Historia de Bolivia

Bolivia es una nación con una historia trepidante y centenaria. Un país que cuenta con una cultura y unas costumbres que provienen de varios siglos atrás en el tiempo. Sus gentes, sus preciosos paisajes y gastronomía hacen que sus visitantes se enamoren de ella. Un territorio que ha pasado por diversas etapas y períodos históricos muy interesantes que es necesario que conozcas. Por ese motivo, en CurioSfera.com queremos explicarte la historia de Bolivia y su origen. ¿Empezamos?

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Índice de contenidos

Origen de Bolivia

Para conocer la historia y origen de Bolivia, es necesario primero conocer un poco cómo es y su situación geográfica. Separada del océano Pacífico por Perú y Chile, en América del Sur, Bolivia limita al oeste con Perú, al sur con Paraguay y Argentina. Al Suroeste con Chile y al Noreste y sudeste con Brasil.

De entre todas las regiones americanas que pasaron a depender de la corona española a partir del siglo XVI, su actual territorio no pareció despertar el interés de los colonizadores. El carácter abrupto del terreno, la gran elevación de estos altiplanos andinos y las luchas entre los conquistadores retrasaron la implantación de los recién llegados; pero el descubrimiento de la plata de Potosí cambió la actitud de España (ver historia de España).

Así, la fundación de La Paz en 1548 y la creación de la Audiencia de Charcas en 1561 representaron el inicio de varios siglos de dominación de una provincia llamada Alto Perú. Los pueblos del altiplano, aimaraes y quechuas, trabajaron en las minas, fueron explotados luego por los grandes hacendados tras la Independencia y aún hoy viven casi como aquellos antepasados que fueron súbditos del Imperio Inca.

Pero los indígenas parecen sobrevivir a los avatares de la historia, y junto a sus reivindicaciones sociales aparecen los viejos cultos al Sol, las ofrendas a la madre Tierra, la quietud de la vida en la altiplanicie.

Historia boliviana – civilizaciones precolombinas

Los restos arqueológicos más antiguos encontrados en el actual territorio de Bolivia pertenecen a la civilización paleolítica de Viscachami. Iniciada en los albores de la era cristiana, la cultura milenaria de Tiahuanaco se desarrolló ampliamente, en el altiplano boliviano, del año 600 al 1100: su principal monumento fue la Puerta del Sol.

La decadencia de Tiahuanaco dio paso a los pueblos aimaras y quechuas, que ocuparon respectivamente el altiplano y los valles del sudeste. En los llanos y bosques orientales vivían tribus diseminadas, entre las que destacan los uros.

Aimaras y quechuas fueron incorporados al dominio inca por Maita-Cápac, antes de que tuviera lugar la expansión definitiva de la civilización inca, que persistió hasta la llegada de los conquistadores españoles.

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Época colonial de Bolivia

Vencidos los incas por Francisco Pizarro, el territorio de Nueva Toledo (Bolivia) fue atribuido a Almagro, quien mostró escaso interés por estas tierras, absorbido primero por la expedición a Chile, y a su regreso, por las luchas contra Pizarro.

Las guerras entre pizarristas y almagristas retrasaron la colonización, que no se inició de una forma sistemática hasta el término de estas luchas, con la fundación de La Plata (Chuquisaca) en 1538 y el descubrimiento del cerro de Potosí.

En 1548 se fundó La Paz y en 1561 Santa Cruz de la Sierra. La publicación de las Ordenanzas de Barcelona por Carlos V, por las que quedaban suprimidas las encomiendas, chocó con los intereses de los colonizadores que, al mando de Gonzalo Pizarro, desencadenaron la guerra civil. Aunque fueron derrotados, consiguieron la anulación práctica de las Ordenanzas.

Administrativamente integrada en el virreinato del Perú, fue creada en 1559 la Audiencia de Charcas, instalada en 1561 en La Plata. Esta Audiencia, estructurada y organizada por el virrey Francisco de Toledo (1570), habría de constituir el marco de la actual Bolivia.

La producción minera de Potosí había empezado a disminuir desde 1560. Francisco de Toledo reorganizó la mita, con lo que consiguió proveer de abundante mano de obra a las minas. La producción aumentó hasta llegar a 860.000 pesos en 1582; en 1650, la población de Potosí alcanzaba los 160.000 habitantes.

En 1776 la Audiencia de Charcas fue incorporada al virreinato del Río de La Plata. La introducción de la mita provocó el levantamiento de las masas indias, dirigidas por Túpac Amaru, descendiente de los incas.

La revuelta fue reprimida brutalmente por el virrey Francisco de Toledo. Hasta el siglo XVIII no se produjo un movimiento similar. En 1781 Tomás Catari sublevó las masas indias de Oruro, Cochabamba y La Paz.

