Cómo cazan los leones

Durante millones de años, el león ha dominado la sabana africana. Están en lo más alto de la cadena alimenticia. Porque con su tremenda fuerza, su portentosa habilidad para saltar, y su extraordinario trabajo en equipo, los leones no temen enfrentarse a nada. Tal vez por eso se le denomina el rey de los animales. ¿Te gustaría saber cómo caza un león? En CurioSfera.com te lo vamos a explicar como nadie antes lo ha hecho, desde dentro, como si formaras parte de una manada. ¿Empezamos?

Imagínate que estás en África occidental a mediados de septiembre, en plena estación seca. Ves a doce leones adultos y seis cachorros que viven juntos en una manada. Una gran familia que caza y vive junta de por vida. Esta época es especialmente calurosa y seca, y gran parte de las presas de león están empezando a migrar a pastos más verdes. Lo que significa que tendrán menos oportunidades de cazar. Entonces, ¿qué cazan los leones?

Cada león necesita más de cinco kilos de carne al día, unas 8.000 calorías. Ya que hay pocas oportunidades, esta manada no puede fallar en la cacería. Pero abatir a un animal que es cinco veces mayor que ellos no va a ser tarea fácil. Cazar un búfalo supone un desafío, ya que están muy alerta del peligro y duermen solo una hora cada noche y no de forma seguida. Rara vez duermen más de cinco minutos seguidos. Los afilados cuernos del búfalo pueden llegar a medir un metro y pueden ser mortales para el león. Por si fuera poco, se protegen entre ellos. Los miembros más pequeños y débiles se quedan en medio de la manada y los machos forman un círculo protector alrededor de todo el perímetro.

Para lograr dar caza a sus presas el león necesita desarrollar una estrategia de equipo. Tienen unas elaboradas técnicas de caza. Una leona puede alcanzar a un búfalo pero no puede comérselo ella sola. Por otro lado una leona puede comerse fácilmente a una gacela, pero no puede darle alcance ella sola, no es tan rápida. Es una tarea complicada y por eso necesita ayuda, sin duda.

Si estas manada de leones van a compartir la comida, cada uno tendrá previamente que desempeñar bien su misión. Algunos leones son más rápidos y alcanzan con facilidad a su presa, otros tienen más fuerza y son mejores a la hora de agarrar el hocico del animal y derribarlo. Los leones van descubriendo para qué retos son más aptos.

La cacería comienza cuando dos leones atacan a la manada haciendo que se disperse. Después los dos arietes (las dos leonas más veloces de la manada) evalúan la situación, examinan la manada y eligen un objetivo. Buscan signos de debilidad y escogen a un ejemplar joven, al herido o al que se ha quedado descolgado. En cuestión de segundos seleccionan su objetivo: en este caso una hembra con un cuerno roto. Si éste animal ha estado en una pelea que le ha costado algo tan resistente como un cuerno, posiblemente tenga otras heridas que la estén debilitando.

La velocidad media de una leona es de 54 kilómetros por hora, pero los arietes que lanzan el ataque son las más rápidas y ágiles de la manada y alcanzan una velocidad de 60 kilómetros por hora. La leona inicia la carrera y se lanza encima de la presa. Para ello utiliza sus increíbles garras. Cada zarpa tiene cuatro afiladas garras delanteras y un espolón trasero. Además, cada una de ellas tiene su articulación independiente. Cuando la presa intenta deshacerse de la leona, ella va ajustando continuamente su agarre lo que no es tarea fácil. De manera asombrosa, esta leona soporta 3G de fuerza. Es como si estuviera intentando agarrarse a un cohete en el momento del despegue.

Enseguida llegan los refuerzos, dos leones más saltan sobre el lomo de la presa y utilizan su peso para intentar derribarla. Este búfalo de 770 kilos tiene ahora encima a tres leones que pesan juntos más de 400 kilos.

