Historia del bolso

En la actualidad el bolso es un complemento imprescindible para ir a la moda. Según el país se puede conocer también como bolsa, saco, cartera o mariconera. Pero no siempre ha sido como lo conocemos hoy en día, ni ha tenido el mismo uso. En CurioSfera.com queremos explicarte la historia del bolso, cuál es su origen, y los diferentes usos y diseños que ha tenido a lo largo del tiempo. ¿Comenzamos?

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Índice de contenidos

El origen del bolso

Lamentablemente, no se tiene constancia fiable de cuándo apareció el primer bolso de la historia ni de su origen exacto. Pero debes saber que desde los inicios de la existencia de la humanidad ya estaba presente.

Este hecho se conoce gracias a que los antiguos pueblos prehistóricos dibujaban sobre la roca figuras y símbolos en los que representaban cómo era su vida y sus costumbres (petroglifos). Pues bien, en algunas de estas pinturas que se han conservado hasta nuestros días, se puede observan imágenes con rasgos femeninos que portan una especie de bolso colgado del brazo.

dónde se inventó el bolso

Es importante que conozcas que el ser humano prehistórico se desplazaba para poder obtener alimentos, es decir, eran nómadas (tal vez te interese saber cómo nacieron los primeros pueblos). Por este motivo necesitaban algo que les fuera útil para poder transportarlos.

Al igual que conocían que la piel de los animales era útil para proteger el cuerpo, también la empleaban para cargar con dichos alimentos. A dicho elemento se le conoce con el nombre de Alforje, que era una especie de bolsa hecha con cuero que se podía portar atado a la cintura o colgado de los hombros. Podría afirmarse que es el origen del bolso tal y como lo conocemos en la actualidad.

Historia del bolso en la antigua Grecia

El historiador griego Herodoto, del siglo V a.C., cuenta que los asirios llevaban los sellos de la firma en un estuche abolsado colgado de la cintura. Cuando por aquel tiempo se extendió el uso de la moneda, se inventó la bolsa de cuello anudado.

Los griegos llamaban birsa a una especie de bolsa o pellejo elaborado con cuero que solía servir de bolso de viaje. Era pequeña, no superior a los treinta centímetros de largo y algo menos de ancho.

A pesar de que en la Grecia Clásica no eran conocedores del jabón, con bastante frecuencia se bañaban y afeitaban (ver historia del baño y del aseo). Del mismo modo, les gustaba perfumarse con aceites y esencias varias. Pues todo estos elementos los guardaban en una bolsa.

el bolso en Grecia Clásica

Según el escritor griego Plinio el Viejo (23 – 79), nos explica en una de sus obras que el pintor Polignoto de Tasos, en el siglo V a.C., fue el primero en aplicar a las mujeres colores vivos y floridos. Esos mimos tonos de color se aplicarían también a las bolsas empleadas en dicha época que se portaban bajo la túnica o manto.

En monumentos funerarios grecolatinos se puede observar muy a menudo que las personas portaban una especie de pequeña bolsa de mano.

Historia del bolso en la antigua Roma

Los romanos latinizaron el nombre: bursa, y le dieron el mismo cometido. Mujeres, hombres e incluso niños portaban sus efectos personales en ellas. Los pobres usaban como bolso un retal de paño, un trozo de tela vieja o un pañuelo con que improvisaban un hatillo que anudaban a la muñeca o colgaban del cuello.

Esta especie de bolso primitivo era artículo de primera necesidad por una razón importante: hasta el siglo XVI las prendas de vestir no llevaban bolsillo y era preciso paliar aquella falta.

La bolsa de cuero, primero y de tela después, sirvió para llevar los objetos menudos de primera necesidad: monedas, cosméticos, peines, llaves. El bolso se solía llevar colgado del cinturón o atado al collar colgando sobre el pecho, si no era muy pesado su contenido. No obstante, los romanos preferían engarzar llaves, pinzas, joyas, etc. en una cadena que rodeaba el cuello.

Historia del bolso en la Edad Media

Conforme nos acercamos a la Edad Media el bolso sufrió cambios. En los museos de arqueología y etnología se conserva numerosos bolsos de cuero de forma prolongada y estrecha, de unos veinticinco centímetros de ancho e igual altura.

