura determinada, exactamente igual a la temperatura del suelo.

Los comederos y bebederos han de ser asequibles y de arcilla vidriada, con una ventana corredera lateral lo bastante grande como para que quepa la mano.

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