Una de las leonas le hinca sus potentes colmillos, mientras la otra tapa la boca y la nariz de la víctima con su propia boca. En 15 segundos la presa empieza a sentir la falta de oxígeno. Le entra el pánico y esto provoca un aumento del ritmo cardíaco y un movimiento más rápido del cuerpo. Lo que provoca a su vez que consuma más rápido el poco oxígeno que le queda. La víctima pierde el conocimiento, sus músculos se relajan y al final sucumbe.

Después de tanto trabajo la cazadora estrella no puede comer aún, no hasta que león dominante la dejé. Él se va a comer casi 20 kilos de carne antes de que las hembras pueden hincar el diente. El macho es el rey por así decirlo, el mandamás, el pez gordo.

Ha sido una caza muy buena. Los 450 kilos de carne le proporcionan a la manada un total de 700.000 calorías. Lo suficiente para mantenerlos durante una semana entera… y la manada come.

Las manadas de leones puedes tiener dos o tres machos. El macho alfa o dominante, y algún otro más viejo o sumiso. Pero esta manada en concretos solo tiene uno. Él protege la manada, engendra los cachorros, vigila el territorio y se asegura de que otros leones no lo invadan. No participa en las cacerías tanto como las leonas, sin embargo es el primero en comer. Es genial ser el rey de la selva, ¿verdad?

Pero sigamos imaginando. De repente, un rugido que se oye a lo lejos y esto significa problemas. El tipo de problema que podría cambiar esta manada para siempre. Un intruso se aproxima, pero no está interesado en robar el cuerpo del búfalo. Ha venido a desafiar al león dominante y apoderarse de la manada. Hace un par de años él también tuvo que desafiar a otro macho residente para quedarse con esta manada.

Como la mayor parte de los machos, primero le creció la melena y a los dos años alcanzó su madurez sexual. Fue entonces cuando le expulsaron de la manada donde había nacido. Esto tiene un propósito evolucionista, ya que al estar emparentado con todas las hembras del grupo, tiene que irse para poder aparearse. Pero era adolescente, no era aún lo suficientemente fuerte como para salir vencedor. Así que estuvo deambulando durante un año esperando el momento ideal para hacerse con una manada. Pero finalmente, hoy hace dos años que lo consiguió.

Ahora, al oír el rugido que se aproxima, sabe que las tornas han cambiado. Se puede oír el rugido de un león macho desde una distancia de 10 kilómetros. Pero hasta que no sabes qué están tan lejos, puedes pensar que están muy, muy cerca. El rugido de un león no solo se oye, sino que se siente. Comienza cuando los músculos entre sus costillas empujan el aire a 80 kilómetros por hora a través de sus enormes pliegues vocales, lo que provoca que vibren.

Pero lo que da la fuerza al rugido del león es la caja de resonancia, que va desde el paladar hasta la parte trasera de la garganta. El sonido resuena aquí y aumenta la velocidad y la intensidad. En esta caja de resonancia, el león puede manipular el sonido como si fuera un cantante de ópera cambiando de nota. El resultado es un rugido que alcanza los 115 decibelios. Es tan elevado como un concierto de rock.

Se oye de nuevo el mismo rugido, pero esta vez viene de mucho más cerca, es una serie de gruñidos entrecortados de los que se distinguen el principio y el final. lo que hace que sea más fácil localizar a león. El león intruso que quiere apoderarse de la manada ya ha llegado. Estamos ante un puro ejercicio de intimidación. En un principio, los dos leones no quieran luchar a muerte, ni tan siquiera herirse. Saben que si salen heridos pueden tener serios problemas después.

Tanto el macho alfa dominante residente como el aspirante tienen solo dos opciones: luchar o huir. Pero no va a ser nada fácil, de repente se da cuenta de que no solo tiene que enfrentarse a un león, sino a dos. La táctica de los dos invasores es que mientras uno de ellos ataca al macho líder, el otro amenaza y controla a la manada. Irremediablemente, la pelea por el poder del grupo comienza, y muy pronto hay un ganador.

En la lucha, el macho residente se ha herido la pezuña y acaba por tenderse boca arriba en señal de sumisión. El territorio y la manada ya no le pertenecen. El más dominante de los dos aspirantes se convierte en el nuevo líder. Y cuando asuma el poder la situación cambiará de manera brutal.

