Las 7 maravillas del mundo antiguo

Lo primero que debes saber es que las siete maravillas del mundo antiguo eran un conjunto de monumentos diferentes entre sí y de época diversa que tenían en común el hecho de ser una maravilla. Esto es, eran capaces de inspirar respeto y admiración ante cuantos los contemplasen. En CurioSfera.com te queremos explicar todo sobre estas 7 construcciones asombrosas de la antigüedad.

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Cuáles son las 7 maravillas

En este punto te preguntarás: ¿cuáles son las 7 maravillas del mundo antiguo? ¿Quién elaboró esta lista? Lo primero de lo que debes ser consciente es que tal distinción respondía a un criterio basado en diversos aspectos. Esto es: lo imponente de las dimensiones (la mayor edificación en piedra), la magnificencia (las esculturas más ricamente decoradas), el reto técnico (la construcción más alta en bronce), o bien una suma de todo ello.

que son las 7 maravillas

La idea de reunir en una lista definitiva las mayores maravillas surgidas jamás de las manos del hombre se remonta, en el mundo occidental, hasta como mínimo los antiguos griegos. Ya el propio Herodoto, historiador del siglo V a. C. , menciona “las tres mayores obras existentes en tierras griegas”, a saber: el acueducto túnel, el muelle del puerto y el gran templo de Hera, todas ellas en la isla de Samos.

Por lo tanto, el listado de las siete maravillas del mundo antiguo es:

  1. Las pirámides de Guiza
  2. Los jardines colgantes de Babilonia
  3. El templo de Artemisa
  4. La estatua de Zeus
  5. El mausoleo de Halicarnaso
  6. El coloso de Rodas
  7. El faro de Alejandría

De hecho, el motivo tradicional de las siete maravillas no es más que una extensión de esta idea ya formulada por el gran historiador griego. En realidad, la primera referencia a las siete maravillas data del periodo helenístico, justo después de las campañas del rey Alejandro Magno, oriundo de Macedonia, con las que anexionó a un imperio cada vez más políglota y helenizado, tierras pertenecientes a civilizaciones anteriores a la griega, como fue el caso de la egipcia, la babilónica y la persa.

Pero veamos ya una por una y con detalle cada una de las 7 maravillas del mundo antiguo:

Las pirámides de Guiza

DE LAS SIETE MARAVILLAS del mundo antiguo, tan solo han llegado hasta nosotros las pirámides de Guiza, unas inmensas moles de piedra que, si bien han perdido gran parte del recubrimiento original de piedra caliza blanca y de los templos que las rodeaban, todos ellos en ruinas, todavía hoy en día continúan asombrando a quien las contempla.

maravilla mundo antiguo conserva pirámides giza

De hecho, constituyen uno de los logros arquitectónicos más impresionantes de la historia, y las técnicas de construcción que se emplearon para levantarlas continúan siendo en la actualidad tema de controversia.

En realidad, en Egipto hay más de ochenta pirámides, construidas todas ellas en una amplia franja cronológica de unos mil años, pero son sin duda las de Guiza las de dimensiones más imponentes, así como las mejor conservadas gracias a la solidez de sus cimientos.

Las mandaron erigir tres reyes de la Dinastía IV, Quéope (también llamado Keops o Khufu), Quefrén y Micerino, y de las tres la más grande es la pirámide de Keops o Quéope (hacia 2551-2528 a. C.), que durante cerca de cuatro mil años fue el monumento más grande jamás construido.

infografía maravillas del mundo antiguo pirámides de Giza

Al aproximarse a estos colosales monumentos, se reduce la sensación aparente de altura como consecuencia de sus formas angulosas e inclinadas, engañosas a simple vista, pero tan pronto como se empiezan a comparar de acuerdo con una escala de medición conocida, estas gigantescas obras de arte recuperan toda su inmensidad.

Significado de las pirámides de Guiza

Las pirámides egipcias de los imperios Antiguo y Medio no eran sino tumbas reales a escala gigantesca. Gracias a su solidez y volumen, resultaban ideales para proteger el cuerpo del rey, si bien es más que probable que en la elección de la estructura piramidal influyesen consideraciones de carácter más bien simbólico.

historia de las pirámides de giza
Reproducción del aspecto que tendrían las pirámides de Giza

Así, se creía que la pirámide debía facilitar la ascensión del rey al cielo, de ahí que su peculiar forma se concibiese como una enorme rampa hacia el mismo. Por otro lado, se asociaba también con el túmulo primigenio que emergió de entre las aguas del caos durante la creación del mundo.

Asimismo, la pirámide constituía un símbolo solar, en tanto que concretaba en piedra el sentido oblicuo de los rayos del sol cuando atraviesan las nubes. Sea cual sea la interpretación más pertinente de la estructura piramidal, de lo que no cabe duda es de que lo que pretendían los antiguos egipcios era levantar una estructura lo más grande posible, y en ese sentido una pirámide cimentada sobre sólidos bloques de piedra era la mejor de las opciones.

En sí misma, la pirámide era tan solo una parte de todo el complejo funerario real. Así, solía ir acompañada de un templo funerario en la cara este, que a su vez se comunicaba con un segundo templo situado en las proximidades del no por medio de una larga avenida decorada con relieves.

Precisamente cuando Heródoto visitó Guiza allá por el siglo V a. C., la avenida de Quéope, flanqueada por unos muros decorados con relieves casi tan impresionantes como las propias pirámides al decir del gran historiador griego, se encontraba todavía en un excelente estado de conservación.

Preparativos antes de construir una pirámide

La elección del emplazamiento definitivo respondió a una decisión perfectamente estudiada. El hecho de que se decantasen por la llanura de Guiza se debió probablemente a su privilegiada ubicación en la cara sur del valle del Nilo, y el que eligiesen la orilla occidental respondía a la asociación del oeste con la puesta del sol y la muerte.

cómo se construían las pirámides
Cada bloque de piedra pesa una media de 2,5 toneladas

Además, la piedra caliza del terreno constituía una sólida base capaz de soportar sin problemas el enorme peso de tamañas estructuras, al tiempo que proporcionaba abundante material para edificar el centro compacto de las mismas.

Una vez elegido el emplazamiento definitivo, éste se acondicionó para las obras. Lo primero que se hizo fue eliminar las irregularidades y nivelar el suelo para facilitar el paso de los obreros.

Según parece, los antiguos egipcios utilizaban herramientas muy sencillas, como escuadras y plomadas, y sin embargo alcanzaban con ellas unas cotas de precisión realmente asombrosas, tal como lo demuestra el hecho de que en la base de la pirámide de Quéope haya tan solo un desnivel de unos 2 cm.

La superficie del terreno que había de ocupar la base de la pirámide se cavó para dotar a ésta de cimientos, si bien se dejaron intactas las formaciones rocosas que quedaban dentro del perímetro excavado para proporcionar una sólida base a los bloques de piedra de los niveles inferiores.

Después de acondicionar el emplazamiento, los supervisores trazaron en el suelo la forma perfecta de un cuadrado, delimitando así la base de la pirámide. Cada pirámide estaba cuidadosamente alineada con respecto a las otras, de modo que las diferentes caras mirasen a los cuatro puntos cardinales.