Poco después, la población criolla, dirigida por los hermanos Rodríguez, pretendió impedir la elección de españoles para el cabildo de Oruro, llamando en su apoyo a los indios, que se adueñaron de la ciudad.

Fueron expulsados, pero la sublevación se reprodujo tanto en el norte, dirigida por José Gabriel Túpac Amaru, como en el sur, donde continuaban amotinadas las masas dirigidas por Tomás Catari y las que levantó Julián Apasa, quien se proclamó virrey con el nombre de Túpac Catari e intentó apoderarse de La Paz. Al cabo de unos meses las autoridades virreinales lograron dominar la situación y los principales jefes fueron ajusticiados (1781).

Historia de la independencia de Bolivia

Desde finales del siglo XVIII existía entre la población criolla un latente malestar, que se concretaba en la reclamación de la libertad absoluta de comercio y la supresión del privilegio de que gozaban los españoles para el desempeño de cargos políticos y eclesiásticos y en protestas contra los abusos de la administración española.

Las ideas enciclopedistas y de la Francia revolucionaria y el ejemplo de la independencia de EE.UU. tuvieron repercusión solo en grupos muy minoritarios; la mayor parte de la población participó en las primeras manifestaciones de la lucha emancipadora como protesta por el mal gobierno y solo en el transcurso de la guerra fue adquiriendo conciencia de su carácter independentista.

El no reconocimiento de la Junta Central de Sevilla por la Audiencia de Charcas fue el inicio de sublevaciones, que culminaron con la insurrección de La Paz (16 julio 1809), orientada abiertamente hacia la emancipación de la colonia.

Las autoridades fueron depuestas y en su lugar se organizó una Junta Tuitiva, formada por Pedro Domingo Murillo y José Antonio Medina, entre otros, que hizo una proclama netamente separatista, una de las primeras de la América española.

Los sublevados lograron apoderarse de la ciudad, pero fueron reducidos y sus principales dirigentes condenados a muerte. El levantamiento de Buenos Aires (1810) repercutió en varias ciudades bolivianas que, con el apoyo prestado por los independentistas argentinos, lograron mantener su independencia hasta la derrota de Belgrano en 1813.

A partir de este momento, sometida Bolivia nuevamente a la autoridad virreinal, la lucha adoptó la forma de guerrillas hasta la batalla de Ayacucho (1824), en que las tropas realistas fueron derrotadas.

El resto del ejército español fue definitivamente destrozado en Tusmusla por el general Sucre en 1825. Pocos meses después se reunía una asamblea en Chuquisaca que proclamó la independencia y acordó dar a la nueva república el nombre de Bolívar.

Encargado el general Sucre del gobierno del país, convocó una asamblea constituyente (1826) a la que se presentó un proyecto de Constitución, obra de Bolívar, en virtud de la cual Sucre fue elegido presidente vitalicio de la República.

Éste, siguiendo las directrices de Bolívar en su esfuerzo para evitar la atomización de la América hispana, redactó un tratado de federación con Perú, que fue finalmente rechazado por este país.

Ante su fracaso, dedicó todos sus esfuerzos a sentar las bases políticas y de organización del Estado boliviano, con la división administrativa en cinco departamentos y la organización de la instrucción pública.

Pronto surgieron síntomas de descontento, instigados desde Perú, y cuando un ejército peruano penetró en Bolivia, Sucre presentó la renuncia (6 agosto 1828). La Asamblea eligió presidente al general Pedro Blanco, pero días después fue depuesto y asesinado.

Posteriormente fue designado el general Andrés de Santa Cruz. Durante su mandato (1829- 39), continuó la labor organizadora de Sucre e intentó nuevamente la unión con Perú, lo que consiguió en 1837, aunque de forma efímera, pues el descontento que surgió en 1839 en ambos países hizo que fuera depuesto él y anulada la Confederación.

Historia boliviana siglos XIX y XX

Después del fracaso del general Santa Cruz. Bolivia quedó definitivamente reducida a sus propias fuerzas. País escasamente poblado (se calcula que en el momento de la independencia solo contaba con 990.000 habitantes, de los que un 52 % eran de raza india) y subdesarrollado económicamente, tuvo que plegarse a la injerencia de los Estados vecinos en los pleitos fronterizos posteriores a la independencia.

La magnitud de sus problemas exigía gobiernos dispuestos a realizar profundas reformas que sacaran al país del subdesarrollo colonial, pero desde la fundación de la república el poder estuvo en manos de una minoría enriquecida por las explotaciones mineras, que se apoyó en la falla de conciencia política de las masas (la mayor parte de la población era analfabeta) y en la inexistencia de partidos políticos organizados, y que no dudó en recurrir al pronunciamiento militar como forma de acceso al poder.

La actuación de la mayor parte de los presidentes se manifestó por su afán de enriquecerse y en mantener el orden, y hasta la guerra del Pacífico, prácticamente, ninguno de ellos terminó su mandato.

