Historia de la anestesia

Es posible que no conozcas cuándo se realizó la primera intervención quirúrgica. Al igual que es posible que no conozcas si se empleaba anestesia en las primeras operaciones. Algo que hoy en día vemos como algo imprescindible para poder el terrible dolor que puede sufrir el paciente. En CurioSfera.com nos gustaría explicarte la historia de la anestesia. ¿Comenzamos?

Se sabe que ya en el periodo Paleolítico este tipo actuaciones médicas se practicaban con más frecuencia de lo que podríamos pensar. Así lo demuestran ciertos hallazgos arqueológicos de este periodo.

La primera operación quirúrgica de cierta envergadura de la que existe información documental tiene que ver con cierto hombre de Neanderthal que vivió hace 15.000 años. Hallado en los Montes Zagros (actual país de Irak), en los restos de su esqueleto se han hallado claras evidencias de haber sido sometido a dos operaciones quirúrgicas: una para la amputación de un brazo y otra es una trepanación del cráneo, práctica muy habitual el Egipto antiguo. Tan dolorosas operaciones requerían anestesia. Atención, no confundir con sinestesia, que es un trastorno neurológico.

Algunos miles de años más tarde, se conoce que el pueblo asirio dormía al paciente ejerciendo presión sobre las carótidas (unas arterias que riegan el cerebro). Esto provocaba que llegase menos oxígeno y se podía mitigar el dolor en los actos de circuncisión. Se trataba de una anestesia primitiva que conseguía paliar ligeramente el rigor en las intervenciones menores. También te puede interesar conocer la historia de la medicina.

También recurrían al empleo de la denominada piedra de Menfis o menfitis. Y cuando estos procedimientos eran poco eficaces se empleaba la mandrágora, una planta herbácea con efecto narcóticos de la que existían leyendas y fábulas prodigiosas. De hecho, el naturalista Plinio el Viejo, en su obra Historia natural, la denomina como anestésico local que se prepara machacando sus hojas y mezclando el producto con una especie de gachas de harina y polenta. Resultando una especia de cataplasma que se aplicaba sobre la zona afectada.

El dolor siempre fue un gran inconveniente a la hora de intervenir al paciente. Lo era aún más en las guerra y por supuesto, en los campos de batalla. Ya a finales de la Edad Media se amputaba piernas y brazos usando como anestésico un cierto brebaje elaborado con alcohol y pólvora de fusil. Es posible que te interese también la historia de la asepsia.

La anestesia bucal fue utilizada por primera vez en el siglo XIV en la ciudad italiana de Padua por un cirujano abuelo del famoso Girolamo Savonarola. El anestésico en cuestión era sumamente curioso: el mencionado cirujano hacía que su paciente masticase una bolsita de tela llena de beleño, de granos de adormidera, cuyo jugo insensibilizaba la mucosa de manera temporal.

En el año 1799, la anestesia tubo un momento de cierto auge ya que el químico inglés Humphrey Davy descubrió las propiedades analgésicos del protóxido nitroso. Había inventado la anestesia gaseosa. Este científico británico comprobó los efectos en su propio cuerpo, logrando un remedio para el dolor de muelas que sufría.

De hecho fue el dentista Horacio Wells el primero en utilizarlo en sus pacientes. Sin embargo, este gas hilarante degeneró convirtiéndose pronto en producto de bromas y pasatiempo debido a que incitaba a la risa incontrolada, animaba fiestas y predisponía falsamente a la jovialidad.

Independientemente de este hecho, al ser un anestésico local sólo servía para un número limitado de intervenciones, mientras que lo que se buscaba era la anestesia general. Con ese propósito empleó el médico norteamericano C.W. Long en 1842 un producto que dio resultados en América y Europa: el éter.

Pero fueron dos compatriotas suyos, los médicos William Morton y J. C.Warren del Massachussetts General Hospital quienes en 1846 realizaron la primera gran operación con éter, fue un caso de tumor de cuello. Su empleo era limpio y fulminante en los resultados, por lo que a partir de entonces se difundió su uso y poco después el médico londinense J. Snow se especializó en aquellas técnicas, siendo el primero en llamarse anestesista.

Su colaboración permitía al cirujano concentrarse en los trabajos propiamente quirúrgicos y ganar en efectividad. El ginecólogo inglés J. Simpson lo emplearía para experimentar más tarde con una sustancia nueva: el cloroformo, anestésico que se puso de moda por razones ajenas a la Medicina. Es posible que quieras saber quién inventó la penicilina.

El hecho de haber sido empleado para intervenir a la reina Victoria I de Inglaterra en su séptimo parto. Desde entonces parece que remitió la antigua creencia, basada en el relato bíblico del Génesis de que la mujer estaba obligada a parir con dolor.

En 1884 apareció la anestesia local eficaz. La introdujo el oftalmólogo austriaco K. Köller: se trataba sencillamente de la cocaína, anestésico mejorado en 1902 mediante la adición de adrenalina. No tardó en comprobarse dos años después que esta droga resultaba perniciosa y fue sustituida por la novocaína.

En 1885 aparecía la anestesia peridural o epidural, descrita por vez primera por el norteamericano doctor Corning. Se llevaba a cabo mediante la inyección analgésica en el espacio peridural que envuelve la médula espinal, entre la undécima vértebra dorsal y la cuarta vértebra lumbar a fin de dormir órganos como los alojados en la pelvis: próstata, riñón, útero. Tal vez te guste conocer la historia de los rayos X.

En 1901 se retomó aquel tipo de anestesia, que había sido olvidada, y a partir de 1970 experimentó un resurgimiento en lo que a su aceptación por los médicos del momento se refiere, sobre todo en el campo de la obstetricia.

En nuestro tiempo, son numerosos los procedimientos anestésicos: desde el empleo de la anestesia intravenosa hasta el uso del frío e incluso de la electricidad. En los hospitales de hoy en día cuentan con diferentes métodos anestésicos. Puedes ver nuestro artículo cómo es un hospital.

En cuanto a la palabra anestesia, decir que es un término griego, del prefijo negativo an-+ aiszeis: que no siente o ha perdido la capacidad de sentir. El término “anestesia” en español, no es de uso anterior a mediados del siglo XIX.

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