Primero se orientó la cara este o la oeste con respecto al norte, valiéndose para ello de las estrellas del círculo polar. Una vez más, los artesanos egipcios hicieron gala de una precisión sin igual, pues las caras de la gran pirámide de Keops se desvían del norte verdadero una media de tan solo tres minutos de grado. Una vez se hubo orientado la primera cara, se procedió a delimitar sobre el terreno las otras tres por extensión geométrica.

En los últimos años han proliferado las teorías acerca del significado de la disposición en diagonal de las tres grandes pirámides de Guiza, cuando lo más probable es que dicha disposición no respondiese en realidad a ninguna finalidad preestablecida.

Cada una de las tres pirámides mayores se construyeron en épocas diferentes y respondían a proyectos independientes entre sí. Además, el resto de los edificios anexos a cada una de ellas no guardan relación alguna entre sí, tal como cabría esperar según esas teorías.

En realidad, la disposición en diagonal de las pirámides no es más que la consecuencia lógica de un proceso de construcción por el que se tendía a orientar cada una de dichas pirámides al norte verdadero, de ahí que se construyeran en sentido oblicuo en relación con las estribaciones de la llanura y se ubicasen algo por detrás con respecto a la pirámide inmediatamente anterior para de ese modo conservar la alineación y tener al mismo tiempo una perspectiva sin obstáculos de las estrellas del norte con el fin de lograr así la máxima precisión en la orientación.

Extracción y transporte de los bloques

Los bloques que se emplearon para edificar el centro de la gran pirámide de Quéope se extrajeron de unas canteras situadas justo al sur de la pirámide, valiéndose para ello de las mismas técnicas empleadas para excavar la zanja alrededor de la Esfinge.

cómo se construyó la gran pirámide

No obstante, parece ser que los responsables de la obra estimaron que la piedra caliza de la zona no reuma la calidad suficiente, así que optaron por hacer traer bloques de piedra caliza blanca de gran calidad procedentes de las canteras de Tura, al otro lado del río, a un puerto situado en las estribaciones de la llanura.

Los bloques de piedra caliza que se emplearon pesan una media de 2,5 toneladas, si bien van disminuyendo ligeramente de tamaño a medida que se asciende hasta la cima. Por otro lado, se trajeron bloques de granito procedentes de Asuán, a 935 km en dirección sur, para las paredes de la cámara funeraria

También de granito eran empleados para bloquear los corredores interiores con el vano propósito de disuadir a los saqueadores de tumbas. El granito se empleó también en el corredor inferior del centro de la pirámide de Quefrén, así como en al menos los dieciséis corredores inferiores de la de Micerino.

Una vez en el puerto, los bloques se trasladaban hasta la base de la pirámide por medio de una especie de patines deslizantes de madera y cuerdas (el número total de personas que tiraban de dichas cuerdas dependía lógicamente del peso de cada bloque).

En las excavaciones realizadas junto a una de las vías de acceso a una pirámide del Imperio Medio situada en Lisht se descubrió que dicha vía se componía de una serie de vigas de madera pulida, incrustadas dentro de una base de adobe solidificado, con lo que, de ese modo, se reducía de forma más que considerable la fricción de los patines al deslizarse.

Al contrario de lo que sostiene la creencia popular, en la construcción de las pirámides no participaron esclavos, sino obreros reclutados a la fuerza. Una parte del contingente era de carácter permanente, pero lo más probable es que la mayoría trabajase solo durante algunas estaciones, en especial durante el verano, cuando la crecida anual del Nilo impedía cultivar las tierras.

Junto a todo este conjunto de obreros, que eran los que realmente construían las pirámides, había un extenso entramado logístico consagrado a alimentar a los trabajadores. Un reciente estudio calcula que en la construcción de la pirámide de Quéope (Keops) participaron entre 20.000 y 30.000 mil obreros, que se alojaban en las inmediaciones.

Rampas y construcción de las pirámides de Giza

Uno de los temas más controvertidos acerca de la construcción de las pirámides es el modo en que se elevaban los bloques hasta su emplazamiento definitivo. De los diferentes métodos de elevación, palanca y arrastre propuestos hasta la fecha, la mayoría de los egiptólogos coinciden en señalar que se utilizaba algún tipo de rampa que se desmantelaba al finalizar la construcción.

la gran pirámide maravilla mundo antiguo
La gran pirámide era de color blanco

En Guiza no se ha conservado indicio alguno de que existieran dichas rampas, si bien los cascotes y la gravilla con que se rellenaron las canteras de Quéope sugieren tal posibilidad. Por otro lado, existen evidencias en otros emplazamientos que permiten sugerir la existencia de diferentes tipos de rampas.

No obstante, hay ciertas hipótesis que se pueden descartar por razones puramente prácticas, como la que sostiene la existencia de una rampa recta hasta la misma cima de la gran pirámide (no había suficiente espacio), o bien la de una en forma de espiral, ya que habría acabado erosionando las aristas de la pirámide hasta desfigurarla por completo.

Lo más probable es que se llevasen a la práctica diferentes soluciones técnicas para elevarlos bloques a medida que progresaba la construcción. Aproximadamente el 96 % del volumen total de la pirámide lo ocupan los dos tercios inferiores de la misma, por lo que lo más seguro es que se dispusiera una gran cantidad de rampas de pequeñas dimensiones que permitiesen un cómodo acceso de los bloques hasta los niveles en que se trabajaba.

Lógicamente, a medida que se ganaba altura, el flujo de provisión de bloques disminuía por la mayor inclinación de las rampas, y en lo más alto de la pirámide habría de recurrirse a no pocas dosis de improvisación para elevar y colocar los bloques.

Cada uno de éstos se modelaba una vez colocado en el emplazamiento definitivo, de manera que coincidiese a la perfección con los bloques contiguos. De hecho, los bloques de la capa exterior de la gran pirámide están tan próximos unos de otros que resulta imposible pasar una simple hoja de cuchillo entre ellos.

Los huecos resultantes se rellenaban con mortero de yeso, material que tal vez se utilizara también como lubricante para encajar con mayor facilidad los bloques. Lo más probable es que primero se colocasen los bloques esquineros de cada uno de los niveles para de ese modo asegurarse de que el resto de bloques intermedios quedasen perfectamente alineados.

Por otro lado, se medían constantemente las diagonales para que la estructura tuviese una forma cuadrada perfecta, al tiempo que se comprobaba que no hubiera la más mínima desviación en las esquinas.

El interior de las pirámides

La pirámide de Keops (Quéope) es única en lo que respecta a la complejidad de sus espacios interiores, donde hay un total de tres cámaras: una excavada directamente en el lecho de piedra situado bajo la propia pirámide, y dos más ubicadas en un nivel superior, dentro ya de la estructura piramidal.

cómo son las pirámides por dentro

La cámara del rey está recubierta toda ella con bloques de granito rojo procedentes de Asuán, y contiene en su interior un sarcófago labrado en ese mismo material. Encima hay cinco cámaras anexas rematadas en la parte superior con enormes travesaños de granito concebidos para desviar el peso de la pirámide del techo de la cámara funeraria principal.

En el caso de la gran galería que conduce a dicha cámara, se consiguió el mismo efecto metiendo ligeramente los bloques de arriba hacia abajo. De las dos cámaras superiores salen unos túneles estrechos de forma cuadrangular de unos 20 cm de ancho que apuntan directamente a Orion y a las estrellas del círculo polar, de manera que el “alma” del rey ya fallecido pudiese viajar hasta ellas.

