Historia de la cafetera

Hoy en día basta con apretar un botón de tu cafetera y en pocos segundo tienes preparado un sabroso y aromático café. Si lo pides en una cafetería, un bar o un restaurante en un minuto te lo sirven. Y todo esto gracias a este electrodoméstico comodísimo, pero, ¿quién inventó la cafetera? Para responder a esta pregunta y muchas otras, en CurioSfera.com te explicamos la historia del café. ¿Te apetece?

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Quién inventó la cafetera

La historia de la cafetera es, como muchos otros inventos, algo imprecisa, ya que durante el siglo XIX y principios del siglo XX ven la luz una serie inventos, sistema y patentes sobre este electrodoméstico.

inventor de la cafeteraPor este motivo vamos a tratar de ser lo más rigurosos posibles en nuestra explicación. Pero vaya por delante que los historiadores no acaban de ponerse de acuerdo en establecer cuál fue en realidad la primera cafetera del mundo. Si deseas conocer las respuestas a ¿quién inventó la cafetera? ¿Cuándo se inventó la cafetera? Solo tienes que seguir leyendo.

El inventor de la cafetera es Sir Benjamin Thompson (1753 – 1814), más conocido como Conde de Rumford. Un inventor y físico británico que nació en Estados Unidos. Pasó gran parte de su vida en Inglaterra y en Alemania. Inventó y mejoró un sinfín de máquinas, chimeneas, hornos industriales, utensilios de cocina y, como no, la cafetera por goteo a finales del siglo XVIII.

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Dónde se inventó la cafetera

Tal y como hemos comentado en el punto anterior, el inventor de la cafetera, Benjamin Thompson paso gran parte de su vida como inventor entre Alemania e Inglaterra. Por este motivo no se sabe con certeza en cuál de los dos países es donde se inventó la cafetera.

Evolución de la cafetera

Otra cafetera más perfeccionada y la que se llevó todo el éxito y reconocimiento sería inventada a principios del siglo XIX por el farmacéutico de Rouen (Francia) François Antoine Descroisilles, en 1802. El invento recibió el nombre de cafeolette: constaba de dos recipientes superpuestos separados por un filtro, a través del cual se conseguía un café más puro, libre de posos y solajes.

Años después el también francés químico A. Cadet hizo cafeteras de porcelana. El diseño y la técnica se aplicaron a perfeccionar la cafetera mientras la ciencia médica se manifestaba en contra de su consumo: como de costumbre, los médicos se enfrentaban a la opinión general y aguaban la fiesta a los amantes de lo bueno.

Acaso el triunfo del café esté en la oposición que le hicieron los médicos del siglo ilustrado; cuando a Federico I de Prusia le quiso privar su médico de tomar café, el monarca contestó condescendiente: ‘Descuidad, ya bebo menos, doctor, pues he bajado a seis tazas por la mañana y una jarra entera a la hora de la comida’.

Como todo, el café evolucionó, y con él la cafetera. El café instantáneo no tardó en aparecer, y a todos pareció que aquello acabaría con la cafetera. Ya en 1905 Ludwig Roselius había inventado un procedimiento para descafeinarlo. Pero el invento de mayor trascendencia en el mundo del café fue el café Express en 1946.

Para él se diseñó la cafetera llamada Moka Express en 1932 en Italia, fruto del ingenio de Renato Biachetti y Alonso Biachetti. Aquella máquina funcional y de bella apariencia hizo del hecho sencillo de preparar el café matinal una costumbre sugestiva. La cafetera se incorporaba al mundo del diseño artístico, al llamado art déco, de la época.

Doce o trece años después, en 1946, otro italiano, Achilles Gaggia, creó la máquina que lleva su nombre, y aunque el café expreso existía desde finales del XIX, este invento hizo posible la difusión del café a escala universal.

Ya entonces se decía en España, México, Argentina, Colombia y otros países de Suramérica que el buen café lleva en su nombre las cualidades que debe tener: caliente, amargo, fuerte, escaso.

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Historia de la costumbre de beber café

Leyendas aparte, el café se bebía en Siria y Turquía no antes del año 1420. En Europa no hubo noticia de esta sustancia hasta 1591, año en el que un botánico italiano describió una planta que decía haber visto crecer en un jardín de El Cairo.

A Europa fue traída por los venecianos en 1615, si bien es cierto que el viajero español Pedro Teixeira, de vuelta de un viaje que hizo a Turquía, habla del café en 1610 en estos términos: ‘Una bebida que llaman allá el kaoah, de simiente hendida, tostada y negra como la pez’.

En Europa hubo sus más y sus menos al respecto de la conveniencia de beber tan novedoso brebaje. Algunos incluso aseguraban que tal vez no fuera lícito adoptar por bebida algo propio de los países infieles.

Sin embargo, el papa Clemente VIII disipó aquella duda bebiendo él mismo ante la Curia de cardenales y ante quienes quisieran verlo, una buena taza de café mientras decía socarrón: ‘No siempre todo lo de los infieles es cosa mala, hijos carísimos’.

Parece que la primera cafetería se abrió en Londres hacia 1650, aunque los primeros en hacer negocio con el café fueron dos hermanos armenios que abrieron sendas cafeterías en las calles parisinas de Saint-Germain y De Bussy, y no contentos con su clientela habitual, ante la acogida y favor dispensado a la bebida del momento, fletaron una tropa de vendedores ambulantes que llevaban el líquido de moda por toda la ciudad al grito de ‘prueben la bebida del día’.

Tanto gustó que en 1693 ya había en París más de trescientas cafeterías y otras muchas en Marsella, donde al parecer se inventó el carajillo, es decir, añadir ron al café. Aquellos carajillos o café fuerte eran cada vez más ron que café, como cabía esperar de la marinería, clientela habitual de los bares del viejo puerto mediterráneo.

De Marsella café y carajillo viajaron por todo el mundo. En las primeras décadas del XVIII el café se vendía también en las farmacias. Lo había puesto de moda el embajador turco ante la corte de Luis XIV.

No agradó, sin embargo, el aspecto oscuro de brebaje extraño que tenía, pero la novedad era la novedad, y un ejército de esnobistas atentos a lo insólito y a lo nuevo, a lo extravagante y especial adoptó el café en fiestas públicas y banquetes privados haciendo de esta bebida objeto de tono y prestigio social, y el pueblo —allá va la soga donde va el caldero— se apuntó a la nueva moda.

Pero lo que más potenció el uso del café a escala popular y consolidó su uso en las casas fue el invento de la cafetera a finales del siglo XVIII. Como tantas otras cosas, este invento fue obra del enigmático conde de Rumford, devoto de Baco antes de consagrarse al apostolado del café. Sobra decir que con la invención de la cafetera esta bebida cobró un gran auge.

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1 Comentario

  1. Y sigue evolucionando, que no pare, cuanto más variedad de cafeteras, más posibilidades de tomar unos grandes cafés.
    Cada cafetera le aporta unas características al café que extrae.
    Así cosas tan comunes como un café expreso, un café con leche o un capuchino no serían posibles sin un cafetera expreso, que como vemos no lleva tantos años entre nosotros.

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