El bolso que se utilizó en la Edad Media se elaboraba con piel de ciervo, puerco o ubre de cerda: así eran los bolsos que hacía el influyente gremio de bolseros de París en el siglo XIII para uso de villanos, pues los poderosos contaban con bolsos de tela bordados.

Se cerraban con dos cordones cuyos cabos pendían de la boca de la bolsa y se abrían por medio de otro, con el que se colgaba de la cintura.

Eran objeto de regalo frecuente; en 1298 como obsequio de boda la condesa de Artois recibió una docena de bolsas de tela sarracena.

Los documentos de finales del XV hablan de bolsas de seda y de bolsitas relicario bordadas con motivos religiosos enriquecidos con perlas y oro de Chipre. Algunas se adornaban con cascabeles de plata: era una especie de alarma.

Se utilizaba mucho el bolso; tanto el hombre como la mujer. La gente corriente no salía a la calle sin su bolsa de piel de jabalí colgada de la cintura, era pieza inseparable del atuendo masculino y femenino en el siglo XV.

De este tipo de bolso los había de todo precio y calidad; los más artísticos fueron los italianos, llenos de cintas, cordones y pasamanerías, de forma lobulada o de medio círculo. Cabe destacar que alguno de ellos eran auténticas obras de arte.

Historia del bolso en el siglo XVI y XVII

Durante los siglos XVI y XVII el bolso se llenó de adornos, dijes y detalles que hacían de él una pequeña obra de arte. Las señoras de alcurnia regalaban un bolso como recuerdo o muestra de estima a un caballero o amiga, bolsos pequeños y lindos bordados por ellas. Como forma de pagar un favor, un servicio importante, una deuda se enviaba o entregaba en mano una bolsa de cuero cerrada en cuyo interior había un par de monedas de oro; también se recompensaba así los buenos oficios de un escudero, mensajero o servidor. Era el maletín de antaño, que iba y venía de un sitio a otro pagando oscuros servicios.

Hubo bolsos de distinto tipo; se hizo famoso el bolso misterio cuyo interior tenía compartimentos secretos para joyas, monedas, frascos de pomada, perfumes, una flor seca, una hoja de laurel e incluso un diente de ajo que junto al peine y el espejo constituían el ajuar de un bolso de señora.

Historia del bolso en el siglo XVIII

En el siglo XVIII nace un nuevo modelo de bolso: el bolso estilo cartera. Estaba fabricado con diversos materiales como la seda o la piel. Originariamente era empleado tanto por mujeres como hombres para portar documentos.

El bolso pasó en este siglo a ser parte de la moda textil y tener un papel fundamental en lo que al vestuario femenino se refiere. Con el paso de los años, empezaron a ser adornados con bordados.

Eran muy apreciados, tanto que algunas mujeres, al fallecer,  los dejaban como herencia para parientes o amigas. Estos bolsos se empleaban para cargar objetos personales, pero no para llevar dinero, ya que para ese menester existía otro tipo de bolso: el que sería el precursor de la cartera o billetero tal y como hoy lo conocemos.

Historia del bolso en el siglo XIX

En los comienzos del siglo XIX los bolsos eran fabricados de forma que satisficiera los numerosos cambios que estaba sufriendo la vestimenta femenina. Con este fin surgió la primera línea de bolsos diseñados para poder transportar las cosas de la mujer, pero de acuerdo a la clase social a la que pertenecía. Objetos como utensilios para el maquillaje, cartas, pañuelos o abanicos (ver historia del abanico). Se convirtieron en un complemento indispensable para las damas de Inglaterra.

Las primeras bolsas de viaje aparecieron a mediados del siglo XIX. Se trataba de unas maletas de viaje pero en miniatura y provistas de un práctico y rápido sistema de apertura y cierre, con un compartimiento “secreto” y llave.