Por otro lado, los arquitectos egipcios idearon una serie de elaborados mecanismos de rastrillo y sellado con la intención de bloquear el paso de los corredores de entrada, si bien los saqueadores de tumbas lograrían evitarlos más tarde perforando túneles a su alrededor.

Las cámaras interiores de las pirámides de Quefrén y Micerino se encuentran por debajo del nivel del suelo y se excavaron directamente sobre la roca de la base. La primera de estas dos pirámides cuenta tan solo con dos cámaras sencillas provistas de techos no comunicados entre sí, mientras que la de Micerino posee un entramado más complejo de cámaras (más pequeñas que las de Quefrén) y pasadizos, uno de los cuales está decorado.

Terminación de la pirámide

Si bien las aristas de los bloques de la capa exterior se modelaban una vez colocados éstos en el emplazamiento definitivo, la parte de piedra que quedaba hacia fuera no se trabajaba hasta haber concluido del todo la pirámide entera, ya que de ese modo el exceso de piedra protegía el interior mientras se concluían los niveles superiores.

las pirámides son una maravilla del mundo antiguo

El acabado final se hacía en sentido descendente, de arriba hacia abajo. Obviamente, a medida que se iba descendiendo por las caras de la pirámide, las rampas se iban desmantelando de forma gradual.

En el caso de la pirámide de Micerino, como consecuencia del abandono de las obras, muchos de los bloques de la capa exterior no se llegaron a trabajar del todo, con lo que todavía es posible ver en muchos de ellos los tachones que servían para transportarlos.

Aparte de la acción vandálica de los saqueadores en los túneles, las pirámides de Guiza permanecieron más o menos intactas hasta la Edad Media, cuando se utilizaron de forma sistemática como cantera.

Los primeros bloques que se extrajeron fueron los de piedra caliza de mejor calidad, en especial los de la capa exterior, que se utilizaron para edificar construcciones en El Cairo. Por suerte, en la parte más alta de la pirámide de Quefrén se han conservado restos del recubrimiento original, lo suficiente como para hacerse una idea de su aspecto primigenio.

La meseta de Guiza ha sido fuente de interés y estudio desde el siglo XVIII, y hoy en día todavía es objeto de concienzudas investigaciones y excavaciones, gracias a las cuales sabemos más acerca de las técnicas de construcción de que se valieron los antiguos egipcios para levantar estos extraordinarios monumentos.

En el Cairo, La capital de Egipto, se puede visitar el museo egipcio donde se exponen multitud de objetos y hallazgos encontrados en su interior. Del mismo modo, si tienes la suerte de poder viajar a esta ciudad, existe la posibilidad de visitar el interior de las pirámides. También debes saber que estos monumentos están declarados Patrimonio de la humanidad desde el año 1959.

Los jardines colgantes de Babilonia

Majestuosas arboledas y fuentes barrocas suspendidas de arcos entrelazados, el espejismo del montañoso paisaje persa transportado a la árida meseta mesopotámica… Sin duda, los jardines colgantes de Babilonia aunaban la maestría de la ingeniería con el romanticismo de los sueños.

maravillas del mundo jardines colgantes babilona

A diferencia de las otras seis maravillas originales, los jardines colgantes fueron un monumento al amor y no a la gloria, el magnífico regalo de un rey a su nostálgica esposa. Se trata sin duda de una historia de lo más tierna, pero ¿hasta qué punto existieron realmente los jardines? ¿Acaso pasearon Nabucodonosor y Amitis de la mano por entre sus sombreados senderos? ¿Fue en ellos donde el agonizante Alejandro Magno intentó mitigar sus fiebres?

Origen de los jardines de Babilonia

La primera mención fiable acerca del origen de los jardines se remonta a Beroso, un autor babilónico que vivió hacia el 270 a. C. Según éste, Nabucodonosor (605-56 a C.) mandó construir un palacio nuevo en tan solo quince días con cimientos o terrazas de piedra que recreasen un paisaje montañoso.

Dichas terrazas, plantadas con árboles, pasaron a conocerse, siempre según Beroso, como los jardines colgantes de Babilonia, cuyo rey había ordenado construir para complacer a su esposa.

cómo eran los jardines colgantes de Babilonia
Recreación de cómo eran los jardines colgantes de Babilonia

Lo cierto es que tal explicación no tiene nada de inverosímil, tanto más en una época en que era habitual sellar las alianzas mediante matrimonios de Estado, como tal vez fue el caso de Nabucodonosor y la princesa persa.

En un texto coetáneo al propio Nabucodonosor, que sin duda debía de conocer Beroso, el rey describe su nuevo palacio, tan alto como una montaña, construido en parte con piedra y supuestamente completado en tan solo quince días. Curiosamente, en ningún momento se menciona jardín alguno, cuando lo habitual es que los palacios dispusieran de uno.

Los autores griegos posteriores aportan más detalles sobre los jardines. Uno de ellos sostiene que ocupaban 120 m2 y alcanzaban los 25 m de altura, la misma que la de las murallas de Babilonia. Además, estaban dispuestos en terrazas como las gradas de un teatro, y entre terraza y terraza había edificaciones de pequeñas dimensiones.

quién construyó jardines colgantes de Babilonia

La base consistía en vanos muros, cada uno de ellos de 7 m de ancho y con una separación de 3 m, y sobre ellos descansaban múltiples travesaños de piedra, encima de los cuales había tres capas separadas: una primera de carrizos dispuestos sobre una base de betún, dos filas de mampostería y, encima de todo, un recubrimiento de plomo. La tierra quedaba en lo alto y las plantas se regaban con agua procedente del río, situado en la parte inferior, que se canalizaba por medio de mecanismos ocultos.

Un segundo testimonio menciona hasta veinte muros básales, mientras que un tercero sostiene que los jardines descansaban sobre bóvedas de ladrillo y betún, y que el agua para regar ascendía por medio de varios tornillos de Arquímedes dispuestos junto a una escalera.

Según otra versión, había una subestructura de columnas de piedra sobre las que descansaban unos travesaños de madera, en realidad troncos de palmera datilera que sostenían, sin llegar a pudrirse, las raíces de los árboles plantados en las terrazas elevadas contiguas, todas ellas regadas mediante un complejo sistema de canales y fuentes.

Localización exacta de los jardines de Babilonia

Dado el número de versiones contradictorias entre sí, hay quienes han llegado a dudar incluso de la existencia misma de tan célebres jardines, cuando lo cierto es que, salvo lo de los troncos indestructibles, todos los datos que se mencionan son verosímiles.

ubicación jardines colgantes

Todo parece indicar que los viajeros griegos vieron ciertamente una construcción de madera más alta incluso que el propio palacio, pero encontrar vestigios de dicha edificación entre las ruinas que se han conservado no es tarea fácil, tanto más cuando los palacios de Babilonia sufrieron durante siglos y siglos continuos saqueos de gentes dispuestas a reutilizar los magníficos ladrillos de la construcción original. De hecho, tan solo se han conservado los cimientos.

Los primeros arqueólogos buscaron indicios de los jardines en el palacio estival, situado a mayor altura. Ocupaba una extensión de unos 180 m2 y contaba con varios pozos bastante elaborados, pero es evidente que no disponía de espacio suficiente como para albergar varias terrazas con árboles.