Lo primero que hace el nuevo macho alfa es matar a todos los cachorros. Algo realmente cruel, pero lo único que quiere es acabar con el reino del antiguo macho y empezar su propio reinado. Quiere tener sus propios cachorros y quiere asegurarse de que son sus genes los que pasan a la siguiente generación.

Si el nuevo líder está con la manada el tiempo suficiente para que sus cachorros alcancen la edad adulta, se mantendrá su línea genética. Aunque las hembras se resistan en un principio, acaban cediendo ya que el peso del macho, de 225 kilos, es un 30% superior al de cualquier hembra. Matar a los cachorros también tiene otro propósito, poner en celo a las hembras.

Los años de estabilidad en esta manada han acabado de la noche a la mañana. El nuevo macho las lleva a cazar una presa que supone un importante reto. Hoy no van a cazar un búfalo, van a por algo mucho más grande: van a cazar una jirafa.

Esta presa mide cinco metros y pesa 1.800 kilos y sus patas son más altas que todo el cuerpo de león. Su patada puede matar en un suspiro. Cuando se ha visto a una jirafa dar una patada lateral se ha oído el chasquido a más de 100 metros y puede romper la cabeza de un león sin problema alguno.

Si quieren abatir un animal tan grande, incluso los machos tienen que unirse a la cacería. No hay ninguna regla que diga que los machos no pueden cazar. Sí que lo hacen, de hecho se han visto atacando a jirafas. Obviamente, necesitas a muchos compañeros y todo el peso posible para lograr abatir a un animal así. Una jirafa no solo es grande y fuerte, también es rápida y ágil.

La manada de leones necesita una estrategia para conseguir su propósito: van a tener que poner una trampa. Tres de las leonas dirigen a la jirafa hacia un bosquecillo de acacias donde el resto de la manada espera. La jirafa está rodeada de árboles y los leones bloquean la única salida que hay. No tiene escapatoria, y la jirafa comienza a ponerse nerviosa.

Los leones simplemente esperan el momento perfecto para atacar. Incluso con una manada entera atacándola, esta jirafa no tiene ninguna intención de rendirse fácilmente. Tardan casi una hora en poder matarla.

Pero mientras la manada se dará un festín con la jirafa, a menos de dos kilómetros de allí, el macho destronado vaga por la sabana cada vez más hambriento. Tiene herida una pezuña y allá donde va, siempre hay ya otra manada en la zona.

Es muy habitual que haya tres o cuatro manadas instaladas en un radio de 15 a 30 km. La única oportunidad que tiene en este momento es intentar quedarse a cubierto, hacer el menor ruido posible y seguir huyendo hasta salir del territorio ocupado.

Solía ser sigiloso para acechar a una presa, pero ahora lo es para evitar ser atrapado por otro macho. Hace cuatro días ingirió casi 30.000 calorías, pero el león gasta más de 10.000 calorías diarias, ya le queda muy poca energía de reserva. De la noche a la mañana su vida ha cambiado por completo. Cada vez está más hambriento y no le queda más remedio que merodear como una hiena.

Mientras tanto, su antigua manada se toma su tiempo para devorar la jirafa que ha cazado, una excelente presa. El más de un millón de calorías de la carne de la jirafa les sustentarían durante al menos diez días si fueran capaces de comerse toda la jirafa de una vez.

Los leones se atiborran y comen una media de 18 kilos de carne. Luego caminan hasta el abrevadero más cercano para beber agua y acto seguido duermen durante 18 horas. Cuando se despiertan, las hienas y las aves carroñeras se han comido todo lo que quedaba de la jirafa y se han dado un banquete. La jirafa les podría haber durado una semana, sin embargo mañana tendrán que cazar de nuevo.

Los leones son excelentes cazadores nocturnos. Cuando el sol se pone, refresca en la sabana, y los leones salen de caza. No lo hacen por comodidad, sino por estrategia. De noche y a 100 metros de distancia, los humanos probablemente no seríamos capaces de ver si hay un animal, pero el león es capaz de ver hasta cómo el animal respira.

