Historia del anzuelo

El hombre del Paleolítico conocía la pesca, pero todavía desconocía este utensilio con forma de gancho y punta afilada. En sus cuevas, aquella sociedad prehistórica dejó constancia de cómo eran los peces que consumía, y cómo los cazaba. Entonces, ¿Quién invento el anzuelo?. No te preocupes, en CurioSfera.com nos gustaría explicarte la historia del anzuelo y su origen.

En una de las excavaciones arqueológicas más antiguas que existen, se han encontrado gran cantidad de restos de finales de la Edad de Piedra, donde abundan los desperdicios de pescado, entre los que no aparece anzuelo alguno en las capas más antiguas del yacimiento. Y es que podríamos decir que el hombre primitivo no pescaba tal y como lo entendemos hoy, más bien cazaba la pesca a pedradas o la seguía a orillas de los ríos con el arpón en la mano.

Pero según hallazgos de unas antiguas ruinas (ver qué es una ruina), parece ser que a finales del periodo Neolítico se comenzó a emplear no solo arpones sino también anzuelos: parece que las mujeres utilizaron los primeros anzuelos hacia el 8000 a.C.

Los primeros anzuelos estaban fabricados de hueso y conchas de molusco. Era una simple estaquilla atada por el centro y cuyo extremo había sido afilado, por lo que al ser engullido por el pez se cruzaba en su garganta y, al tirar el pescador del cordel, se clavaba en las paredes de su boca.

Poco a poco, con el paso del tiempo, fueron surgiendo anzuelos algo más sofisticados. Eran curvos y con púas, pero al no existir todavía el uso del metal, su evolución quedó estancada durante miles de años ya que las materias primas empleadas para su fabricación no daban más de sí.

Parece ser que los chinos fueron los primeros pescadores que alcanzaron un alto grado de sofisticación. Un documento escrito en el año 1500 a.C. dice: Los pescadores utilizan la seda de los capullos de ciertos gusanos para hacer sus hilos o cuerdas de pescar, y una especie de arponcillo o anzuelo de hierro afilado, así como espinas para sus bastones de pesca o arpones de mano, y grano hendido como cebo.

Pero, ¿por qué no empleó el hombre primitivo el anzuelo? Esta ausencia pudo deberse a razones de tipo social, ya que en algunas culturas primitivas, todavía hoy, el arpón es lo que pertenece al hombre y el anzuelo a la mujer o a los tipos pusilánimes y afeminados. En el cementerio primitivo de Gotland, isla sueca del Báltico, se enterraban arpones junto a los hombres y anzuelos en las tumbas de las mujeres. Hay que tener en cuenta que el horror del hombre primitivo a la homosexualidad y el incesto fue mayor que en tiempos clásicos.

Aquellos anzuelos no eran semejantes a los actuales: aunque eran curvos no tenían engaño, es decir, el pez, una vez mordido podía liberarse de él fácilmente. Estaban hechos de hueso o de asta como los hallados en Aubin, Francia, o anzuelos de colmillo de jabalí como los hallados en Moossedorf, en Suiza.

El arpón y la red fueron artes de pesca en la Europa prehistórica. Se conservan ejemplares que tienen cerca de quince mil años, muy variados, especiales para la pesca, terminados en púas curvas que se parecen al anzuelo.

Realmente, el origen del anzuelo está en esas prácticas. Hace nueve mil años se conocía en lo que hoy es el estado de Israel el anzuelo de hueso, parecido a los que aún se utilizan en el Sudán para pescar en el Nilo, hechos con concha de ostra. También los chinos y los pueblos aborígenes de Australia siguen empleando anzuelos similares.

Tal y como hoy lo conocemos, el anzuelo surgió en la Edad de los Metales. La llegada de este nuevo material consolidó su uso. Los pueblos antiguos europeos de la cuenca del Danubio, hacia el 3900 a.C. confeccionaban anzuelos de cobre. En las ciudades lacustres centroeuropeas se ha hallado anzuelos de bronce de diversos tamaños, como los de Robenhausen y Wangen, en Suiza, donde también se encontraron restos de redes e incluso flotadores de pino para evitar que el ingenio se hundiera.

Por lo general, aquellos anzuelos carecían de gancho, y no resulta fácil imaginar cómo podía quedar preso el pez, sin posibilidad de escapar. Eran pequeñas cedillas, por su forma de pequeñas “ç” afiladas por los extremos, atadas a los lados del cebo como los actuales anzuelos esquimales.

La historia de la pesca con anzuelo es poco conocida. En la Grecia Antigua, Homero describe el grado de perfección al que se había llegado ya en el siglo VIII a.C. en las pesquerías, pero el anzuelo como hoy lo concebimos seguía siendo una asignatura pendiente.

El poeta hispano romano Marcial, del siglo I, pescaba con caña corta, al final de cuyo hilo había un anzuelo curvo donde se quedaba prendido el cebo; los peces, tanto del Ebro como del Tíber, ríos en los que se sabe que se pescaba, hubieran podido escapar fácilmente del engaño, ya que aquellos anzuelos no lo impedían.

El naturalista romano Plinio, coetáneo de Marcial, habla pormenorizadamente de los peces y sus costumbres, así como de la forma de pescarlos, tanto es así que el libro IX de su Historia natural está exclusivamente dedicado a esa tarea tanto en el Mediterráneo como en el mar Negro.

No cabe duda que el pescado era un manjar suculento en el mundo grecolatino, y no se escatimaba esfuerzos para llevarlo fresco a la mesa, aunque para ello fuera necesario llevarlo vivo y coleando.

A lo largo de la Edad Media Alfonso X el Sabio dictó normas sobre la pesca en las Siete Partidas mediado el XIII. También en Francia de finales de ese siglo Felipe el Hermoso hacía otro tanto. A finales de esa edad Wynkyn de Worde publicó en Westminster su The Treatise of Fishing with an Angle, arte de pescar con anzuelo, escrito acaso por una mujer: Juliana Berners.

Pero hasta llegado el siglo XVII, en que se inventó el carrete de pesca, los peces eran atraídos al cebo moviendo el pescador un sedal en el agua. A partir de aquella fecha, en 1655, el inglés Charles Kirby, fabricante londinense de anzuelos, mejoró el producto fabricando anzuelos de metal mejor templado, a los que dio una curvatura particular y nueva que impedía al pez desembarazarse del engaño, lo que mejoró tanto el producto que el anzuelo ya no volvió a ser lo que fuera, sino lo que todavía es.

En cuanto a la palabra “anzuelo”, es un término latino, de la forma diminutiva de hamus: hamiciolus, de uso en castellano desde el siglo XII.

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