Un arqueólogo creyó localizar los jardines a partir de unos restos de bóveda de ladrillo encontrados en la sección sur del palacio, donde también hay restos de pozos, pero en esta ocasión las bóvedas pertenecían al sótano de un edificio administrativo, tal vez una prisión.

En realidad, si nos fijamos en la distribución del complejo palaciego, observaremos que tanto la sección norte como la sur están flanqueadas, en el lado que da al Éufrates, por vanas estructuras de un grosor más que considerable, en especial la de la cara occidental, cualquiera de las cuales habría podido albergar vanas terrazas ajardinadas.

La estructura de la cara occidental mide 190 x 80 metros y cuenta con unos muros exteriores de unos 20 m de ancho construidos con ladrillos dispuestos sobre una base de betún. En el extremo norte había varias habitaciones, mientras que en el sur se alzaba una plaza con algún tipo de escalera en una de sus esquinas.

Es precisamente esta estructura la única que podría haber albergado un jardín de dimensiones notables, con sus cenadores y una montaña artificial de varias terrazas superpuestas

Éste es el estado de la cuestión. Tal vez la incógnita se resuelva en futuras excavaciones o gracias al descubrimiento de algún documento escrito de la época de Nabucodonosor. Hasta que eso ocurra, nada nos impide imaginar los jardines colgantes, tanto si descansaban sobre bóvedas o disponían de fuentes como si no.

El templo de Artemisa

El templo de Artemisa se incluyó entre las siete maravillas gracias a la majestuosidad de sus formas arquitectónicas y sus imponentes dimensiones, pues no en vano fue el templo más grande jamás construido por los griegos, mayor incluso -con diferencia- que el propio Partenón de Atenas.

maravillas del mundo templo de artemisa

Construido en las proximidades de Éfeso, en la costa jónica de la actual Turquía, tanto el templo como la propia ciudad prosperaron enormemente al calor de los innumerables visitantes que acudían atraídos por la majestuosidad del santuario, centro de culto de una misteriosa diosa (la “Diana de los efesios”) que, si bien acabaría asimilándose a la Artemisa griega, tenía en realidad sus orígenes en una antigua divinidad de Anatolia.

El templo de Artemisa no solo fue el mayor templo jamás erigido por los griegos, sino que además fue uno de los primeros en construirse enteramente con mármol. Para su construcción, hacia el 550 a. C., se eligió el emplazamiento de un santuario preexistente, y fue sufragado por Creso, rey de la vecina Lidia, poseedor de una inmensa fortuna.

En el 356 a. C., sin embargo, fue incendiado por un pirómano que pretendía pasar a la posteridad, lo que obligo a levantar, unas décadas más tarde, un nuevo templo sobre los restos del primero, que se intentó imitar fielmente.

El templo restaurado sobrevivió hasta la época romana y provocó la admiración de cuantos contemplaban su majestuosidad y riqueza, como fue el caso del historiador Plinio. El frontón contaba con tres ventanales de grandes dimensiones, de las cuales la del medio servía para que los fieles pudieran contemplar la imagen de la diosa Artemisa desde el mismo altar, un espléndido edificio con columnas independiente del templo propiamente dicho y situado frente a éste.

origen del templo de Artemisa
Recreación del templo de Artemisa

El templo original medía 55 x 110 metros a partir del último peldaño de la escalinata de acceso, y estaba flanqueado en tres de sus lados por una doble fila de columnas, así como por un pórtico, también con columnas, en cada lado de la entrada.

En la reconstrucción del siglo IV a. C., se aprovecharon los cimientos, así como ciertos elementos de la estructura principal del templo primitivo, pero en esta ocasión se alzó unos dos metros sobre una plataforma rodeada por un tramo de escalinata.

Las bases del total de 36 columnas de la entrada se decoraron con relieves, hecho éste atípico en la tradición arquitectónica griega, y el fuste mismo de las columnas se decoró con acanaladuras poco profundas.

En la parte superior del templo, justo por encima de las columnas, había un friso con gárgolas esculpidas con la forma de una cabeza de león. Entre columna y columna podía llegar a haber hasta más de 6,5 m, de lo que se desprende que algunos bloques de piedra debían tener hasta 8,75 m de largo, toda una hazaña para la época.

Construcción del templo de Artemisa

La experiencia del mismo Chersiphron, el arquitecto de la primera versión del templo, nos proporciona una idea de lo ambicioso de tan singular proyecto, ya que, según se cuenta, estuvo a punto de suicidarse ante la dificultad de elevar el imponente dintel de la entrada.

dónde está el templo de Artemisa

Se sabe que los antiguos griegos utilizaban grúas desde al menos el 515 a. C., pero en este caso el problema era que los bloques que se teman que levantar eran sencillamente demasiado pesados. Pero eso no era todo, pues Chersiphron tenía además que colocar cada uno de los bloques del arquitrabe exactamente en el lugar que le correspondía.

Para ello, construyó una rampa con sacos de arena, de forma que quedase un poco levantada con respecto a la posición definitiva de cada bloque. De ese modo, una vez situados en lo alto de la rampa, se vaciaban los sacos de la base de manera que la superficie de la rampa fuese descendiendo lentamente hasta depositar los bloques en sus respectivos lugares.

El mármol que se empleó en la construcción del templo procedía de unas canteras situadas a 11 km, una distancia lo bastante considerable como para hacer del transporte de los enormes bloques, de hasta 40 toneladas, otro reto nada despreciable.

Dada la imposibilidad de transportarlos en carro, Chersiphron hubo de idear una vez más una ingeniosa alternativa, que consistía en fijar las columnas a unos pivotes centrales dentro de una estructura redonda de madera, de manera que unos cuantos bueyes pudiesen tirar de ella como si se tratase de un inmenso rodillo.

Metagenes, hijo de Chersiphron, adaptó el ingenioso artilugio ideado por su padre para así poder transportar los bloques rectangulares del arquitrabe encajando cada uno de sus extremos en una enorme rueda de madera.

La necesidad es la madre del ingenio, de ahí que para construir un templo de tales dimensiones fuera preciso idear técnicas totalmente nuevas y originales que permitiesen transportar y elevar los gigantes bloques de mármol.

Y, si bien los métodos de Chersiphron no llegaron nunca a hacerse populares, el imponente templo que edificó ha quedado para la posteridad como testamento de su indiscutible genio. Por desgracia, pocos son los restos que se han conservado, en concreto el podio y una única columna convenientemente reconstruida.

La estatua de Zeus

Hacia el año 437 a. C., Fidias, exiliado de Atenas por motivos políticos, se dirigió a Olimpia para atender el encargo de los responsables del santuario de Zeus e iniciar las obras de lo que con el tiempo acabaría convirtiéndose en una de las siete maravillas de la antigüedad: la estatua de Zeus en Olimpia.

la estatua de zeus de olimpia maravillas del mundo

Por aquellas fechas ya había esculpido la célebre imagen crisoelefantina de Atenea para el Partenón, así como la no menos espectacular estatua de la misma diosa, que se alzaba, con sus casi 10 m de alto, sobre la Acrópolis ateniense, obras todas ellas que le habían convertido en el mejor escultor griego de su época.

En Olimpia, Fidias debía esculpir y erigir una imagen de Zeus para el culto, en el interior del templo dórico construido entre 466 y 456 a. C. en honor del gran dios del Olimpo. El resultado, una estatua de 13 metros de alto tallada en marfil y oro sobre una base de mármol de 1 metro, era realmente espectacular.