El búfalo tiene una visión nocturna muy limitada, por eso se mantiene especialmente alerta. Sin embargo, de vez en cuando, alguno de ellos se distancia de la manada. Cuando una nube oculta la luna y la visibilidad disminuye aún más, los leones, liderados por su ariete (el león más rápido del grupo) pasan a la acción.

La visión del león es prodigiosa. Su globo ocular, su pupila y el cristalino, son proporcionalmente más grandes que las de otros animales carnívoros. Además, pueden dilatar la pupila tres veces más que un humano. Pero la clave de su visión nocturna es una capa reflectante en el fondo del ojo que asegura que cada fotón de luz que haya llegue a las células de la retina.

Su visión es tan buena y tan efectiva que, en ausencia de luna y de estrellas, incluso sin nubes que reflejen la luz del cielo, el ojo del león es capaz de captar una imagen mejor que la de unas gafas de visión nocturna. Cuanta menos luz halla, mayor es su ventaja, y las posibilidades de éxito de los leones cazando por la noche son el doble que de día. Y si no hay luna, con menos luz, las opciones se cuadruplican. Con oscuridad total son mortales. Por tanto, si de noche un animal se confía y es atacado por los leones, no verá nada hasta que sea demasiado tarde.

Pero a 20 kilómetros de allí, en plena noche, el antiguo líder sigue enfrentándose a la dura realidad de vivir sin su manada. En la batalla que acabó perdiendo se hirió una zarpa y parece que no se está curando demasiado rápido. Hasta que no se cure no podrá cazar presas veloces. Lleva siete días sin comer, los músculos de su cuerpo están faltos de energía, lo que significa que se está debilitando. Afortunadamente sus ojos siguen siendo buenos, divisa algo en la distancia: a una hiena durmiendo. Su hambre se agudiza a medida que se va acercando hasta tenerla a tiro. Se lanza a por ella, y en un instante la captura.

La hiena es un animal desagradable de comer y solo la comería si no tuviera más remedio, pero esta comida le dará energía para una semana. Más las hienas tienen un sueño muy ligero, así que este león tendrán que avanzar siendo sigiloso. Un león puede caminar sin hacer ruido andando sobre sus dedos, ya que tienen unas almohadillas que ayudan a repartir el peso por toda la zarpa. De esta manera si pisa un obstáculo, las almohadillas acolchadas amortiguan el posible sonido. Lo que le permite acercarse sin despertar siquiera a los animales que tienen el sueño más ligero. Los 40 kilos de carne magra de la hiena que ha cazado le aportan unas 60.000 calorías. No es una comida muy sabrosa, pero esta noche dormirá con el estómago lleno.

Una semana más tarde y de vuelta en su antiguo territorio, las cosas han cambiado. Estamos en plena estación seca y los búfalos se han ido en busca de pastos más verde. Así que ahora por necesidad tienen que buscar presas menos sabrosas. Un antílope de 55 kilos podría ser una comida decente para la manada. Pero el antílope es un oponente formidable. Pero no importa lo difícil que este desafío pueda ser, los leones tienen que intentarlo. Porque si no cazan cuando tienen la oportunidad, los leones corren el riesgo de iniciar una trayectoria irreversible hacia la inanición y morir de hambre.

Empieza la cacería y el antílope acelera rápidamente y la primera leona no puede alcanzarlo. La segunda leona tampoco puede, pero justo en el momento en que parece que el antílope va a lograr escapar, la leona más veloz de la manada salta con asombrosa precisión al cuello del antílope. Podría parecer que ha sido un golpe de suerte, pero toda la cacería se ha planeada cuidadosamente. El objetivo de la primera leona no es cazar al antílope, sino dirigir su trayectoria. Luego, cuando la segunda leona ataca, es para dirigir al antílope hacia la tercera leona; que elige el momento perfecto para lanzar su ataque. Cada leona consigue comer una cantidad de carne igual a 4.200 calorías.