Los bolsos bordados eran muy populares a principios del siglo XIX. Eran decorados con diferentes temáticas alusivas inspirados en la escultura, la literatura, la historia, elementos de flora y fauna o inspirados en pinturas famosas. Todos ellos fueron muy codiciados entre 1820 y 1860. Algunas de estos bolsos se elaboraban con trozos de telas bordadas o incluso con tapicería de la pared. Los marcos podrían ser de acero, plata u oro y con piedra preciosas incrustadas.

Los primeros bolsos con malla de metal y enmarcados con piedras preciosas se comenzaron a fabricar en 1820 por los orfebres. Pero el gran auge de estos tipos de bolsos fue gracias a la empresa de bolsos de metal Whiting and Davis Company, que tenía sus instalaciones en Pensilvania, Massachusetts.

Esta firma se fundó en 1876 como si fuera una típica empresa de joyería. Su primer nombre fue Wade, Davis and Company; pero a los 4 años, en 1880 Charles Whiting fusionó la compañía.

Durante más de 100 años, Whiting y Davis Company fue la creadora de extraordinarios diseños de bolsos de metal. Sus diseños incluían compartimientos para portar carteras, cigarrillo, cosméticos y joyas.

A finales del XIX y principios del XX las damas españolas utilizaban bolsos de tela bordada con cierre de acero y cadenilla o cordón a modo de asa, que recibía el nombre de ‘ridículo’. Desde entonces acá el bolso ha evolucionado hasta convertirse en pieza más decorativa que funcional, aunque sigue sirviendo para transportar ese universo de cosas menudas y sobrantes, superfluas a veces, prescindibles casi siempre que transportan los hombres en sus mariconeras (hijas bastardas del bolso) y las mujeres en sus bolsitos delicados.

Historia del bolso en el siglo XX

Llegado el siglo XX, bolso se convierte casi en mero un complemento que ha de hacer juego con zapatos y vestido. Tuvieron, en lo que se refiere a la época contemporánea su momento áureo en las décadas de los ‘cuarenta y los cincuenta; daba tono, confería elegancia a la mujer que sabía conjuntarlo.

Modistas, perfumistas, joyeros, una turba de servidores de la moda como Hermès ponían su ingenio al servicio del bolso. El parisino Hermès creó un bolso que se hizo clásico en manos de Grace Kelly.

Marlene Dietrich encargaba sus zapatos y bolso a la misma firma para que hicieran juego. Pero un discípulo de Pierre Cardin, Jean Paul Gaultier, fue quien más revolucionario se mostró, creando los bolsos de cacerola, las atrevidas mochilas y los diminutos bolsitos.

También Hubert de Givenchy diseñó curiosos modelitos para Audrey Hepburn en piel, charol, nailon. Todo un hito en la historia de los bolsos.

En la década de los sesenta, con el feminismo beligerante el bolso decayó casi arrinconado ante la pujanza de la mochila, el saco, las mallas. Pero anda de nuevo presto a levantar cabeza.

Historia de la palabra bolso

Cómo decir, ¿bolso o bolsa? Se dijo bolsa antes que bolso. En Castilla era vocablo que ya sonaba en el siglo XIII referido a un odrecillo de cuero o pellejo para llevar cosas. El término ‘bolsico’ fue el más empleado en el XV, hasta que cien años después empezó a hablarse de ‘bolso’ y ‘bolsillo’.

Sebastián de Covarrubias, escribe referido a la bolsa en su Tesoro de la lengua castellana(1611):’Comúnmente se toma por el saquillo de cuero en que echamos el dinero’. También se hablaba de ‘gato’ o bolsón de piel de ese animal desollado, entero y sin abrir; y de faltriqueras o bolsas que se llevaban asidas a las faldas del sayo.

¿Quieres saber más?

Si te interesa ver ejemplares de estos bolsos históricos que te hemos explicados puedes visitar algún museo del bolso. Si no existe ninguno cerca de donde vives, puedes ver sus páginas web:

En CurioSfera.com esperamos que La historia del bolso te haya sido muy interesante. Si quieres ver más respuestas u curiosidades históricas, puedes visitar la categoría de Historia. Pero si te resulta más sencillo, puedes hacer tus preguntas al buscador de nuestra web. Y recuerda que si te ha gustado, por favor, dale un me gusta, compártelo con tus amistades o familiares o déjanos un comentario. 🙂

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