Solo la estatua ya ocupaba por entero el extremo occidental del templo, todo un reto teniendo en cuenta tanto los materiales empleados como las dimensiones totales, y solo se podía contemplar a cierta distancia, ya que unas pantallas decoradas con pinturas impedían aproximarse hasta ella.

Fidias optó por un Zeus sedente en su trono para de ese modo aprovechar al máximo el espacio disponible (si lo hubiese esculpido de pie, habría alcanzado los 18 m de altura). En la mano derecha llevaba la figura alada de la Victoria, símbolo del triunfo en los Juegos Olímpicos, mientras que en la izquierda sostenía un cetro decorado con incrustaciones de metales preciosos, símbolo a su vez de su condición de rey de los dioses, rematado en su extremo superior por un águila, el emblema de Zeus.

El dios estaba tallado por entero en marfil, salvo por lo que respecta a las prendas de vestir y las sandalias, esculpidas en oro. Dichas prendas llevaban además motivos decorativos en forma de flores y animales, y la cabeza estaba adornada con una corona de olivo.

 

origen estatua de Zeus

El imponente cuerpo descansaba sobre un elaborado trono de ébano y marfil, toda una obra maestra por sí solo, decorado con relieves de figuras y escenas mitológicas varias con incrustaciones de oro y piedras preciosas.

Los pies reposaban sobre una especie de escabel, delante del cual había un estanque de mármol negro en el que se depositaba el aceite de oliva con el que se embadurnaba la estatua, probablemente para que el marfil no se agrietase.

Sí bien no nos ha llegado ninguna obra atribuible al cien por cien a Fidias, no cabe duda de que era capaz de esculpir estatuas de enorme calidad y duraderas en el tiempo, así como de que dominaba el trabajo del marfil.

Nadie antes que él (o al menos en una empresa de tales características) había trabajado el marfil a tan gran escala hasta su creación de la diosa Atenea para el Partenón. Esta técnica, nada sencilla, exigía además un dominio absoluto del trabajo en metal y madera.

La construcción de la estatua de Zeus

Para la construcción del armazón de la estatua, sobre el que se fijaba el marfil, se debieron de emplear cerca de 780 m3 de madera procedente de los bosques cercanos. El armazón debía de medir casi tanto como la propia estatua, y se componía de varios módulos que se ensamblaron en el mismo templo (hubiera sido imposible mover una estructura tan grande de una sola pieza dentro del santuario). La madera estaba ligeramente moldeada, ya que los músculos se tenían que esculpir directamente en el marfil y el oro.

quién construyó la estatua de Zeus

El taller de Fidias, donde éste concebía y esculpía las diferentes partes de la estatua, se encontraba fuera del santuario, concretamente en la cara oeste del mismo. El propio Fidias dirigía las obras y se ocupaba de aquellas labores que requerían una mayor precisión, si bien contaba con todo un equipo de colaboradores que se encargaban de supervisar la provisión y el traslado de los materiales, así como de acondicionarlos, tallar el armazón, fijar las láminas de marfil y oro, y, en definitiva, ayudar al genial escultor griego en lo que requiriese.

Modelado de los materiales

Hasta la fecha se creía que los colmillos de marfil se seccionaron para, a continuación, fijar cada una de las partes al armazón de madera. Ahora bien, el grado de detalle que alcanzó Fidias en la estatua de Zeus, sobre todo en lo que respecta a los músculos del pecho, es tal que se supone que se conocían ya otras técnicas más precisas del trabajo en marfil.

En ese sentido, las técnicas que se empleaban por aquel entonces en ebanistería, con las que a buen seguro Fidias estaba más que familiarizado, nos aportan algunas pistas al respecto. Según parece, los ebanistas de entonces ya eran capaces de obtener delgadas láminas de marfil a partir del “desenrollado” de los colmillos, técnica ésta que no solo evitaba tener que cortarlos, sino que además facilitaba la tarca de cubrir grandes superficies con dichas láminas, así como el moldeado del marfil una vez ablandado.

Son vanas las fuentes antiguas en las que aparecen recogidos diversos métodos y materiales empleados para ablandar y modelar el marfil, como el fuego, la cerveza, el vinagre o la mandrágora, recursos todos ellos al alcance de Fidias.

Una vez ablandadas las láminas de marfil, unas cuantas se utilizaron para dar forma al trono, al tiempo que otras se introducían en moldes de terracota para modelar los músculos. A continuación, se trasladaban al templo las piezas completas para unirlas al armazón por medio de remaches y la acción adhesiva natural de dos o más láminas de marfil humedecidas en contacto.

El oro se reservó para las prendas y las sandalias de Zeus, así como también para la figura de la Victoria de la mano derecha y ciertas partes del trono. Para trabajar el oro, se utilizaron varias técnicas diferentes. Así, para decorar el trono lo más probable es que se amartillaran grandes láminas del preciado metal sobre un molde.

Los moldes se debieron de emplear también en otras partes de la estatua, como los leones de oro macizo a ambos lados del escabel y los pliegues de las vestiduras (se han encontrado diversos modelos realizados en terracota). Para ello, el oro se fundía a altísimas temperaturas y se introducía en estado líquido en el interior de los moldes respectivos.

Acto seguido, se ensamblaron todas las piezas, una a una, tras lo cual se procedió a pulir el marfil y a abrillantar el oro. El resultado fue una maravilla, nunca mejor dicho, de cuya majestuosidad dejaron constancia en sus escritos autores tales como Estrabón, Cicerón, Calimaco y Pausamas, entre otros muchos.

En las postrimerías del siglo IV d. C., los cristianos prohibieron cualquier tipo de culto pagano, con lo que el santuario de Olimpia cayó en desuso y se dejaron de celebrar los Juegos Olímpicos.

Ello no evitó que la estatua de Zeus continuara siendo objeto de admiración, tanto es así que acabo trasladándose hasta Constantinopla (Estambul). Por desgracia, el incendio que asoló la ciudad en el 462 d. C. destruyó por completo la célebre obra de Fidias, de la que no se llegó a hacer nunca copia alguna. De hecho, todo lo que sabemos acerca de ella es a través de las descripciones de textos antiguos y de las burdas representaciones que aparecen en algunas monedas.

El mausoleo de Halicarnaso

El mausoleo de Halicarnaso, en la costa sudoccidental de la actual Turquía, se construyó para albergar los restos de Mausolo, soberano de Cana, y se concluyó en el 353 a. C., ya muerto aquél, de la mano de Artemisia, hermana y esposa suya a un mismo tiempo.

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Fue una obra realmente monumental que eclipsó cualquier otra tumba de la época, tanto en tamaño como en majestuosidad, debido a sus casi 45 m de altura y sus más de 1.216 m2 de superficie.

Aunque nos han llegado muy pocos restos de la construcción original, conocemos muchas cosas acerca de su aspecto y construcción gracias a las fuentes históricas, así como a las excavaciones arqueológicas.

El mausoleo tenía una planta casi cuadrangular, con los lados que daban al este y al oeste ligeramente más alargados que los que miraban al norte y al sur. Descansaba sobre un enorme podio de 38 x 32 m, flanqueado por una colección de columnas jónicas a cada uno de los cuatro lados, y en la parte superior había una pirámide escalonada de 24 peldaños.