Pero esta caza le ha salido cara a unas de las leonas, a la más veloz de todas. Se ha herido gravemente una pata trasera. En la naturaleza algo insignificante como una herida externa puede ser peor de lo que parece. También tiene una herida interna. En cautividad, la esperanza de vida de un león es de 30 años. Pero en la naturaleza es tan solo de 15 años. Desgraciadamente, tres días más tarde, la leona muere por la infección de su herida. No hay tiempo para lamentaciones, la segunda leona más veloz ahora la reemplaza.

Pero el antiguo jefe de esta manada no tiene ningún apoyo y juega solo en un deporte de equipos. Solo se tiene a sí mismo. Puede sobrevivir unas semanas alimentándose de restos y comiendo cualquier cosa que encuentre. Hace dos semanas que el antiguo macho fue expulsado de la manada que había liderado durante dos años. Desde entonces las cosas han ido de mal en peor. En sus buenos tiempos las leonas le proporcionaban toda la comida que quería. Sin su ayuda y con un déficit de más de 50.000 calorías, ha perdido más de 6 kilos. Su cuerpo se consume poco a poco. Si lleva mucho tiempo sin comer, es posible que también le falte de hidratación, ya que los leones consiguen la mayor parte del agua de las presas que cazan. Por eso ahora está muy deshidratado y en un estado de suma debilidad.

Pero ha tenido suerte, la imagen de un búfalo moribundo junto a una charca representa otra oportunidad para sobrevivir. Es posiblemente su última oportunidad. Se trata de 550 kilos de carne, y sin otros depredadores a la vista, esta comida puede ser para él solo. Éste búfalo podría salvarle la vida, siempre y cuando sea capaz de matarlo. Es cuestión de vida o muerte.

Un león solo podría matar a ésta presa porque tiene unos de los dientes más impresionantes del reino animal. Entre sus dos colmillos de siete centímetros y medio de largo hay una distancia de 10 centímetros. La distancia exacta entre las vértebras del búfalo. Si encaja los colmillos exactamente entre los huesos de la columna perforaría su espina dorsal y lo paralizaría.

Pero el calor y la malnutrición han reducido la masa muscular de este león hambriento. Sus colmillos no llegan a la médula ni siquiera pueden traspasar la piel. Los colmillos de un león sano pueden interrumpir el flujo de oxígeno clavándolos en la tráquea con una increíble fuerza de 425 kilos. Una fuerza tres veces superior a la de un rottweiler adulto. Pero la fuerza de este viejo león ya no es lo que era. Todo esfuerzo por intentar asfixiar al búfalo es inútil. Al final el viejo león acaba por rendirse.

Y es aquí donde encontramos la delgada línea que diferencia la vida de la muerte. Si el león está por encima, el felino puede alimentarse y cazar. Pero si está por debajo de ella, ya sea por enfermedad, sed o hambre, el animal está demasiado débil. Si no puede cazar y comer… está perdido.

Las cosas solo van un poco mejor en su antigua manada. En la última semana solo han cazado 2 antílopes y una cría de ñu. Menos de un 20% de lo que necesitan para mantenerse. Para cazar a presas veloces hay que confiar en los miembros más rápidos de la manada: sus dos arietes. Sin embargo, la leona nueva que sustituyó a la leona muerta no tiene tanta destreza. Está dejando que la otra veterana de la manada haga todo el trabajo, y con solo un ariete en acción y la manada se resiente.

Cuando se topan con una manada de pequeñas y ágiles gacelas la leona novata se limita a mirar mientras que la más veterana ataca sin pensárselo dos veces. La joven gacela no es tan rápida como un adulto y tiene menos experiencia a la hora de huir de los depredadores. Por lo que pronto es cazada.

Pero la captura es pequeña. Después de que los dos machos de la manada se coman la mitad, solo queda un kilo de carne para cada leona. No solo tienen hambre, también están malnutridas. Si no conseguían pronto a una presa mayor… morirán. Y en cuanto una leona muere de inanición, no pasa mucho tiempo hasta que toda la manada muere.