Algunos, como Belzú (1848-55), intentaron apoyarse en las masas populares, pero sin objetivos definidos y sin esforzarse en crear en el pueblo una conciencia política; los hubo que intentaron algunas reformas, como Linares (1857-61): otros, como Melgarejo, llegaron a extremos inimaginables, pero ninguno de ellos se preocupó de los auténticos problemas del país.

La política exterior estuvo también mal dirigida, lo que determinó graves pérdidas para Bolivia. Así, las reclamaciones bolivianas en la costa del Pacífico (1879) provocaron la guerra con Chile, a consecuencia de la cual Bolivia perdió su salida al mar.

Después de este desastre, la oligarquía se esforzó en atenuar progresivamente la intromisión de los militares en la vida política del país y fue reservando para los civiles la gestión de la administración pública.

Las fuerzas políticas de la nación empezaron a agruparse en torno a los partidos conservador y liberal, que hicieron su aparición en las últimas décadas del siglo XIX. Estos partidos, representantes de la burguesía propietaria de las minas, tenían bases ideológicas muy primarias y sólo se diferenciaban por leves matices doctrinarios.

Los conservadores gobernaron hasta fines de siglo XIX, en que fueron desplazados por los liberales, que vieron favorecida su gestión por la gran expansión de las exportaciones de estaño y lograron estabilizar la vida del país. La Guerra del Chaco (1932-35) abrió paso a una nueva etapa de inestabilidad. Aparecieron los partidos nacionalistas y también los de izquierda, fundamentales en la historia posterior de Bolivia.

Período revolucionario de Bolivia

En 1952, después de una década de inestabilidad política, llegó al poder, gracias a un movimiento revolucionario que reunió a la pequeña burguesía, el campesinado y la clase trabajadora, Víctor Paz Estenssoro, miembro del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y al que apoyaba inicialmente el Partido Obrero Revolucionario (POR).

Durante su mandato fueron nacionalizadas las minas de estaño pertenecientes a las familias Aramayo, Patiño y Hochsehild y se inició una amplia reforma social que estableció el sufragio universal y la reforma agraria, consignadas luego en la Constitución de 1961.

En 1956 le sucedió Hernán Siles Zuazo, perteneciente también al MNR, que estrechó la cooperación con EE.UU. y puso en práctica un plan de austeridad económica, con lo que se ganó la oposición de los sindicatos mineros, dirigidos por Juan Lechín.

En 1960 fue de nuevo elegido presidente Paz Estenssoro, y Lechín obtuvo la vicepresidencia, pero la política de austeridad hizo que Lechín dimitiera y fuera reemplazado por el general Rene Barrientos.

Historia de la dictadura militar boliviana

En 1964 fue reelegido Paz Estenssoro, pero ante la creciente influencia de los obreros y mineros en la vida política los generales R. Barrientos y A. Ovando derrocaron el poder civil y establecieron una dictadura militar.

Barrientos ocupó la presidencia y fue confirmado en 1966 tras unas elecciones. El Gobierno se enfrentó con éxito al movimiento guerrillero que operaba en las zonas campesinas (captura y muerte de Ernesto “Che” Guevara).

Tras la muerte de Barrientos le sucedió el vicepresidente, que en 1969 fue derrocado por Ovando; éste planteó una política de signo nacionalista (prohibición de explotar petróleo boliviano a la compañía estadounidense Gulf Oil), pero tras una sublevación militar conservadora (octubre 1970) fue sustituido por el general Juan José Torres.

En agosto de 1971 un nuevo golpe militar derechista colocó en el Gobierno al coronel Hugo Bánzer, quien asimismo sufrió varias sublevaciones militares. En los comicios de 1980 venció Hernán Siles Zuazo; sin embargo, el agravamiento de la crisis y el nombramiento de diversos Gobiernos militares y civiles demoraron su toma de posesión hasta octubre de 1982.

Historia reciente de Bolivia – La democracia

Bánzer ganó sin mayoría las elecciones de 1985 y Paz Estenssoro accedió a la presidencia apoyado por la izquierda e impuso un plan de austeridad que permitió sustituir el peso por el boliviano (enero 1987).

En las elecciones de julio de 1989, Jaime Paz Zamora fue elegido presidente tras pactar un gabinete de coalición con el partido de Bánzer. Perú cedió a Bolivia una zona franca portuaria en Ilo por un plazo de 50 años prorrogables (24 enero 1992).

En 1994 se impuso Gonzalo Sánchez de Lozada, líder del MNR, y en 1997 le sustituyó Hugo Bánzer al frente de la derechista Acción Democrática Nacionalista. Tras renunciar en agosto de 2001 por motivos de salud fue reemplazado por el vicepresidente del país, Jorge Quiroga. Después de las elecciones de julio de 2002 Sánchez de Lozada volvió a la presidencia.

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