La parte que daba al exterior estaba formada por bloques de mármol blanco y piedra caliza de color azul, mientras que el núcleo del mausoleo era de piedra volcánica de color verde. Por debajo de la base había todo un intrincado sistema de desagües y galerías subterráneas concebido para mantener seca la estructura y dotarla de suficiente solidez.

7 maravillas mausoleo de Halicarnaso

El recinto que ocupaba este magnífico monumento (unas 2,5 hectáreas en total) estaba delimitado por un muro de grandes dimensiones y una enorme puerta monumental que daba a oriente.

Cinco de los mejores y más reputados escultores de la antigua Grecia recibieron el encargo de decorar el mausoleo, en concreto Escopas, Briaxis, Leocares, Timoteo y Praxíteles. De todos ellos, cuatro se encargaron de cada uno de los cuatro lados de la tumba, mientras que el quinto se consagró a la enorme escultura de la cuádriga que habría de alzarse en lo más alto de la pirámide escalonada.

Dos frisos recorrían sin interrupción los cuatro lados de la tumba, uno de ellos con el motivo de la batalla de los lapitas y los centauros, y el segundo con la de los griegos contra las amazonas. A ellos había que añadir multitud de estatuas con formas humanas y de leones de tamaño natural e incluso superior al real, dispuestas sobre unas bases de piedra caliza de color azul.

No se sabe a ciencia cierta qué provocó el derrumbamiento del mausoleo. Unos sugieren que tal vez quedara destruido por un terremoto, aunque hay también quienes aventuran que nunca llegó a terminarse del todo.

El caso es que los restos que pudieron haberse conservado se perdieron definitivamente en el siglo XV, cuando los caballeros de la orden de San Juan quemaron los bloques de mármol para obtener mortero y reutilizaron los demás bloques para fortificar el castillo de Bodrum.

Los mismos, de hecho, que en 1522 entraron en la cámara mortuoria de Mausolo, situada en la base del monumento, y saquearon el contenido de la misma, de la que tan pocos detalles conocemos.

Construcción del mausoleo de Halicarnaso

Según afirma Plinio el Viejo, el mausoleo llegó a alcanzar una altura total de 140 pies griegos (el equivalente a 45 m), de los que cerca de una tercera parte correspondía a las columnas. Se calcula que la altura de la pirámide debía de rondar los 6,8 m, algo más que el imponente conjunto escultórico de la cuádriga, para el que se ha calculado una altura de unos 6 m a partir de los restos conservados. Según estos cálculos aproximados, la diferencia, 20,2 m, correspondería al podio.

quién construyó El mausoleo de Halicarnaso
Detalle de la cuádriga que coronaba el mausoleo de Halicarnaso

Para la construcción de este último debieron de precisarse unos 24.563 m3 de piedra, que obviamente tuvo que extraerse de las canteras, tallarse, transportarse y ensamblarse. De hecho, de las proximidades tan solo procedía la lava verde empleada en el interior de la construcción, junto con la que se utilizaron otros tipos diferentes de piedra procedentes de más lejos, tal como han revelado los análisis.

Asimismo, el mármol del friso de las amazonas procedía de la isla de Cos, mientras que el del carro lo más probable es que procediera de Frigia, en concreto de la región interior de Afión. Sin duda, tal diversidad de materiales y procedencias contribuyó en gran medida a convertir el mausoleo en un testimonio privilegiado de la política regional de la época.

Las sucesivas campañas de excavación llevadas a cabo durante el siglo XIX, así como en los años sesenta y setenta, han permitido reconstruir la distribución original del mausoleo y hacerse una idea aproximada de su proceso de construcción.

Dado que en el emplazamiento elegido había una necrópolis preexistente, fue preciso nivelar el terreno y excavar corredores y cámaras, que posteriormente se rellenaron para dotar al 3 monumento de una base lo bastante firme.

Los cimientos y el núcleo interior del podio los formaban bloques de lava autóctona de casi 1 m de largo. Los bloques adyacentes iban sujetos unos a otros por medio de unas grapas metálicas para dotar de mayor solidez a los muros, y lo más probable es que se utilizaran clavijas de metal entre los bloques de los niveles superiores con idéntico propósito.

Tanto la pirámide como la sección de las columnas estaban también perfectamente diseñadas, con una separación entre columnas contiguas de unos 3 m, lo que hacía un total de 36 columnas, todas ellas de estilo jónico. Una vez más, se emplearon grapas de metal para unir los capiteles con el arquitrabe.

dónde estaba El mausoleo de Halicarnaso
Reconstrucción de cómo era el mausoleo de Halicarnaso

Dada la escasez de restos conservados y la vaguedad de los testimonios escritos, no sabemos a ciencia cierta cómo se elevaron los bloques durante la construcción del mausoleo. Sin duda, debieron de utilizarse grúas para colocar los fustes de las columnas encima del podio, tanto más si se tienen en cuenta sus enormes dimensiones y la altura a la que fue preciso subirlos.

Una vez en su sitio, se debieron de colocar unas fijaciones de madera entre columnas adyacentes para sostenerlos, Es probable que los bloques del podio se alzaran de idéntica manera, con ayuda tal vez de sogas rematadas en unas agarraderas que se cortaron una vez colocados los bloques.

En el caso de la pirámide, la elevación de los bloques debió de resultar bastante más problemática, pues con independencia del mecanismo que se emplease, éste tenía que ser todavía mucho más robusto, no solo por el tamaño de los bloques de piedra, sino también por la altura a la que había que elevarlos, entre 32 y 39 m.

No menos dificultoso, sino más, debió de ser el proceso de elevación y colocación de la decoración escultórica, mucho más vulnerable a las fracturas que un bloque normal, sin delicados miembros esculpidos que respetar. Además, fue preciso elevar también un gran número de estatuas de tamaño natural o incluso superior al real como parte integrante de un complejo plan escultórico cuidadosamente concebido.

Lo que convirtió al mausoleo de Halicarnaso en una de las siete maravillas de la antigüedad fue precisamente su riqueza ornamental, en especial la de la estatuaria, de la que se han conservado numerosos vestigios, algunos de ellos incluso con restos de pintura; de un rojo amarronado en las partes pertenecientes al cabello y la barba, y roja, azul y púrpura en los mantos y las demás vestimentas, las esculturas de los leones que bordeaban la comisa estaban pintadas en ocre.

Uno de los grandes interrogantes a propósito del mausoleo es precisamente la disposición de dicha estatuaria. Hay quienes sostienen que el podio era escalonado y que las estatuas se encontraban dispuestas en cada uno de los peldaños resultantes.

Otros, en cambio, más fieles a las fuentes históricas, que en ningún momento mencionan la existencia de un podio escalonado, han desestimado tal hipótesis, pero no han sido capaces de proponer ninguna otra que diera acomodo a todas las esculturas. De hecho, tampoco los partidarios de la primera hipótesis se ponen de acuerdo en el número de escalones.

Sobre lo que no cabe duda es acerca de la cámara funeraria propiamente dicha, una habitación rectangular situada en la base del monumento, bajo un tramo de escaleras y sellada mediante unas imponentes puertas de mármol. Inmediatamente a continuación de la entrada había un inmenso bloque cuadrado de piedra con unos agujeros y unas ranuras para las clavijas que en su día sirvieron para fijarlo.