Muchos de los animales grandes se han ido  en busca de pastos más frescos y en este grupo hay 12 adultos a los que alimentar. Esta manada no puede permitirse seguir cazando pequeñas piezas. Tienen que conseguir cualquier cosa que se ponga en su camino sin importar lo peligroso que sea. Una cebra de 320 kilos, es 15 veces mayor que la última caza conseguida con éxito. Una cebra les daría de comer a todos los leones y se alimentarían bien.

Sin embargo, las cebras son peligrosas porque tienen mucha fuerza y cualquier error que cometan las leonas, le saldría muy caro. La cebra tiene patas muy potentes, y una patada mortal si alcanza a un león, puede matarlo en cuestión de segundos. Cada vez que persiguen a una cebra ponen su vida en peligro, en serio peligro. No es necesario que cause una herida mortal, basta con una magulladura, una pata rota o un golpe en la mandíbula y en 24 horas serán pasto de las hienas.

Además, es posible que una cebra fuerte deje atrás a un león, ya que alcanza una velocidad de 65 kilómetros por hora. Los únicos leones de esta manada que pueden darle alcance son los veloces delanteros. Esperan hasta que otra de las leonas disperse a la manada de cebras. Luego es la leona más veterana la que inicia la persecución, pero la leona novata se limita a mirar y se queda rezagada.

Pero, ¿por qué no ha salido bien este ataque? Resulta que uno de los principales problemas para cazar a una cebra es verla. Los leones no ven los colores. Tienen problemas para distinguir las rayas verticales monocromáticas de las cebras y la hierba alta de la sabana. Esto ha sido suficiente para despistar al león de su objetivo. Si no consigue dar un salto preciso sobre el lomo de la cebra no hay posibilidad de abatirla. Esto supone un desastre para la manada. Si su leona más veloz no puede atrapar una cebra, no es muy probable que la leona novata pueda.

La manada se marcha, pero la leona novata se queda donde está. Ha aprendido del error cometido por la otra leona y se coloca donde no hay hierba tan alta entre la cebra y ella… y entonces ataca. Si quiere abatir a esta cebra tendrá que realizar un salto y un aterrizaje perfectos.

Una leona es capaz de dar un salto de 10 metros, pero para conseguirlo todas las partes de su cuerpo tienen que posicionar en perfecta armonía. Primero tiene que alcanzar el punto máximo de velocidad. Necesita mucha tracción de sus zarpas traseras que al apoyar la impulsan a 17 metros por segundo. Sus patas delanteras y traseras tienen que extenderse al unísono, provocando que la columna funcione como un resorte. Esta combinación le proporciona el aerodinamismo necesario para despegar.

Salta y se agarra a la presa, y no la suelta hasta que la tiene en el suelo. Cada garra se ajusta de manera independiente a los movimientos defensivos de las cebras. Al final rodea el cuello de la cebra con su mandíbula, apretando con una fuerza de 425 kilos y cortando el flujo de oxígeno.

Después de que haya sometido a su presa, los dos machos de la manada acuden a comer. Más tarde todos los demás consiguen su parte. A la leona novata le ha costado una semana asumir el papel de atacante. Pero a la hora de la verdad, ha salvado a la manada. Todos se atiborran con la cebra de 320 kilos hasta que apenas pueden moverse.

Su antiguo líder tampoco puede moverse, pero por diferente razón. Lleva tres semanas sin comer y ha perdido más de 27 kilos. Está deshidratado y lleno de heridas que son pasto de los insectos, su única compañía. Es un triste y cruel final para el rey de la selva exiliado. Pero es la misma suerte que corrió el león a quien él destronó, y es también el mismo destino que le espera al macho que lo expulsó a él.

Pasados unos meses, nacen los cachorros del nuevo macho dominante. Algún día, si tienen suerte, crecerán hasta liderar su propia manada. Y después, los machos más jóvenes intentarán arrebatársela. Así es la vida en la sabana y así es cómo cazan los leones a sus presas. Una historia que lleva repitiéndose durante millones de años.

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