Historia de la licuadora

En muchas cocinas del mundo está presente este pequeño electrodoméstico. Las puede haber manuales, pero lo más habitual es que sean eléctricas. Las licuadoras sirven para extraer el jugo de las frutas, preparar licuados de verduras, hasta preparar cremas, purés y salsas. Pero, ¿sabes quién la inventó? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo ha evolucionado?. En CurioSfera.com nos gustaría darte todas las respuestas y explicarte la historia de la licuadora.

La licuadora es un electrodoméstico inventado en el año 1922 por un estadounidense de origen polaco llamado S. J. Poplawski. Al principio recibió el nombre de aparato de cocina centrifugador. La bebida preferida de Poplawski era el batido de leche malteada, y la inventó ya que estaba buscando un método rápido para poder prepararla.

Tras seis años de experimentos fallidos, el inventor de la licuadora (Poplawski), consiguió construir una máquina que era capaz de preparar sus batidos favoritos en unos pocos minutos y de manera muy cómoda. Al comprobar que su ingenio funcionaba de maravilla, rápidamente la patentó con el nombre de: “Aparato agitador con mezclador ensamblado en el fondo de una taza”. Como puedes comprobar, un nombre comercial muy poco acertado.

Poplawski , el padre o descubridor de la licuadora, vivía en la ciudad de Racine, en el estado norteamericano de Wisconsin. Esta población era la principal productora de malta en polvo, que se empleaba (entre otras cosas) para realizar distintos batidos. Por tanto, al contrario de lo que se pueda pensar, en el origen de la licuadora, no estaba diseñada para licuar frutas ni verduras, solo para preparar batidos. Si te interesa puedes ver cómo hacer limonada.

La licuadora se comenzó a vender como mezclador en las expendedurías o tiendas de bebidas no alcohólicas que, como reclamo, mostraban con orgullo este nuevo invento en sus mostradores o escaparates.

Favoreció enormemente su éxito y expansión el hecho de que en aquella época, en los EE.UU estaba vigente la famosa ley seca, que prohibía la venta de bebidas alcohólicas. Esto hacía que en restaurantes, bares y similares, solo se podía servir de forma legal jugos de frutas, batidos, Coca-cola y poca cosa más. También puedes ver la historia de la Coca-cola.

Pero la licuadora todavía no había dado el gran salto y su éxito era aún relativo. Como en muchos otros inventos, éste llegó de un modo muy curioso. En agosto del año 1936, Fred Waring, músico y director de una orquesta llamada The Pennsylvanians, asistió con un amigo a una demostración de cómo funcionaba la licuadora de Poplawski. Sorprendido y casi de inmediato, cayó en la cuenta que era ideal para para preparar una de sus bebidas favoritas: el cóctel daiquiri. También te puede interesar cómo preparar un cóctel Manhattan.

Entusiasmado, tras la idea que acababa de tener, inmediatamente le dijo a su amigo lo siguiente: “Compañero, podemos hacer que este peculiar aparato doméstico llegue a ser indispensable en todos los restaurantes y bares de América. Y, efectivamente, aquella frase resultó ser profética.

Con el apoyo económico del músico Fred Waring se realizaron una pequeñas modificaciones al invento original de aquella licuadora. Tan solo un mes después, en septiembre de 1936 se presentó la nueva e innovadora licuadora en el National Restaurant Show de la Feria del Mueble de Chicago. A este ingenio, rediseño de la licuadora, se le denominó comercialmente con el nombre Waring blender. y se presentaba bajo el eslogan publicitario “la forma más rápida de preparar bebidas heladas”. Puedes ver también la historia de la publicidad.

El éxito fue espectacular: el público asistía en masa a las demostraciones del funcionamiento de la licuadora que se realizaban. En muy poco tiempo, en restaurantes, bares y comercios similares de todo el país existía una licuadora para preparar bebidas, jugos y batidos.

En el año 1950, se intentó vender también la licuadora como un electrodoméstico apto para elaborar purés, masas para pasteles y salsas. Pero tal y como estaba diseñada, no tuvo demasiado éxito. Pero en su defensa, nuevamente surgió el músico Fred Waring, gran promotor de la licuadora, y encabezó una campaña de publicidad para demostrar su utilidad para hacer salsas holandesas y mayonesas.

Desde entonces la evolución de la licuadora ha sido constante. En el año 1955 se añadieron una serie de nuevos dispositivos adicionales, como por ejemplo la picadora de hielo. Dos años más tarde, en 1957, se incorporó incluso un dispositivo que podía moler café. También se le añadió un mando que controlaba el tiempo de funcionamiento, algo que provocó que las ventas se disparasen.

Todo esto hizo que muchas firmas y marcas de la época decidieran pasar a la acción y fabricar sus propios modelos de licuadoras. De este modo, fueron apareciendo en el mercado una gran variedad de mezcladoras y licuadoras. Por ejemplo, la compañía Oster fabricó un tipo de licuadora con el que decía se podía comidas enteras con su aparato.

Alentados por las perspectivas de ventas, los grandes almacenes dispusieron espacios exclusivos para este tipo de electrodoméstico. Del mismo modo, para la demostración de su uso y ventajas. Aquellos islotes dentro de los grandes espacios de los almacenes funcionaban como escuelas para la introducción del uso de nuevas técnicas aplicadas a la cocina. Quizá quieras ver cómo hacer zumo de arándanos.

Llegó un punto en que incluso se enviaba por correo postal recetarios y folletos explicativos a las amas de casa norteamericanas. En 1960 era un aparato de cocina tan popular que se inicio la posteriormente denominada “guerra de los botones”. Mientras la primera licuadora sólo tenía dos velocidades, el modelo de la empresa Oster disponía de 4. El resto de la competencia, con gran temor a quedarse atrás, lanzó en 1965 al mercado una licuadora con 8 botones.

Pero esto no queda aquí, la firma Waring comercializó un modelo con 9 botones en el año 1966. Y en 1968, ya quedaba “antigua” debido a que las licuadoras modernas disponían ya de, nada más y nada menos, que 15 botones en su cuadro de mandos.

La lucha de los botones y el frenesí competitivo provocó que las ventas se dispararan. De 250.000 licuadoras y mezcladoras que se vendieron el año 1948 en América, se pasó en 1970 a la sorprendente cifra de 130 millones de unidades vendidas. Además, su precio de venta al público fue bajando cada vez más hasta un tercio del que inicialmente tuvo.

No es extraño que los pequeños fabricantes de la ciudad de Racine, en Wisconsin, estuvieran realmente asombrados ante la espectacular acogida de su pequeño electrodoméstico. Uno d ellos, ante el indiscutible triunfo de la mezcladora-licuadora, exclamó: “We are all mixed up” o lo que adaptado al español sería algo parecido a: nos hemos vuelto todos locos.

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