Cuando los caballeros de la orden de San Juan entraron en el interior de la cámara, allá por 1522, descubrieron una urna o un sarcófago de mármol, pero cuando regresaron al día siguiente se lo encontraron roto, con tan solo unas cuantas arandelas de oro y restos de tejido de este material. En unas excavaciones recientes se hallaron unas cuantas de esas arandelas, el único testimonio que nos ha llegado del contenido original de la tumba.

Pero ¿por qué motivo se construyó un monumento tan elaborado como éste para el soberano de Caria? La explicación es más bien de índole política: Mausolo pretendía crear un imperio cario que englobase tanto a los griegos como al resto de pueblos, y su tumba fue en realidad un símbolo de este deseo de unidad, al combinar elementos de las tradiciones arquitectónicas griega, licia y egipcia.

Una de las aportaciones más innovadoras del mausoleo fue dotar de una nueva dimensión a la arquitectura y la escultura en un mismo espacio compartido, alcanzando ambas disciplinas un equilibrio que tendría numerosas réplicas en tiempos posteriores.

Por otro lado, la peculiar visión de la inmortalidad que transmite la tumba de Mausolo inspiró numerosos monumentos griegos y romanos, si bien a menor escala, al tiempo que dio origen a la palabra “mausoleo”, con la que nos referimos a cualquier monumento funerario de grandes dimensiones.

El coloso de Rodas

De las siete maravillas de la antigüedad, el coloso de Rodas es tal vez de la que menos se sabe, y ello es debido a que no nos ha llegado testimonio alguno de la época en la que permaneció en pie. Además, a diferencia de otras muchas estatuas de la antigüedad grecorromana, se cree que nunca se llegó a hacer una copia.

De hecho, incluso se desconoce el lugar exacto en que fue erigida, ¿Se encontraba realmente a la entrada del puerto, tal como se creía? Lo cierto es que era bastante habitual erigir en las bocas de los puertos estatuas de grandes dimensiones en lo alto de un pedestal para causar admiración en los visitantes que llegaban por mar, aunque hay quienes sostienen que el coloso debía de encontrarse a bastante distancia de la costa, concretamente en lo alto de la calle de los Caballeros, en los terrenos que hoy en día ocupa una antigua escuela turca.

Gracias al testimonio de Filón de Bizancio, sí que sabemos en cambio el material con que fue construido: bronce. De hecho, fue precisamente el reto técnico que supuso dar forma a una imponente mole de bronce de unos 33 m de alto (hasta sus dedos eran más grandes que la mayoría de las estatuas de la época), lo que le hizo merecedor de entrar en el selecto grupo de las siete maravillas del mundo antiguo.

En realidad, el coloso era una ofrenda a Helios, el dios del Sol y patrón de la ciudad, en agradecimiento al cese del sitio al que Demetrio Poliorcetes (literalmente “el sitiador”), soberano de Siria, había sometido a la ciudad en el año 305 a. C. En su retirada, los sirios dejaron los artefactos con que habían asediado a la ciudad, y sus habitantes los vendieron para sufragar la construcción del coloso.

origen Coloso de Rodas

Tan magno proyecto fue encomendado a Cares, que probablemente diseñó una figura con una aureola de llamas de fuego sobre las largas melenas de cabello agitadas por el viento, rasgos éstos con los que se solía caracterizar al dios del Sol.

Es probable, además, que tuviera ese rostro de facciones tan marcadas, casi querúbicas, con los labios ligeramente partidos, que caracteriza el retrato de Helios que aparece en algunas monedas de la época.

No cabe duda de que con sus enormes dimensiones, superiores a las de cualquier otro edificio de la ciudad, y el efecto de los rayos del sol sobre la superficie de bronce, el coloso debía de provocar admiración en todo aquel que lo contemplase.

Construcción del coloso de Rodas

Dado el enorme tamaño del coloso, no fue posible modelar los miembros y el resto del cuerpo por separado para luego ensamblarlos en un todo. Filón afirma que Cares hubo de esculpir la estatua in situ, pero por partes. Las obras se iniciaron en el año 294 a. C. por los pies, que una vez modelados se colocaron sobre una base de marmol blanco.

cómo se construyó el Coloso de Rodas

A continuación se esculpieron las piernas, que se ensamblaron con ayuda de unos moldes cuidadosamente labrados. De esta manera, paso a paso, el coloso iba tomando forma. El interior de la estructura estaba hueco e iba ensamblada por dentro con un armazón de hierro compuesto de travesados horizontales sostenidos por medio de bloques de piedra.

A medida que las obras iban progresando, la rampa de tierra sobre la que trabajaban los artesanos cada una de las partes ganaba altura. Lo asombroso de todo este laborioso proyecto es que Cares no llegó a ver la forma que tenía la estatua hasta que no se hubo completado la última parte, ya que solo entonces fue posible retirar la tierra de la rampa y dejar al descubierto al imponente coloso.

Es probable que la estatua requiriese tal cantidad de bronce que no tardara en agotar todas las provisiones de cobre de la isla, pero dado que Rodas era un importante centro comercial, se supone que importó más cantidad de este mineral por vía marítima.

De hecho, una de las razones por las que el coloso tan solo avanzaba entre 2 y 2,5 m por año se debía a la dificultad de abastecer las ingentes cantidades de bronce que generaba su construcción. Otra explicación reside en lo laborioso que debió de resultar fundir y moldear el bronce, construir una rampa de tales proporciones y, en definitiva, dar forma al propio coloso.

Teniendo en cuenta las dimensiones de la estatua, es más que probable que ésta tuviera una forma de columna para resistir los embates del viento y el clima. Del mismo modo, los brazos debían de estar pegados a los costados o bien totalmente levantados, ya que cualquier otra pose habría planteado serios problemas de estabilidad al conjunto.

coloso de rodas es maravilla mundo antiguo

Por otro lado, podemos ya descartar la idea tan extendida de que el coloso tenía una pierna a cada lado de la entrada del puerto, ya que ello habría implicado una distancia total entre pierna y pierna de 120 m.

Tal hipótesis no es pues sino el fruto de la imaginación de un peregrino del siglo XV. Resulta un tanto paradójico que, a pesar de su celebridad, el coloso solo durara en pie algo más de cincuenta años, concretamente entre el 282 a. C., año en que se concluyó, y el 226 a. C., cuando fue destruido por un terremoto. Las ruinas se convirtieron en toda una atracción turística, hasta que un mercader sirio del siglo VII d. C. las vendió y se perdieron para siempre.

El faro de Alejandría

El faro de Alejandría se ha calificado tradicionalmente como la séptima maravilla del mundo antiguo. Concebido para conducir a los barcos hasta el puerto de Alejandría, se dice que su construcción llevó quince años y costó la enorme suma de ochocientos talentos.

faro de Alejandría 7 maravillas mundo antiguo

Se erigió en tiempos de Ptolomeo I y no entró en funcionamiento hasta el año 283 a. C., ya durante el reinado de Ptolomeo II. A excepción de las pirámides de Guiza, es la construcción más alta del mundo antiguo. Te recomendamos nuestro artículo qué es un faro.

Para su emplazamiento se eligió una isla situada a la entrada del puerto de Alejandría, ocupada en la actualidad por la fortaleza árabe de Qaytbay, para cuya torre central se cree que se aprovecharon los cimientos del mismo faro, con lo que, en principio, no sería extraño que reprodujese en gran parte su distribución y sus dimensiones originales.

dónde está el faro de Alejandría
Recreación de cómo era el Faro de Alejandría

De hecho, gran parte del material con que se construyó la fortaleza se aprovechó del faro. Sin embargo, y a pesar de las numerosas reproducciones que se han conservado en monedas y mosaicos antiguos, así como de las descripciones de numerosos autores de la época clásica e islámica, no resulta nada fácil reconstruir su aspecto original.

Por otro lado, se cree que una torre en ruinas de Abusir pudo haberse construido con el faro como modelo. En los años sesenta, un buceador egipcio descubrió en el fondo del mar, junto a la fortaleza de Qaytbay, unos cuantos bloques de grandes dimensiones y estatuas que se identificaron como restos del célebre faro. En la actualidad, un equipo francés integrado por varios buceadores y arqueólogos está estudiando la zona a fondo.

Compuesto de tres secciones, se cree que el faro de Alejandría rondaba los 135 m de altura. La sección inferior era de planta cuadrangular y contenía las estancias que ocupaba la guarnición permanente que cuidaba del faro, así como sus animales y provisiones.

La puerta de acceso se encontraba a cierta altura y se llegaba a ella por medio de una rampa que nacía en una plataforma construida alrededor del faro. Dentro de esta sección inferior había un muro interior sobre el que descansaba el peso de las secciones superiores, a las que se accedía desde dentro por una rampa en forma de espiral. La sección intermedia era de planta octogonal, mientras que la superior era circular y estaba rematada con una estatua de Zeus.

Construcción del faro de Alejandría

Podemos aventurar ciertas hipótesis acerca de la construcción del faro. Para empezar, se empleó piedra de color blanco, probablemente piedra caliza de la región en lugar de mármol, como sostiene la creencia popular.

quién construyó el Faro de Alejandría

Es probable, además, que se utilizase algo de granito en determinadas zonas del edificio, como la misma base o los dinteles, dada su mayor robustez, que lo hacía ideal para soportar grandes pesos. De hecho, la mayoría de los bloques que yacen en el fondo del mar son de este material y algunos de ellos alcanzan las 75 toneladas de peso.

Alejandría estaba dentro de la órbita de influencia griega, por lo que lo más probable es que el faro se construyese en estilo helenístico y no egipcio, si bien el equipo de investigación francés ha encontrado una cantidad considerable de estatuas egipcias en los alrededores. El faro estaba presidido, en su parte exterior, por dos estatuas de tamaño colosal, una de Ptolomeo y otra de su esposa.

No cabe duda de que, para colocar unos bloques tan pesados en un edificio de tales dimensiones, se precisaron no pocas dosis de ingenio, además de las conocidas técnicas de construcción griegas de la época, como sofisticadas grúas y otros artilugios diversos. No obstante, es posible que gran parte de los bloques empleados para construir los niveles superiores se subiesen por la misma rampa en forma de espiral que hay en el interior del faro.

Incluso es incierto el lugar donde se encontraba la hoguera que servía para iluminar el faro, que tanto pudo estar en lo más alto como en una posición inferior o incluso junto a la estatua de Zeus. La leña se subía por la rampa con animales de carga y luego se llevaba hasta lo alto con una grúa.

Es probable que se utilizara algún tipo de reflector para aumentar el radio de acción del fuego y que éste apuntara a una dirección en concreto, pero no se dispone de un dato que confirme dicha hipótesis.

A pesar de algunos daños y desperfectos, el faro permaneció casi intacto hasta el siglo XIV. En algún momento del siglo XII un terremoto causó en él graves daños, circunstancia que se aprovechó para reforzar la base de planta cuadrangular y edificar una mezquita en lo alto.

Lamentablemente, en el año 1303, como consecuencia de otro terremoto de grandes proporciones, la construcción de desmoronó por completo y sobre sus restos se construyó, en 1479, la fortaleza de Qaytbay.

Historia de las 7 maravillas del mundo antiguo

Lo más probable es que el número siete procediese de Oriente Próximo, de donde también vendría (un poco más tarde) la noción de la semana de siete días. Las siete maravillas pertenecían, en su totalidad, a los confines del nuevo Imperio creado por Alejandro Magno, si bien no todas respondían a una tradición estrictamente griega, como las propias pirámides egipcias, muy anteriores en el tiempo, o los jardines colgantes (o murallas, según las versiones) de Babilonia, que nada debían a los griegos.

Historia de las siete maravillas

Pero al colocar sus propios monumentos junto a aquéllos, éstos podían comparar sus logros con los del resto de los territorios sobre los que ahora ejercían su dominio los sucesores de Alejandro. Como era de esperar, los monumentos griegos acabaron imponiéndose en número sobre los del resto de los territorios: en concreto, cinco de las siete maravillas clásicas fueron esculpidas, fundidas o construidas por artistas y arquitectos griegos o helenísticos.

La versión más primitiva de la lista de las siete maravillas se remonta al siglo III o II a. C., si bien no coincide del todo con la que conocemos nosotros. Una de las primeras referencias escritas de que disponemos es un breve poema de Antípatro de Sidón (hacia el 125 a. C.) o Antípatro de Tesalónica (entre el 20 a. C. y el 20 d. C.), en el que el poeta alaba la estatua de Zeus en Olimpia, el coloso de Rodas, los jardines colgantes de Babilonia, las pirámides de Egipto, el mausoleo de Halicarnaso y el templo de Artemisa en Éfeso.

Sin embargo, en lugar de mencionar el faro de Alejandría cita las murallas de Babilonia, tan amplias como para que pudiese circular un carro por ellas sin problemas. Así pues, parece claro que el marco general de la clasificación, así como el número siete, quedaron ya establecidos por estas fechas, no así en cambio los monumentos seleccionados, que experimentarían ciertos cambios en la época romana a medida que diversos autores realizaban sus propias aportaciones.

Así, el poeta Marcial, de finales del siglo I d. C., decidió incluir el célebre Coliseo de Roma, mientras que Gregorio de Tours, ya en pleno siglo VI, incluyó el arca de Noé y el templo de Salomón.

Curiosamente, no se ha conservado ningún listado de la época romana en el que se mencione el faro de Alejandría, una de las referencias indiscutibles de las siete maravillas que recuperaron para la posteridad los renacentistas.

Cada una de las siete maravillas simbolizaba la máxima expresión del dominio del hombre sobre la técnica en sus diferentes manifestaciones. De ese modo, las pirámides de Egipto constituían la perfección de las construcciones en piedra, mientras que los jardines colgantes y el coloso de Rodas encarnaban el dominio del hombre sobre el agua y el bronce, respectivamente.

Y lo cierto es que, en realidad, dicha clasificación no era más que pura ficción, un simple motivo literario, pues ni el propio Antípatro pudo jamás contemplar los jardines colgantes, destruidos varios siglos antes, ni siquiera el coloso de Rodas, del que tan solo eran visibles las ruinas por las fechas en que escribió su célebre poema.

De todos modos, eso es lo de menos, tanto más cuando los arqueólogos han demostrado el carácter irrepetible de cada una de las siete maravillas, para cuya construcción hubo de recurrirse a técnicas tan primitivas como eficaces.

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